Xi Jinping y Vladimir Putin, amos de China y todas las Rusias, reunidos en Moscú avanzaron sobre Venezuela.

En la línea inaugurada por el Papa Francisco y seguida por José Luis Rodríguez Zapatero, con el apoyo de los gobiernos bolivarianos de Evo Morales y Daniel Ortega y el gobierno de izquierda de Uruguay de Tabaré Vázquez y José Pepe Mujica y con el equilibro del mejicano López Obrador y la pusilanimidad de una resquebrajada Unión Europea, ambos presidentes de tierras tan lejanas bregaron por una salida “pacífica” a la crisis venezolana a través de “un diálogo político inclusivo”.

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Tanto Putin como XI, como es sabido, son expertos en cuestiones de diálogo, única vía que utilizan para el manejo de sus vastos territorios y en las relaciones con sus vecinos y con sus respectivos pueblos. Nadie más autorizado que ellos. Continuamente dan muestras de lo que entienden por diálogo y que tipo de diálogo practican con cientos de millones de rusos y miles de millones de chinos.

También se opusieron a “una intervención militar en Venezuela”. Quién con más autoridad y mejores antecedentes en ese aspecto que esos señores. Es tan cómodo ser vecinos de Rusia o de China.

Uno se explica lo del Papa, es parte de su visión kirchnerista, progresista y de izquierda, con que inicio su gestión y con la que viene haciendo agua desde hace rato, o los “encargues” que otros cumples y hasta las “afinidades ideológicas”, amén de compromisos de varios tipos, de los gobiernos “amigos”, pero los afanes del ruso y el chino requieren mirar el tema con cierto detenimiento.

Dejemos de lado el reconocido ánimo de molestarse continuamente que tienen estadounidenses, rusos y chinos. Y más con Trump y el “petizo” Putin.

Es un hecho que China y Rusia han metido mucho dinero en Venezuela y que la inversión en Maduro puede salirles muy onerosa. Es entendible, entonces, que traten de cuidar sus intereses. Esto pese a que se sostiene y con fundamento, que se han asegurado la mayor cantidad de oro como garantía. Pobre Venezuela. Pobres venezolanos, lo que les ha costado y les está costando el Socialismo del Siglo XXI.

Cabe que en alguna medida los renombrados presidentes más que seguir a Maduro hayan sido embarcados y embaucados por el régimen castrista, cuyos estertores se oyen como cantos de sirena, pero que nunca pasan de ello. Por ahora Cuba es la que maneja el petróleo venezolano, su oficiales al ejército de Venezuela y sus consejeros son los que ocupan los mejores sillones en Miraflores.

Y el régimen dictatorial cubano, también como es sabido desde sus principios, desde Fidel, no tiene ningún problema en venderse al mejor postor, aunque esté en la otra punta del mundo. Es lo que requiere para mal alimentar a los cubanos y sobre alimentar hasta el empalago la soberbia y arrogancia de sus líderes (y pagarle algo a unos cuantos testaferros que siguen pululando). No les importa si Latinoamérica se transforma en un nuevo Medio Oriente, con todos sus adictivos. A Cuba le quedan pocas alternativas y las dictaduras de Ortega y Maduro están muy comprometidas. Muy especialmente la suerte de sus mandamases que deberán dar cuenta por lo menos, y sin contar con las violaciones a los derechos humanos, de sus manejos corruptos. Han robado mucho y deberán devolverlo y seguramente ir presos, aunque esto no es tan seguro, sino véase el caso de Cristina Kirchner, con una decena de causas judiciales y ahí está libre y candidata a la vicepresidencia.

Ante un horizonte tan definido la pregunta que surge es qué piensan los gobiernos democráticos de Latinoamérica, si tienen conciencia hasta adonde puede llegar todo esto y cuál es su responsabilidad.

Las crisis la sufren y padecen los venezolanos, pero hoy ha traspasado las fronteras junto con más de tres millones que han tenido que huir de Venezuela, y se ha transformado en una crisis latinoamericana. Les toca a todos y puede ser peor.

¿Van a seguir por los caminos que marcaron el Papa y personajes y gobiernos comprometidos y por los que ahora recomiendan desde Moscú esos dos buenos amigos?

Se escuchan estertores, pero no está fácil precisar desde donde vienen esos ruidos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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