sábado 7  de  marzo 2026
OPINIÓN

La falacia del "combatiente extranjero": ciudadanía, lealtad y derecho

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

En el ecosistema de la guerra de información contemporánea, uno de los temas recurrentes y efectivos es la equiparación semántica entre el ciudadano con doble nacionalidad y el mercenario o combatiente irregular. Esta narrativa, diseñada para erosionar la legitimidad de las fuerzas armadas estatales, se apoya en la premisa jurídica falsa que la posesión de un segundo pasaporte occidental invalida el deber cívico y legal de un individuo hacia su otro Estado de origen.

El espejismo de la "legión extranjera"

El argumento central de quienes buscan criminalizar la participación de ciudadanos binacionales en ejércitos regulares, como es el caso de las Fuerzas de Defensa de Israel, radica en presentarlos como "voluntarios ideológicos" o "aventureros". Sin embargo, esta interpretación ignora la naturaleza misma de la soberanía estatal. Un ciudadano con doble nacionalidad no es un invitado en su país, sino un integrante de pleno derecho con obligaciones legales idénticas a las de un ciudadano con pasaporte único.

Cuando un Estado con servicio militar obligatorio o un sistema de reservas moviliza a su población, el ciudadano con doble nacionalidad no está cometiendo una infracción de "enlistamiento extranjero" según las leyes de la mayoría de las democracias liberales. Al contrario, cumple con una carga pública derivada de su estatus legal. Encuadrar esto bajo leyes contra el mercenarismo es una maniobra de lawfare o guerra jurídica que busca subvertir el derecho internacional humanitario para fines de propaganda.

La asimetría comparativa: ISIS vs. ejércitos estatales

Una de las falacias más insidiosas en este debate es la comparación entre quienes se unen a grupos terroristas o actores no estatales como el Estado Islámico, y quienes sirven en ejércitos nacionales reconocidos por la ONU. Jurídicamente, la diferencia es absoluta ya que los primeros se integran en organizaciones cuya existencia misma es un crimen internacional; los segundos sirven a instituciones estatales operando bajo marcos de responsabilidad soberana.

El intento de forzar a los gobiernos occidentales a procesar a sus ciudadanos por servir en ejércitos aliados es una táctica de presión interna, para forzar una fractura social donde la identidad nacional se vuelve sospechosa. Al transformar el pasaporte en una prueba de cargo, se pretende que países como Estados Unidos, Francia o el Reino Unido actúen como policías de las decisiones soberanas de otros Estados, una extralimitación que carece de sustento en la jurisprudencia internacional actual.

El impacto en la diáspora y la exportación del conflicto

Más allá de lo legal, esta narrativa tiene el objetivo geopolítico de la deslegitimación de la diáspora. Al señalar a miles de personas basándose únicamente en su origen y su servicio, se busca que la opinión pública perciba a comunidades enteras como "quintas columnas" o cómplices de crímenes de guerra por asociación. Esta colectivización de la culpa es una herramienta poderosa para forzar cambios en la política exterior a través del estigma social y el miedo al escrutinio judicial.

Además, el enfoque en el número de "pasaportes extranjeros" en un conflicto oculta deliberadamente la realidad operativa. Se presenta la cifra total de binacionales como si cada uno de ellos fuera un fusilero en primera línea, omitiendo que la inmensa mayoría de las funciones militares modernas son logísticas, administrativas o médicas, realizadas a menudo lejos del frente.

La soberanía bajo ataque

El debate sobre la doble nacionalidad en combate no es una búsqueda de justicia, sino una herramienta de deslegitimación estatal. Mientras se ignore la distinción legal entre la obligación ciudadana y el mercenarismo, se alimentará una narrativa que castiga la identidad múltiple y utiliza el derecho como un arma arrojadiza. La soberanía de un Estado para movilizar a sus ciudadanos, independientemente de cuántos pasaportes posean, es un pilar del orden internacional que el periodismo militante y el activismo judicial intentan derribar mediante la distorsión semántica.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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