El giro tomado por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de ahora respaldar una investigación que pudiera abrir el camino a un juicio político contra el presidente Donald Trump, representa un riesgo calculado que bien podría ayudar u obstaculizar la campaña electoral presidencial de los demócratas.

A simple vista, parece una larga investigación sobre una multitud de acusaciones sobre el mandatario, lo que podría poner a Trump contra las cuerdas y ayudar a un demócrata a ganar la Casa Blanca en las elecciones de 2020.

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Sin embargo, también podría provocar exactamente un efecto contrario, si se percibe como una jugada política demócrata para expulsar a Trump del cargo y hacerse con el poder.

Pelosi debe haber tomado en cuenta todos los riesgos políticos antes de aprobar el camino a un proceso de destitución, incluso sabiendo que el Presidente dará la lucha para hacer que la investigación parezca una pérdida de tiempo y un insulto al Estado y al pueblo estadounidense.

Los votantes que viven fuera del caldero político que es Washington verán este nuevo desarrollo de dos maneras.

Por un lado, como un esfuerzo justificado para exponer las malas prácticas políticas de la administración y terminar con los días de Trump al frente de la Casa Blanca, pero de igual manera podría interpretarse como un complot de los demócratas para vengarse de un magnate sin experiencia política, que venció a su candidato presidencial en 2016 a pesar de todos los pronósticos.

Es cierto que Pelosi había estado bajo presión durante mucho tiempo para anunciar el juicio político, pero siempre dudaba. Hasta hace poco pensaba que no era políticamente conveniente, especialmente con una campaña electoral en curso.

Cuando el fiscal especial Robert Mueller concluyó su investigación después de 18 meses y arrojó que ni Trump ni su equipo de campaña habían coludido con Rusia en contra de Hillary Clinton en las elecciones de 2016, demócratas de alto rango continuaron señalando al Presidente por presunta obstrucción de justicia o por su negativa a entregar sus declaraciones de impuestos.

En esa ocasión, Pelosi consideró que no era el momento adecuado para apoyar el juicio político. Fue el problema de Ucrania lo que la hizo cambiar de opinión.

El jefe de Estado ha insistido en que no hizo nada malo cuando llamó al nuevo líder de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para sugerirle investigar al hijo del exvicepresidente y candidato demócrata Joe Biden, quien es director de una compañía petrolera ucraniana y que había sido objeto de una investigación por corrupción.

Trump estaba tan seguro de que su llamada telefónica era inofensiva que, contra el consejo de algunos de sus altos funcionarios, hizo público un resumen de la conversación que confirmaba el pedido a su homólogo ucraniano.

Si se comprueba de que Trump pidió un favor personal a cambio de la ayuda que Estados Unidos presta a Ucrania, un “uid pro Quo” cambiaría el panorama para él.

Por lo pronto, para Pelosi y los demócratas, la llamada telefónica que expone a un presidente estadounidense que busca la ayuda de otro país, para investigar a su principal rival en las elecciones presidenciales de 2020, es motivo suficiente para iniciar un procedimiento de destitución.

Sin embargo, con las elecciones 2020 a solo 14 meses de distancia, el Congreso, la Casa Blanca y el país se verán envueltos en una batalla política enormemente divisiva que impactará cada decisión tomada por la administración, desde ahora hasta noviembre del próximo año.

Lamentablemente, una larga investigación que abarque una multitud de acusaciones, empañará los esfuerzos de una campaña electoral presidencial que se centre en problemas más urgentes, como la reforma de salud, inmigración, cambio climático, infraestructura y decisiones estratégicas vitales sobre Corea del Norte, Irán, China o Rusia.

En el ámbito económico, la confianza del consumidor está empezando a decaer, alimentada por los temores de una desaceleración global, mientras las empresas deben enfrentar la volatilidad de los precios del petróleo y un futuro incierto de cara a los tratados de libre comercio. Esto también podría contribuir a erosionar la imagen del Presidente.

Si tiene que haber una investigación para presentar un juicio político, que se limite a buscar la verdad sobre el tema de Ucrania y que no se confunda con esfuerzos de matiz político para sacar a Trump antes de tiempo del cargo.

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