El día domingo la población venezolana mantenía expectativas dado que Nicolás Maduro anunciaría medidas económicas a favor de la población.

Tales anuncios siempre generan alguna esperanza en los sectores más humildes que son quienes más padecen los estragos de las políticas de controles llevadas por el gobierno socialista durante tantos años.

Esta vez como siempre, no hubo ningún anuncio novedoso que apuntara a realizar un cambio en las verdaderas causas de la quiebra económica del país.

Desde el llamado “Cuartel de la Montaña”, símbolo de la revolución en donde guardan los restos del “comandante eterno” Maduro, rodeado de sus ministros y allegados, intentaba mostrar seguridad y ánimo a la audiencia de su programa semanal “Los domingos con Maduro”.

Dejando de lado el hecho de que el 90% de las empresas en manos del Estado producen a 50% de su capacidad instalada y se les debe inyectar recursos permanentemente para operar, Maduro una vez más volvió a ofrecer la única fórmula que suele acudir su gobierno para contener la inflación que es el control de precios.

Así pues como quien hace un anuncio trascendental dijo: “Vamos a peinar toda la geografía comercial del país” sentenciando a la vez: “Pónganle los ganchos a todo el que haya que ponerle los ganchos, llámese como se llame”. Como se dice en Venezuela, son solo mensajes altisonantes para la galería. Desde luego el señor Maduro sabe que la mayoría de las empresas importadoras de alimentos, de tecnología, y de productos metalmecánicos, están en manos de militares y allegados, cuyos productos importados registran sobreprecios por varios millones de dólares.

Pero el anuncio sí tiene dolientes. Desde el lunes serán expuestos a las extorsión de funcionarios y milicias al menos 11 mil comercios grandes y pequeños que serán visitados por una legión de inspectores que artificialmente intentarán controlar la inflación. De ellos una gran cantidad ingresarán a la lista de comercios cerrados por la mano del gobierno.

Venezuela en los últimos 36 meses ha tenido que cancelar 73.359 millones de dólares en deuda y ha refinanciado sus compromisos con Rusia y China a quienes, además de ofrecerles negocios petroleros y otras áreas de la minería muy favorables para sus empresas, deberán cancelarle en los siguientes años la misma deuda multiplicada varias veces.

Tampoco explicó Maduro cómo un país que recibió tantas divisas durante diez años de bonanza petrolera tiene una deuda externa que pasa de 140 mil millones de dólares a la que habría que sumarle los compromisos bilaterales y la deuda interna.

Según dijo Maduro, desde el lunes 13 comenzarían las reuniones con los tenedores de bonos que en su mayoría son empresas asentadas Estados Unidos. Según sus palabras para “negociar” o reestructurar la deuda”. Pero en cualquiera de las dos situaciones no dijo, ni explicó con cuáles políticas internas va a responder

su gobierno para poder recuperar su economía y con ello poder asegurar los nuevos pagos.

Mientras Maduro ocultaba esa realidad, funcionarios de su gobierno develaban un busto de Vladimir Lenin en el Centro de Caracas, quizás los únicos en el planeta que conmemoraban los 100 años de la revolución bolchevique y reivindicaban el comunismo en Venezuela, lo que sugiere la peor respuesta a los acreedores que aspiran a recuperar las inversiones que hicieron al comprar los “Bonos soberanos” de la República Bolivariana” y a los venezolanos que aspiran a un cambio económico que los saque de la pobreza.

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