Uno de los problemas más álgidos que tienen los residentes de Kendall y otras zonas urbanizadas del oeste de Miami-Dade es el caos vehicular, que a pesar de los muchos proyectos y estudios millonarios sigue siendo un tema de difícil solución y, nadie duda en afirmarlo, el gran dolor de cabeza para nuestros oficiales electos.

Uno de los tantos estudios, que realizó la Florida Internacional University (FIU), deja en claro lo que todos los días deben padecer millares de conductores que se dirigen a sus puestos de trabajo en lugares como Doral o el downtown, y es que para alcanzar la autopista Turnpike, utilizando la calle 88, por ejemplo, el tiempo de desplazamiento puede ser de hasta 45 minutos en las llamadas horas pico.

De tal suerte, las propuestas para aliviar el tráfico automotor en esta amplia área del condado han sido diversas. Incluso algunos han planteado iniciativas como crear una línea de tren entre el este y el oeste de Miami-Dade, que corra en paralelo por la calle 8 y, aunque parezca inverosímil, otros han tratado de convencer al gran público sobre la necesidad de usar bicicletas para disminuir el uso del automóvil.

Una de las ideas más recientes consiste en extender 14 millas el trazado de la autopista 836, llevándola hasta Kendall. La propuesta ha generado oposición entre ambientalistas, que advierten un eventual deterioro del ecosistema en los Everglades, mientras que algunos activistas comunitarios consideran que el proyecto traería de la mano “mover” la línea del límite urbano en el futuro.

Esta iniciativa cuenta con el respaldo abierto del alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, quien le dijo a nuestro diario que la obra no tendría ningún impacto sobre los Everglades, porque sería una vía elevada en las partes necesarias, y anunció la compra de 1.000 acres para crear una zona de reserva en la que, según asegura, no se podrá construir ningún proyecto urbanístico.

Si bien la posición de los detractores de la propuesta encierra un temor razonable, el deseo de encontrarle una panacea al problema vehicular en Kendall y sus alrededores debe convertirse en una invitación a explorar las posibles bondades de un plan que, en vez de crear controversia, podría unir voces y anhelos individuales en procura del bien común.

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