sábado 21  de  febrero 2026
OPINIÓN

La tortura llega a la cancha de fútbol

La Federación Venezolana de Fútbol emitió un comunicado en repudio a ese acto y solicitó protección a los árbitros.

Diario las Américas | IBÉYISE PACHECO
Por IBÉYISE PACHECO

El evento comenzó a las 7:30 pm del 30 de noviembre en el estadium de la Universidad Central de Venezuela. Se trataba del primero de dos partidos previstos en la disputa final del campeonato venezolano de la Liga de la Primera División el Fútbol profesional venezolano entre el equipo de la UCV y el Carabobo Fútbol Club.

El árbitro principal designado fue Yender Herrera con experiencia en dirigir encuentros oficiales nacionales e internacionales lo que implica haber sido evaluado por la comisión arbitral local y por la internacional cumpliendo criterios de rendimiento, reglas de juego y preparación física, con participación en eventos internacionales juveniles, designado por Conmebol y FIFA. En pocas palabras, Yender es uno de los árbitros más importantes de Venezuela.

Ya cerca del cierre del primer tiempo el ambiente se sentía tenso con el natural cansancio entre los jugadores; los choques iban siendo más duros, asunto nada excepcional. Carabobo FC había logrado abrir el marcador tomando la delantera y amenazaba nuevamente cerca de los primeros 45 minutos cuando uno de sus jugadores recibió el balón y giró; entonces intervino Alexander Granko Jr. del equipo de la UCV intentando cortar la jugada, pero llegó tarde, y en lugar de tocar primero el balón, estiró su pierna que impactó directa y deliberadamente al rival. El jugador contrario cayó al suelo de inmediato.

El árbitro estaba cerca y lo vio todo claramente; corrió hacia el infractor y sacó decidido tarjeta roja, lo que significó la expulsión inmediata de Granko Jr. ¿Por qué roja y no amarilla? Porque esa entrada puso en riesgo al rival, porque no intentó jugar limpiamente la pelota y porque al llegar tarde usó la fuerza excesiva.

Pocas horas después de ese partido el vehículo del árbitro fue completamente quemado frente a su casa en Maracay, estado Aragua.

La Federación Venezolana de Fútbol emitió un comunicado en repudio a ese acto y solicitó protección a los árbitros.

Esta situación, inédita en Venezuela, retrata el abuso de poder y especialmente la extensión de la podredumbre del régimen que pervierte todo lo que toca incluidas las gestas deportivas. Nada bueno se escapa del brazo sucio de la dictadura.

Era previsible que estas situaciones se presentaran luego de que se materializara la compra del equipo de Fútbol de la UCV por parte Alexander Granko Arteaga, principal torturador del madurismo, investigado por la Corte Penal Internacional por desapariciones forzadas y abusos sistemáticos, y también sancionado por el Reino Unido, la Unión Europea y Estados Unidos con congelación de bienes por violación de los derechos humanos.

Solo les recuerdo tres casos en los que está implicado el personaje: el asesinato del capitán Rafael Acosta Arévalo llevado al tribunal el 28 de junio de 2019 sin poder caminar con signos de tortura severa; murió al día siguiente. Autopsia y peritajes independientes confirmaron en su cuerpo señales de golpes, descargas eléctricas y politraumatismos. El segundo fue registrado en vivo en redes sociales; se trata del asesinato de Oscar Pérez y su cobarde ejecución luego de haber anunciado rendirse. Y más recientemente el teniente Ronald Ojeda fue asesinado en Santiago de Chile después de ser secuestrado de su vivienda; su cuerpo enterrado tenía signos de tortura y ejecución.

¿Qué futuro se asoma para el hijo de un torturador cuyo único modo de relacionarse es la violencia hasta los extremos de amenazar (o acabar con) la vida de quien se atraviese en su camino, incluso en un partido de fútbol?

Expertos en seguridad describen la quema del vehículo del árbitro como una agresión y una advertencia. Fue una acción quirúrgica que fulmina la espontaneidad de árbitros y hasta de jugadores que acudirán a los encuentros con el equipo de la UCV como si una pistola les amputara a sus cabezas.

Terrible.

Se trata de un torturador que no se esconde, sino que más bien le gusta socializar y arrastrar con ello a su familia. Granko se apodera de actividades deportivas y recreativas que complementan su amplia gama de negocios ilegales.

Lo de Granko no es un sadismo aislado sino la integración funcional de la crueldad dentro de distintas áreas de la sociedad.

Es el despliegue público de su impunidad y la certeza de que es intocable.

Alexander Granko Arteaga es obra del régimen criminal que premia la crueldad eficiente.

Al árbitro no le queman su vehículo unos fanáticos del fútbol. Fue una acción ordenada por la cabeza del aparato represivo que ejerce la violencia de manera fría y calculada para influir en la conducta de terceros como son los árbitros y los jugadores.

También Granko hace evidente su narcisismo: “un hijo mío no puede perder”. Quien se atreva a desafiarlo derrotándolo sufrirá las consecuencias.

Y Granko ejecuta todos esos movimientos bajo el aplauso de Nicolás Maduro, ausente de ética y atrapado en su miedo.

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