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La capital estadounidense parece una línea de batalla que podría definir la suerte política del presidente Donald Trump: bien sobrevive como líder del mundo libre o va por el camino del impeachment o juicio político, mediante el cual puede ser procesado, con la aprobación del Congreso, para invalidar sus competencias en el ejercicio del máximo cargo de la nación.

Trump ha logrado en poco tiempo enfilar un formidable grupo de oponentes, que incluye figuras de alto rango en el Partido Demócrata, aunque no son los únicos.

La semana pasada, por ejemplo, Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, puso en duda una vez más, la idoneidad de Trump para ser presidente de Estados Unidos.

Igualmente, hay un número creciente de republicanos que están cada vez más preocupados por la suerte del presidente número 45, aunque estén esperando primero ver si la Casa Blanca puede salir airosa de esta contienda, pero el momento de los señalamientos puede llegar.

Luego está el frente de los que filtran información. Cualquiera que sea su procedencia, el flujo constante de salidas de datos sensibles, no controlados, está teniendo un impacto devastador en la administración Trump y en su capacidad para proteger al Presidente de revelaciones que parecen interminables.

El reciente testimonio del exdirector del FBI, James Comey, proporcionó municiones al grupo anti-Trump, luego de acusar al Presidente y a la Casa Blanca de mentir para desviar las investigaciones sobre los contactos con Rusia.

Comey puede que tenga todavía más que decir, y a pesar de su inesperada y sorprendente confesión, de que estaba detrás de las filtraciones a The New York Times sobre los encuentros privados con el mandatario, aún conserva credibilidad ante los ojos de la mayoría.

Trump, quien negó el recuento de Comey, desestimó su acusación e imprudentemente se ofreció a presentar testimonio bajo juramento sobre su versión de los hechos.

Así que la verdadera línea de batalla está ahora entre Trump y Comey. Es la palabra de uno contra el otro, sobre el tenor de la media docena de conversaciones entre ambos. Será un duelo mortal y puede representar una confrontación peligrosa y potencialmente fatal para el Presidente.

A menos que Trump pueda presentar grabaciones de lo que habló con Comey en la Casa Blanca, ¿cómo podrá contrarrestar las acusaciones en su contra?

Si Trump está diciendo la verdad, significa que Comey, un jurista que se desempeñó en el pasado como fiscal en Chicago, Nueva York y Richmond y luego como séptimo director del FBI durante casi cuatro años, deliberadamente falsificó su relato sobre las reuniones que tuvo con el presidente de Estados Unidos.

Ahora bien, si Robert Mueller, fiscal especial y exdirector del FBI, encuentra evidencia de connivencia entre Trump y / o su equipo de campaña y la inteligencia rusa, para socavar las esperanzas electorales de Hillary Clinton, la integridad del Presidente podría ser puesta en tela de juicio y llevarlo a enfrentar acusaciones de obstrucción de la justicia.

Los republicanos entonces tendrán que decidir si continúan apoyándolo o lo dejan caer.

Pero incluso sin esa evidencia, la batalla entre Trump y Comey podría ser un factor decisivo para determinar el futuro del Presidente y su permanencia en la Casa Blanca.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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