Desde 1982, los precios al consumidor por concepto de productos y servicios no registraban una tasa anual del 7 %.

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La suma del COVID-19, más los problemas en la cadena de suministros, la consiguiente escasez de bienes y servicios y la alta demanda por parte de los consumidores, han creado las condiciones “perfectas” para que Estados Unidos haya cerrado 2021 con una inflación del 7%, la más alta en casi 40 años.

La Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU informó en su reporte anual que el Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) alcanzó ese porcentaje en los últimos 12 meses, indicando que el alza en los índices referentes a viviendas y autos y camiones usados fueron los máximos responsables del aumento.

Los datos de miedo

En su resumen sobre el nivel actual de la inflación, la entidad detalló cuánto subieron en el último año los índices de precios al consumidor relativos a los siguientes bienes y servicios: la gasolina (49,6%), los automóviles y camiones usados (37,3%), la energía (29,3 %) y el gas (24,1%).

También especificó cuánto subieron los índices de los autos nuevos (11,8%), la comida fuera del hogar (6,5%), los alimentos en general (6,3%), la ropa (5,8%), los servicios de transporte (4,2%), las viviendas (4,1%) y la atención médica (2,5%).

De acuerdo con 'The Wall Street Journal', "la última vez que los precios al consumidor registraron un aumento anual de este tipo fue en junio de 1982, pero [en aquella ocasión], las circunstancias eran muy diferentes a las de ahora".

O sea, en aquel entonces, a diferencia de hoy "la inflación estaba cayendo tras alcanzar un 14,8% en 1980, cuando Jimmy Carter aún era Presidente y la revolución iraní había hecho subir los precios del petróleo".

Volviendo al resumen de datos, cabe mencionar también el aumento del índice de precios subyacentes (que excluye las categorías de alimentos y energía) en un 5,5% si se lo compara con igual período del año anterior. Según la citada fuente, "ese fue un aumento mayor al del 4,9% registrado en noviembre y la tasa más alta desde 1991".

El riesgo de empeorar

Innegablemente, la pandemia de coronavirus ha sido el talón de Aquiles de nuestra economía, pues ha ocasionado un desastroso efecto dominó. En estos dos años que llevamos bajo sus efectos, hemos visto de todo y nos hemos tenido que ajustar a las condiciones de la llamada "nueva normalidad".

Empezamos con cierres temporales y pérdidas totales de negocios; seguimos con retrasos en la cadena de suministros, causantes, a su vez, del desabastecimiento de infinidad de productos porque o no llegaban a sus destinos, o se tardaba su almacenaje y traslado debido a la falta de empleados, ocasionada también por la pandemia.

Al vaciarse los anaqueles, creció la demanda del consumidor por los bienes vinculados con el atraso en el flujo de productos, sobre todo, en momentos en que la gente recibía algún tipo de estímulo financiero por parte de los paquetes de alivio económico aprobados por el COVID-19.

Tal como reportó 'The Wall Street Journal', "la inflación de EEUU alcanzó su ritmo más rápido en casi cuatro décadas el año pasado, ya que los desequilibrios de la oferta y la demanda relacionados con la pandemia, junto con el estímulo destinado a apuntalar la economía, hicieron subir los precios".

En fecha más reciente —tras aumentos salariales en varios sectores para atraer mano de obra— también se creó una situación favorable al alza de la inflación, porque sueldos más altos equivalen a más demanda por parte del consumidor, así como a un mayor costo para los pequeños negocios que tuvieron que subir los gastos de nómina.

Un informe de la Federación Nacional de Empresas Independientes, citado por el propio diario, adelantó que alrededor del 49% de las pequeñas empresas estadounidenses planean subir los precios en los próximos tres meses, lo que significa que la presente situación está bajo riesgo de empeorar.

Si a esto se añade el costo de medidas demócratas, como el regreso de EEUU al Acuerdo de París y la cancelación del oleoducto Keystone XL, dense por sentado desde ya la reducción del ingreso per cápita —de unos 20.000 dólares en una familia de cuatro miembros, por ejemplo— más la pérdida de 2,5 billones de dólares en el Producto Interno Bruto.

El impacto de ómicron

Al actual panorama inflacionario, hay que añadir el impacto que ya va ocasionando ómicron. Según expertos en la materia, las estadísticas de cierre del 2021 ya dejan entrever los efectos iniciales de esta nueva cepa del COVID-19.

Un informe de "El País" sobre este tema señala que los sectores del turismo y la gastronomía ya registran pérdidas vinculadas con la disminución del consumo por culpa de esta nueva variante del coronavirus.

Según este diario, "restaurantes cerrados por contagio del personal, funciones de teatro y citas deportivas suspendidas, y miles de vuelos domésticos e internacionales cancelados, son las señales más evidentes del impacto de ómicron en Estados Unidos, donde ya es responsable de tres cuartas partes de los contagios».

La propia fuente indica que "la nueva oleada está modificando el comportamiento de los consumidores estadounidenses, marcado por una retracción del gasto con tarjetas de crédito desde el 8 de diciembre, y la disminución de un 10% de las reservas en bares y restaurantes".

El desafío para la nación

Para el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, la actual inflación constituye una "grave amenaza" para la recuperación económica total, de ahí que el Banco Central se esté preparando para subir las tasas de interés, toda vez que la economía -según él- ya no necesita más ayuda de emergencia.

En otro artículo de "The Wall Street Journal", que se hizo eco de sus declaraciones, trascendió que Powell dijo sentirse optimista acerca de los cuellos de botella en la cadena de suministros dado que estos podrían recibir un alivio en este año. Sin embargo, adelantó, "si tenemos que subir más las tasas de interés, lo haremos".

De lo que dijo el ejecutivo se desprende que el Banco Central podría comenzar a subirlas, así como a reducir su cartera de bonos y otros activos cifrados en 8,8 billones de dólares en este mismo año. "Realmente, indicó, ya es hora de que comencemos a alejarnos de esos entornos pandémicos de emergencia".

Para la directora y economista de Wells Fargo, Sarah House aún pueden esperarse sorpresas inflacionarias. Es decir, "si bien es probable que la inflación alcance su punto máximo en los próximos meses, el ritmo general seguirá siendo un desafío para los consumidores, las empresas y los políticos".

Otra experta en la materia, la economista de KPMG, Constance Hunter, espera que la creciente demanda de bienes se revierta a mitad de este año. En su opinión, "volveremos a una apariencia de normalidad a medida que las personas agoten sus ahorros y, con suerte, a medida que superemos a ómicron".

El dolor en el bolsillo

De acuerdo con una encuesta realizada por The Associated Press-NORC Center for the Public Affairs Research, dada a conocer por AP News, los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la pandemia misma.

Mientras el 68% pone a la economía en primer lugar, solo el 37% considera al COVID-19 como un asunto prioritario para la presente Administración. El drástico cambio de parecer se sustenta en el hecho de que el año pasado, en igual fecha, un 53% de los norteamericanos le dio más énfasis a la pandemia.

Viendo el fenómeno desde el prisma político, y para cerrar, valga añadir que mientras la mayoría de los demócratas consideran buena a la economía actual — ¡de qué otro modo iba a ser si no! — solo uno de cada 10 republicanos la califican como tal.

Visto lo visto, que la bancada azul se prepare desde ya para las próximas elecciones legislativas de noviembre venidero, porque lidiar con una inflación tan alta y el subsecuente dolor en el bolsillo, bien podría representar todo un revés.

rafael@rafaelmarrero.com

Sobre el Dr. Rafael Marrero

Multipremiado economista y comentarista de noticias. Graduado de las universidades de Stanford y Cornell, es un reconocido experto en EE.UU. en contratación federal, emprendimiento para pequeñas y medianas empresas y gestión de proyectos. Autor del bestseller de Amazon La salsa secreta del Tío Sam.

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