La aparente lenidad con que la Justicia de Estados Unidos ha tratado el caso Alejandro Andrade ha causado desesperanza entre quienes demandan mano dura contra el saqueo de Maduro y sus compinches.

¿Tanto alboroto y el acusado no permaneció ni una semana en la cárcel? ¿Una fiancita insignificante en proporción al monto de los sobornos, bastó y sobró para suspender lo que pudo erigirse en castigo ejemplarizante? ¿Cómo es posible que los jueces federales no consideren delincuentes peligrosos a los depredadores del Patrimonio Público, causantes de hambrunas, ruina, muertes masivas, desertización de un país, al extremo que hayan estimado innecesaria la reclusión del convicto y confeso en cárcel de máxima seguridad?

Primer mensaje para los dolidos compatriotas que nos han formulado las anteriores preguntas. Dentro de la amplia gama de perpetradores, los corruptos, salvo que alboroten demasiado, son considerados por criminólogos y escuadrones de capturas, caballeros no violentos. Suelen leer la biblia, ir a misa y ser hasta simpaticones. Pecaron porque en arca abierta hasta el justo peca. Dura lex, sed lex, amigos míos.

Sin embargo –y el siguiente es nuestro último mensaje por hoy–, la resolución del juez que el martes pasado puso al convicto y confeso en la calle se ha convertido, contra todo pronóstico, en certero cañonazo contra la línea de flotación de la narcocleptocracia venezolana.

¿Y qué tiene el Sr. Andrade que no tenga yo?, se han preguntado desde el martes, para sus afueras, pero sobre todo para sus adentros, Diosdado, los hermanos Rodríguez-Gómez, el Hombre del Braguetazo, los generalotes Padrino, Reverol, Motta Domínguez, con sus etcéteras y etcéteras.

Uno de los grandes escollos para la liberación de nuestra Patria es que los responsables de la tragedia compatriota se aferran de manera enfermiza al Poder. Intuyen que una vez depuestos, no tendrán dónde esconderse. Karthoum o Mongadishu no son opciones. Nadie se embolsilla de mil millones de dólares en adelante para vivirlos y gozarlos en el Cuarto o Quinto Mundo. En Moscú hace demasiado frío. El idioma, en China y Norcorea, es barrera infranqueable y La Habana: ¡Ni pensarlo! Los prófugos de la Justicia de EEUU que se han acogido a la hospitalidad de los Castro, una vez exprimidos por sus anfitriones, fueron regresados hechos bagazos, para sus internamientos en las penitenciarias de Singsing o la Supermax.

Ahora nuestro corruptos tienen salida. Ya un enjambre de abogados (attorney profers, los llaman en el argot) se encuentra en Caracas, desplegando su folletería en los salones de reunión de los hoteles cinco estrellas. Igual que los promotores inmobiliarios, que ofrecen visas de residente en USA a quienes inviertan en sus desarrollos residenciales o comerciales, no siempre rentables. US 200 o 300 millones por bolivariano, incautados de manera amistosa, dentro de cada plea guillty a cambio de sentencias suspendidas, son una lágrima vertida en aquel océano de corrupción. A ese paso, éxodo masivo. Pronto, Maduro se va a quedar sin ministros ni colaboradores. Incluso, él mismo, va a dimitir y venirse a pasarlo gordo en Disney World.

@omarestacio

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