Los primeros debates entre candidatos demócratas para la presidencia la semana pasada se concentraron más en atacar a Joe Biden que al actual presidente republicano Donald Trump.

En realidad, con más de 20 postulantes para el nombramiento demócrata, era inevitable que en esta etapa de la campaña hacia la Casa Blanca se gastara más tiempo en enfrentamientos mutuos

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Lo que sí fue evidente es que algunos de los planteamientos resultaron incómodos para el exvicepresidente de la administración de Barack Obama.

Puede que ahora Biden goce de una cómoda ventaja como figura prominente del Partido Demócrata, pero sus rivales, particularmente la senadora Kamala Harris, de California, fueron implacables al criticar supuestas posiciones sobre políticas que abracan el racismo y la inmigración.

Es difícil adelantar si “la estrategia Harris” tendrá impacto a largo plazo, ya que desde que Biden anunció su candidatura en abril ha disfrutado de un estatus especial dentro de su partido.

El resto de los candidatos están muy por detrás en popularidad.

Pero a pesar de las preferencias, Biden deberá igualmente luchar por mantener la delantera durante los próximos meses, si quiere obtener la candidatura presidencial.

En pro y en contra juega el hecho de haber estado por largo tiempo en la política. Hay mucho material del que los candidatos rivales pueden sacar provecho.

Sirvió en el Senado, representando a Delaware, de 1973 a 2009, se postuló para presidente dos veces, en 1988 y 2008, y fue vicepresidente de Obama desde 2009 a 2017.

Sin embargo, a pesar de la reputación que disfrutó durante la presidencia de Obama, fue su pasado como senado, lo que provocó airadas recriminaciones.

La senadora Kamala Harris fue implacable al criticarlo por su oposición a los llamados programas “busing’.

Harris se refería a los planes de transporte de niños por escuelas, que trataban de corregir la segregación durante los años 1970.

El programa buscaba transportar a niños afroamericanos a escuelas predominantemente blancas y al viceversa.

La única contendiente afroamericana luego reveló que cuando era niña y vivía en California, estuvo en una escuela de blancos y eso fue determinante en su futuro.

Biden sostuvo que odiaba la segregación pero en todo caso, el daño estaba hecho.

Por lo pronto, los principales rivales de Biden están avanzando en las preferencias, especialmente Harris y la senadora Elizabeth Warren.

El Pew Research Center, un centro de estudios en Washington que sigue las tendencias sociales, afirma que hay seis puntos a tomar en consideración sobre los demócratas:

1.- Los llamados liberales constituyen una mayoría dentro del partido.

2.-Los votantes demócratas se han vuelto mucho más diversos racial y étnicamente en las últimas dos décadas.

3.-Hay menos división entre demócratas sobre los temas de inmigración, matrimonio entre personas del mismo sexo e igualdad racial.

4.-Las principales prioridades son reducir los costos de atención de la salud, mejorar la educación, proteger el medio ambiente y proteger a Medicare.

5.-Los demócratas están unidos en su oposición al presidente Donald Trump.

6.-La mayoría de los demócratas dicen que el género, la raza o la sexualidad del candidato demócrata en 2020 no representan diferencia alguna.

Por su parte, el senador por Vermont Bernie Sanders ocupa todavía el segundo lugar pero sus ideas socialistas bien podrían resultar demasiado radicales.

La semana pasada habló de pagar la deuda del préstamo estudiantil de $ 1.6 “trillions”, billones en español, de dólares.

La cuestión de la edad de Biden (76 años) también surgió en los debates. Algunos de los candidatos dijeron que era hora de que alguien más joven fuera nominado para la presidencia. Este argumento probablemente también iría en contra de Bernie Sanders, ahora de 77 años.

Sin embargo, este no es necesariamente un argumento sólido para los rivales de Biden que tienen entre 40 y 50 años. Para el exvicepresidente, la edad y la experiencia pueden jugar un papel crucial en la campaña, especialmente con candidatos, como Beto O'Rourke, quien con 46 años solo ha servido seis años en la Cámara de Representantes.

En últimas instancias, la decisión final no estará marcada por la edad o lo abultado del expediente político, sino por quien tenga una posibilidad real de vencer en las urnas al presidente en ejercicio.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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