"Señor Maduro, yo sí lo quiero fuera de Miraflores ya, pero lo quiero vivo para que enfrente la justicia que le ha sido negada a los venezolanos". De esta manera respondió María Corina Machado a las implicaciones de magnicidio en el que pretende involucrarla el régimen. La frontal respuesta de la dirigente política suscitó una serie de opiniones sobre su persona, provenientes en su mayoría de sectores de oposición.

Algunos expresaron que María Corina es educada, culta, inteligente y de buena cuna, mientras otros destacaron su valentía y verticalidad, recordando el episodio cuando desde la Asamblea Nacional le expresara a Chávez “expropiar es robar”. Sin embargo, estos y otros comentarios no abordan –en mi opinión– lo que de ella me parece fundamental: su planteamiento político y arrojo personal.

Lo primero que destaco es que no tiene complejos al confesar abiertamente no ser socialista y como ella no es de izquierda, deciden enmarcarla dentro de la derecha.

Me llama la atención que los más entusiastas en calificarla así son precisamente quienes viven en el imperio, el país de derechas por excelencia.

Sostiene ella reiteradamente su creencia en una sociedad en la que los mecanismos del mercado generen competencia y ofertas diversas, donde haya incentivos que promuevan el trabajo y el talento. Muchos compartimos ese pensamiento ya que nada dignifica más al ser humano que el trabajo honesto.

Segundo: María Corina se identifica genuinamente con el sufrimiento del pueblo venezolano y por eso promueve un cambio inmediato de sistema. Sabe que la crisis humanitaria se profundiza cada segundo en Venezuela, que el tiempo aquí se cuenta por perdidas humanas, por ello no se debe esperar más para propiciar la transición necesaria para frenar el exterminio.

Tercero: constantemente reitera y sostiene que no hay ni habrá una salida electoral mientras Maduro siga en el poder, ya que su objetivo no es ni la prosperidad ni el desarrollo de Venezuela y su gente, sino su pauperización y destrucción.

Cuarto: María Corina no tiene complejos en solicitar la participación de las Fuerzas Armadas Institucionales en la solución de la crisis. Es más, les exige públicamente restituir el orden constitucional, la justicia y la soberanía que juraron defender.

Quinto: nunca ha estado María Corina de acuerdo en negociar con el régimen ni en participar en mesas de diálogo; mecanismos que solo han servido para que Maduro y su régimen ganen tiempo.

Sexto: esta “Dama de Acero”, como comienzan a llamarla, plantea que a lo que nos estamos enfrentando no es a una dictadura como las del pasado, sino a una organización criminal diseñada desde Cuba, vinculada al narcotráfico y al terrorismo islámico, que se ha apoderado del Estado venezolano.

Ahora bien, algunos han pretendido despachar con simpleza y superficialidad sus declaraciones. ¿Por qué la dirigencia partidista que tanto habla y proclama unidad poco o nada ha dicho respecto a las acusaciones del régimen contra María Corina? Sólo alcanzo una respuesta, el status-quo en el que participan sectores de lado y lado definitivamente no la quieren, porque ella es el anti status-quo.

Que el régimen no la tolere es comprensible ya que se les ha enfrentado durante 20 años sin doblarse. Pero ¿quiénes de la oposición no la quieren?

1. Aquellos que tienen una pugna de poder directa con ella. 2. Los que quieren que el chavismo se vaya si y solo si, se quedan ellos con el poder… De no ser así, mejor sigan las cosas como están, eso incluye a legendarios profesionales de la política que han puesto todo el empeño en apoyar candidaturas que no cuajan. Esos que prefieren encuadrar a María Corina como de derecha y fueron quienes entusiastamente aplaudieron “el mejor refinanciamiento del mundo” en tiempos de Lusinchi y el programa macroeconómico del Fondo Monetario Internacional, sin chistar. 3. Los que se dicen opositores pero representan los intereses pecuniarios de bolichicos, boliburgueses, enchufados, operadores y figuras principales del régimen. 4. Otros que no la quieren son dueños de medios de comunicación, quienes han invertido en una oposición manejable, por tanto diferente a la que ella representa. 5. Los que tienen una competencia física y de apariencia lo cual rebaja la contienda a un problema de egos. Finalmente, hay un eje transversal en todos esos sectores, los machistas a ultranza que no soportan la prevalencia de una mujer en esta área ni en estas circunstancias.

Hoy como nunca se hace necesario algo que le leí a Gustavo Tarre Briceño: "Reivindicó una política sería y recta. Que la palabra vuelva a cobrar fuerza; que el engaño y la simulación queden desterrados, que actuemos en base a convicciones sin importar lo que digan las encuestas... Creo firmemente que la política sometida a la ética no está divorciada de los buenos resultados. Antes por el contrario, el decir la verdad, el no transigir cuando están en juego los principios, puede tener costos importantes en el corto plazo, pero a la larga habrá siempre recompensa".

@NituPerez / pereznitu@gmail.com

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