El temor de perder un hijo debe ser peor que el miedo a morir. A eso ha llegado la dictadura. No le basta doblegar al ciudadano, pisotearlo, humillarlo, maltratarlo, amenazarlo, perseguirlo... La maldad elaborada mantiene la punta del puñal en el corazón de niños frente a sus padres.

Estamos presenciando una tortura masiva, un infanticidio continuo con alevosía. Porque además el régimen se mantiene en la espera de que las criaturas fallezcan para atribuir la culpa de su crimen a las sanciones de Estados Unidos.

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En nueve días habían muerto seis niños en el hospital JM de los Ríos. El registro de las horas se ha convertido en sentencia por lo que es muy probable que esta estadística haya aumentado cuando usted esté leyendo este texto. Pero Maduro y su banda tienen otras prioridades.

Apenas habían transcurrido 12 horas de la muerte de Robert Redondo de 7 años en el hospital JM de los Ríos en la espera del trasplante de médula ósea, cuando Maduro en cadena nacional anunció la aprobación de 56.8 millones de euros para la compra de uniformes y ametralladoras. Poco antes también, Jorge Arreaza había atribuido al “bloque criminal de Estados Unidos” la responsabilidad en el impedimento de transferir fondos a las instituciones italianas a través de Pdvsa.

No exagero al decir que Arreaza parecía sentir placer de encontrar un hecho manipulable para engañar a los venezolanos y vengar el castigo de sanciones que limitan la utilización de las cuentas millonarias de los usurpadores.

Maduro, no conforme con impedir salvar vidas inocentes con el desvío de los recursos, informó en detalle que esas subametralladoras que tanta ilusión le hace comprar deberán ser destinadas a las manos de la milicia en los barrios, en la calle “para seguir avanzando en nuestra dirección”.

Sin dudas, la dictadura es coherente en su ruta de la sangre, de la masacre para mantener el control porque el plan de entregar ametralladoras a las milicias diseñado por Vladimir Padrino López, según sus palabras, tiene el objetivo de afianzar y armar a los grupos paramilitares que responderán a los jefes de las mafias quienes son realmente los que están en control.

Los cálculos de colegas periodistas son sencillos: con los 6.8 millones de euros aprobados para producir subametralladoras Caribe calibre 9.19mm y los 50 millones de euros destinados a elaborar uniformes militares, se podrían realizar 227 trasplantes de médula ósea en Europa donde el costo oscila entre 175 mil y 250 mil euros.

Las mentiras del régimen son fácilmente desmontables con la realidad pero la hegemonía comunicacional que censura y distorsiona la verdad exige insistir mucho en el tema. Bien lo dice Huniades Urbina Medina ex director del Hospital JM de los Ríos y presidente de la Sociedad de Puericultura y Pediatría, testigo de la tragedia. Urbina ha venido advirtiendo que 30 niños están en peligro por la falta de medicamentos, trasplantes de médula y las pésimas condiciones de loa centros de salud. “La crisis hospitalaria tiene más de 10 años y es crítica desde hace cinco. Las muertes no ocurrieron por bloqueo de Estados Unidos, si no por el asalto durante años del dinero destinado a la salud preventiva y de atención”.

Los padres y el equipo que trabaja en el JM de los Ríos –centro de salud que en alguna época pasada fue referencia internacional por su desarrollo y excelente funcionamiento-, resisten sobre la esperanza de un milagro que evite la sentencia de muerte. La situación es desgarradora. Algunos que han visto a su hijo partir se mantienen solidarios en la lucha para evitar más muertes.

Erick, otro niño fallecido, le había confesado a su padre que tenía miedo de morir. Sucumbió el domingo 26 de mayo a consecuencia de un paro respiratorio en el servicio de hematología del Hospital de Niños. Tenía 11 años. Ocho de ellos esperando un trasplante de médula. Vivía en Petare, quería estudiar medicina o ser pintor. Solo comía arroz o pasta con caraotas porque tampoco hay comida para los enfermos. Gilberto Altuve, padre de uno de los niños fallecidos, lo resume todo cuando se dirige a Maduro: “En los hospitales se mueren niños y viejos y tú eres tan ignorante que te pones a hacer armas. Tal vez por decir esto amanezco muerto, pero no le tengo miedo a la muerte. Si mi hijo se murió con gusto lo acompaño”.

Así como el régimen tomó la decisión de bloquear la ayuda humanitaria, no se detendrá para esperar que los niños y demás enfermos sigan muriendo como pajaritos que se incineran con un cable de electricidad. Su maquinaria publicitaria insistirá en colocar un manto ideológico sobre las tragedias provocadas para hundir al pueblo, para volverlo trizas y así ellos mantenerse e el poder.

No tienen perdón de Dios.

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