Durante los 59 años de dictadura en Cuba han surgido voces contradictorias a los lineamientos de un sistema totalitario que, como todos los de esa misma naturaleza, no toleran la crítica ni mucho menos los aires de cambio, a no ser aquellos que surjan de sus propias entrañas y produzcan réditos a quienes enarbolan sus banderas.

En la escena de los tiempos hemos visto los rostros de cubanos que fueron acallados por las balas de fusiles de una dictadura asesina. Casos de esta índole se conocen por doquier. Hoy la represión continúa, pero la manera de ejercerla ha cambiado, sin dejar de ser cruel y cuestionable desde todo punto de vista.

La nueva estrategia del régimen castrista apunta hacia la persecución sin tregua y el encarcelamiento constante de los líderes de una oposición fuerte, a través de procesos judiciales que surgen de hechos preconcebidos, con la única finalidad de neutralizar el avance de una corriente difícil de detener en Cuba.

Ese es el movimiento creciente en el que están matriculados opositores dentro y fuera de la isla, en el que destaca la personalidad perseverante y convincente del líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), José Daniel Ferrer, contra quien el régimen de la isla está ensañado por considerarlo un referente peligroso y no menos que la piedra angular de la resistencia en el oriente cubano.

El poder de convocatoria que tiene Ferrer lo ha convertido en el enemigo a vencer de unas autoridades al servicio de la dictadura más antigua del continente, que se dispone a cambiar la Constitución y no quiere piedras en el camino que hagan embarazoso el tránsito hacia una Carta Política, que debe afianzarla más alrededor de las endebles estructuras de un Estado fallido.

Ferrer es un hombre de provincia, apasionado por lo que hace, que se expresa como les gusta a muchas de las personas que desean ver un cambio real en Cuba. Incluso varios de sus colegas de lucha lo ven como alguien del que brota perseverancia y mucha confianza.

Por eso el régimen prefiere mantenerlo en prisión, vejado y torturado todas las veces que sea necesario, y así evita que siga llevando la voz de todas esas voces silenciadas a fuerza de hambre y miseria, en una isla regida por una familia y un pequeño grupo de militares sobre cuyas conciencias pesa el sufrimiento de millones de cubanos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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