El esfuerzo de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido sospechoso. 33 viajes en 3 años. ¿A cuenta de qué, tanto interés por Venezuela? Ataca a los organismos internacionales, recoge fuerzas con el Papa, manipula la liberación de presos políticos y hace lobby para evitar nuevas sanciones. Después de colaborar para mantener a Maduro en el poder, ahora necesita legitimarlo. Para eso ha mostrado un cesto de frutas al sector opositor que viene del desierto y quiere saciar el hambre y la sed. Así que vaya, juntémonos, olvidemos los malos ratos, que el enemigo no es Maduro, el enemigo es el imperio, ha de haber dicho a Henri Falcón, Henry Ramos y otros tantos que sacan cuentas.

Los tropezones durante su gestión han sido solo rasguños para Zapatero. Y aun cuando tiene problemas para controlar su ira, sabe apagarlas con hora y media de ejercicio matutino que cumple con rigor. Los efectos de tal rutina favorecen la coquetería de un hombre todavía joven: en agosto alcanzará los 58 años. Discreto con su vida privada, muestra cercanía hacia los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez. Entre los tres hay mucho afecto.

A la hipótesis del interés crematístico tras su labor en Venezuela, le dio narrativa y números la fiscal general desterrada Luisa Ortega Díaz, quien en agosto de 2017 entregó a Interpol y la CIA un informe con la investigación de un caso de corrupción que involucra a Zapatero como presidente de España y a su ex ministro de Defensa, José Bono, por negociar en el 2005 la venta de unos barcos para la Armada venezolana. En la compra, el gobierno chavista pagó 38 millones 600 mil euros de más.

La gestión de Zapatero con los presos políticos le ha ganado desprecio. Bajo el esquema que el Foro Penal llama “puerta giratoria” -salen menos, entran más- promete sacarlos del infierno, los aborda por todas las vías posibles, llama por teléfono, envía mensajes de texto, whatsapp, los visita. Impone condiciones a los rehenes para su libertad, con una fundamental: deben expresarle agradecimiento.

Antes de este rol, Zapatero se dedicó a los negocios. Operó con su ex ministro Miguel Ángel Moratinos quien era consejero de una empresa con intereses en Cuba, “Lindmed Tread”, dedicada a la venta de material sanitario. El 25 de febrero de 2015 se mostró en una foto junto a Raúl Castro e intermediarios de grandes empresas españolas involucrados en posteriores escándalos de corrupción. En junio, apenas cuatro meses después de esa reunión, Zapatero se paseó por Caracas, reactivó viejas amistades, la principal, el opositor Timoteo Zambrano. Y, cosa más grande, consideró la importancia del diálogo. Regresó para presenciar las elecciones parlamentarias en diciembre del 2015 y departió en Miraflores.

El primer intento de diálogo en el 2016 tuvo apoyos envidiables: Unasur, el Vaticano, el Departamento de Estado y la Unión Europea. Casi todos los perdió. Sin embargo, él continúa quitándole obstáculos a Maduro, como hizo con el Referendum Revocatorio que descartó de plano, sin discusión. Henrique Capriles nunca se lo perdonó.

Solo una vez Zapatero se atrevió a objetar a Maduro. Fue a finales de julio del 2017, cuando el esfuerzo opositor era para evitar la Asamblea Nacional Constituyente. Lo que parecía un acuerdo entre las partes, se cayó. Antes de eso, un Zapatero eufórico se había ido a celebrar lo que creía su triunfo, con una botella de vino y su asistente, en una habitación del hotel Meliá Caracas. La noticia del fracaso lo enfureció con ambas partes. Tomó el primer vuelo para irse del país y en la distancia envió una carta ofuscado. Maduro lo amonestó. “¿Cómo se atreve a decir que el primer responsable es el gobierno?”. Al mes, ya Zapatero dócil, estaba de vuelta en Venezuela.

En la interferencia interna ha llegado al descaro, como cuando presionó a dirigentes de partidos opositores para que designaran a Timoteo Zambrano presidente de la Asamblea Nacional. Estos fracasos no lo hacen rendirse. Ni siquiera porque el nuevo gobierno español se desmarcó de sus actuaciones. Las diferencias en la MUD después del 20 de Mayo le han servido de caldo de cultivo para la insidia. “Los jefes opositores privilegian sus ambiciones personales”, ha dicho. Acción Democrática solo esperaba una promesa electoral que garantizara algunas cajas chicas (las alcaldías, por ejemplo). Así, Zapatero va ajustando el diálogo entre Maduro y un sector opositor complaciente.

Y tal vez hasta cumple un sueño sobre el cual Zapatero muestra cierto despecho: “¿Cómo es que el presidente de Estados Unidos se puede reunir con Kim Jong-un y no con Maduro?”.

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