Por estos días la prensa española, y mundial por su trascendencia, se ha visto sacudida por declaraciones y comparecencias que, en dependencia del punto de vista en que se mire, podrían calificarse de políticamente correctas o incorrectas. La idea no es convertirnos en abogados del diablo. Ni siquiera tomar partido, de momento. La idea es plantear la interrogante evidente que esconden las redes sociales:

¿Hay una tendencia "totalitaria" en las redes sociales y los medios?

O sea, si no compartes lo que quieren que compartas. O, si no te gusta lo que a los demás les gusta, te declaran "paria apestado(a)". O, mejor dicho, no te declaran: te silencian, o te acusan y ofenden en el peor de los casos.

Según el escritor, director de cine y periodista David Trueba: "en las redes sociales hay una 'tentación totalitaria' de impedir a los demás que se expresen de forma diferente a la de uno mismo y se pregunta por qué hay 'un ejército de débiles al servicio del fuerte'".

Esta "tendencia totalitaria" está determinada por la contradicción entre lo políticamente incorrecto ("ese planteamiento brusco, sin tener en cuenta que puedes "herir" los sentimientos de quien te escucha o lee"), y lo que realmente quiere oír, ver y leer el internauta de sus "ídolos" en las redes sociales y los medios.

Por ejemplo:

El pasado jueves, 6 de julio, Mario Vargas Llosa conversó con el ensayista colombiano Carlos Granés dentro de un curso dedicado a la obra de Gabriel García Márquez. Desde el desagradable incidente en Ciudad de México en febrero 1976, los dos Premios Nobel de Literatura se habían distanciado públicamente y no se habló más del altercado por ambas partes.

"Aquel día en el DF se iba a estrenar la película La odisea de los Andes, cuyo guion había escrito Vargas Llosa. En el vestíbulo del Teatro Bellas Artes estaba García Márquez, Gabo, quien, al verle, sonrió y fue hacia él con los brazos abiertos, al tiempo que le saludaba cariñosamente: "¡Hermanito!"... En vez de responderle, Mario, que había sido boxeador amateur en su juventud, le sacudió un gancho de derechas en mitad de la cara que derribó a Gabo y dio con su cabeza en el suelo. Aún estaba inconsciente, o quizás aturdido, cuando Mario se explicó brevemente: "¡esto por lo que le dijiste a Patricia!". Así lo afirmaron testigos presenciales de la escena, aunque no se ponen de acuerdo si la palabra exacta fue "dijiste" o "hiciste".

Vargas Llosa, por supuesto, respetó el silencio de años en el conversatorio y evitó los detalles, pero recordó: "cierto desencanto con la revolución cubana" por parte de García Márquez en los primeros años de revolución, tras su paso por Prensa Latina. Retomó el caso Padilla en detalle y la negativa de Gabo a firmar la carta de los intelectuales para mediar por el poeta cubano encarcelado.

"Creo que García Márquez tenía un sentido muy práctico de la vida, que descubrió en ese momento fronterizo, y se dio cuenta de que era mejor para un escritor estar con Cuba que estar contra Cuba".

"Se identificaba muchísimo con esos poderosos que habían cambiado su entorno gracias a su poder, en el buen sentido y en el mal sentido por igual. Un personaje como el Chapo Guzmán creo que le habría fascinado a García Márquez".

Y aquí, entre otras declaraciones, Vargas Llosa toca la fibra sensible del ídolo de multitudes, el Gabo, a tal punto que un amigo común de ambos escritores, el periodista de El País Juan Cruz toma cartas en el asunto y plantea:

"Sobre Vargas Llosa lleva años diluviando lo políticamente correcto; es mejor leerle al bies que leerle. Es mejor imaginar que dice exabruptos que leer sus argumentos (que lo son) para entender que las posiciones que defiende, o las historias que desarrolla, están marcadas por la intención de pensar y de expresar lo pensado. Y que esa es, en el periodismo, en la política y en la vida, la sustancia de la democracia y de la controversia a la que se debe someter la inteligencia de criticar a otros".

En este caso particular, enumerar lo que para algunos internautas de izquierda y admiradores incondicionales de la obra de García Márquez puede parecer políticamente incorrecto, nos lleva a la verdadera entraña del conflicto y la época y el momento histórico que vivió la generación del Boom Latinoamericano. Y solo nos queda agradecerle estás palabras a Mario Vargas Llosa, el encargado de "apagar la luz de esta generación" irrepetible de escritores e intelectuales.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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