La entrada de otros dos candidatos de última hora a la carrera presidencial demócrata ha expuesto la debilidad del partido, de cara al desafío que representa el actual presidente republicano Donald Trump.

En otras palabras, parece que no hay una superestrella política que pudiera conquistar la Casa Blanca.

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El multimillonario Michael Bloomberg, tres veces alcalde de Nueva York, fue el primero en anunciar que estaba considerando unirse como candidato. También Deval Patrick, exgobernador de Massachusetts, declaró que planeaba entrar en la campaña.

La llegada de estas dos nuevas figuras, que pelearían los votos, no sólo ha complicado la campaña demócrata, sino que también ha demostrado que no hay confianza plena de que los actuales candidatos sean capaces de derrotar a Trump.

La posible participación de Bloomberg, empresario y político, cuyo patrimonio se estima en los 58.000 millones de dólares, situándolo como la novena persona más rica en Estados Unidos y la decimocuarta en el mundo, ha provocado reacciones negativas tanto de compañeros como en las encuestas que indican que no tendría ninguna posibilidad de superar a los delanteros de la campaña: Joe Biden, Bernie Sanders, Elizabeth Warren o Pete Buttigieg.

Patrick, por su parte, un abogado graduado en Harvard, defensor de los derechos civiles y empresario, que se desempeñó como gobernador de Massachusetts, de 2007 a 2015, sucediendo a Mitt Romney, tiene buenas credenciales para unirse a la carrera luego de dejar claro que su campaña será de corte moderado.

Tal vez una crítica velada a los programas socialistas que ofrecen Sanders y Warren y que preocupan a muchos demócratas por considerar que el partido se está moviendo demasiado hacia la izquierda.

Y aunque todavía hay tiempo para que los candidatos demócratas se ubiquen en el espacio político de las preferencias generales, la entrada tardía de dos candidatos adicionales no ha sido bien recibida por aquellos que han estado haciendo campaña durante varios meses porque distrae a los votantes con tantas opciones.

Además, hay otro ingrediente político. La ex-secretaria de Estado, exsenadora y exprimera dama Hillary Clinton, quien fue derrotada por Trump en las elecciones presidenciales de 2016, no ha descartado totalmente su propia entrada en la competencia demócrata, luego de unas declaraciones que tomaron a todos por sorpresa.

Durante su reciente visita a Londres, para promocionar su última publicación, en colaboración con su hija Chelsea, El libro de las mujeres valientes, o The Book of Gutsy Women, por su título en inglés, Clinton reveló que estaba bajo una enorme presión para presentar su nombre como candidata.

Clinton, quien ganó el voto popular, pero perdió las elecciones bajo el sistema de votación de los colegios electorales en 2016, dejó en el aire la sensación de que podría verse tentada a probar suerte nuevamente.

La amarga batalla entre Trump y Clinton incrementó la división en el país.

Clinton estaba convencida de ganar, pero su campaña finalmente fracasó, entre otras cosas, porque fue constantemente socavada por los partidarios republicanos que atacaron su historial como secretaria de Estado en el manejo de información sensible.

Su derrota ante Trump fue un golpe devastador para el partido demócrata.

La decisión de Clinton de unirse a la carrera podría debilitar aún más las esperanzas del partido de ganarle a Trump y no es claro que cuente con la preferencia partidista por encima de Biden, Warren, Sanders o Buttigieg.

Por supuesto, esto sería una buena noticia para Trump que espera ser reelegido para un segundo mandato, a pesar de la actual investigación de juicio político que enfrenta.

El periódico The New York Times publicó recientemente una encuesta en la que sitúa a Biden con un 25%, a Elizabeth Warren con un 19% y Bernie Sanders en un tercer lugar con un 17%.

Asimismo, aparece Pete Buttigieg en un distante cuarto lugar con un 8%, pero la diferencia es menor cuando se trata del tema de las contribuciones financieras, pues Sanders pasa al primer lugar con 61.5 millones, Butigieg al segundo con 51,5 millones, Warren con 49,8 millones y Biden en último lugar con 37,6 millones de dólares.

¿Podrá el dinero ayudar a definir la promesa electoral y el carisma político para decidir la campaña demócrata?

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