El sábado pasado eBook Kindle, puso a disposición de los cyberlectores, Los hermanos siniestros. La codicia y el odio en el confort (ed. Mel Projects) de la periodista y escritora venezolana Ibéyise Pacheco (Las muñecas de la corona, ed. Sarmancanda, 2018; De mente criminal, ed. Cisneros Media Distribución, 2015; Sangre en el Diván, ed. Planeta 2014; El Grito Ignorado, ed, Planeta, 2012; Bajo la sotana, ed. El Nacional, 2006).

La naturaleza, imita al arte, según Oscar Wilde. En el caso que comentamos, la realidad rebasa la imaginación más desenfrenada.

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El instinto de la periodista de investigación se pone de manifiesto en el libro. Rigurosa en la selección y uso de sus fuentes, esmerada en la protección y cultivo de las mismas, Pacheco, con la fuerza que da la convicción y fe en lo que hace, nos ofrece con calidad de página, episodios inéditos, lindantes con lo inverosímil, muy sórdidos algunos, de los desgobiernos y colaboradores, primero, de Hugo Chávez y fallecido éste, de Nicolás Maduro.

Los “Ramírez”, son dos “hermanos siniestros”. “Jaime o JR”, el mayor (“asume su cinismo y su desvergüenza”, “se explaya en el goce sin límites”, “navega con frecuencia su sadomasoquismo”) y “Betty”, la menor (“El dinero no da la felicidad, pero es mejor llorar en un Ferrari”, esencia diabólica “vestida de seda”, “evita que su hermano se convierta en animal, desbocado y sin equilibrio”). En el entramado, aparece traicionado y vuelto a traicionar por sus ya mencionados pupilos, Julio Valentín Rojas, “JVR” o “Jotavé” (su pretendida fórmula para “escapársele a la muerte” nos deja perplejos, a los lectores).

En El nazi y el psiquiatra, Jack El-Hai, (ed. Planeta, 2014), narra las vicisitudes del médico Douglas M. Kelley, como integrante del equipo que evaluó 22 criminales de guerra a los efectos de dictaminar si eran imputables y, por ende, podían ser sometidos al llamado Juicio de Núremberg.

¿Cómo pueden convivir en una la persona, el ciudadano, el amigo, vecino, el padre de familia ejemplar, con el desalmado criminal de guerra? –se preguntaba el doctor Kelley, al reflexionar sobre la personalidad de Hermann Goering. Walt Whitman, escribía, “contengo multitudes”.

"Los hermanos siniestros" son diferentes. Carecen de altibajos. De sorpresas. La llamada Revolución vive para robar y roba para vivir. Es su ethos. Su programación cromosómica. “JR” y Betty, se limitan a obedecer el imperativo categórico del cual forman parte. El pent-house palacete en La Corniche, Altamira, tasado en millones. El hallazgo de la cuenta off shore, panameña de “ocho cifras altas” en dólares americanos, a nombre de la “ex” de “JR”. Los 250.000 dólares que se cogió “Betty” de la caja de seguridad del despacho de la Presidencia porque de “mosquito pa’ rriba” todo es cacería. Tarifa plana de amoralidad, que utilizó “JR”, para pegar el carrerón, en ciudad de México y dejar a su propia madre a merced de unos zagaletones que los escracheaban. De eso y de peores cosas, se levanta acta en Los hermanos siniestros.

Ibéyise Pacheco, con tal publicación, se inscribe en la mejor tradición de la literatura hispanoamericana legada, entre otros, por Pio Gil o Pedro María Morantes (El Cabito y Los felicitadores), Domingo F. Sarmiento (Facundo y Civilización y Barbarie), Roa Bastos (Yo, el Supremo), Carpentier (El Recurso del Método), García Márquez (El Otoño del Patriarca), Vargas Llosa (La Fiesta del Chivo). Novelar, tiranos, tiranuelos y sus acólitos más nefandos. Exhibirlos, exponerlos en público tal cual son, es contribuir a la aniquilación definitiva de la peste.

@omarestacio

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