jueves 9  de  abril 2026
OPINIÓN

Mi hijo tiene tareas escolares: ¿Auxilio?

El papel de la escuela se ha redimensionado en el último medio siglo, transgrediendo el mero espacio de transmisión de conocimientos
Diario las Américas | EDUARDO MORA BASART
Por EDUARDO MORA BASART

Las actuales transformaciones de los modelos pedagógicos están influidas por las aceleradas dinámicas de comprensión del funcionamiento cerebral logradas por la neuropsicología en las últimas tres décadas. Proveyéndonos de conceptos renovadores como la teoría de Howard Gardner sobre las “inteligencias múltiples” que, desde la ciencia, nos aproximan a una idea poética del inglés John Donne: “ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo”.

Grandes son los actuales retos de la pedagogía aplicada a un individuo sumido en el perenne presente progresivo de un escenario donde devienen constantes el juego, la imaginación y el bombardeo de información.

El papel de la escuela se ha redimensionado en el último medio siglo, transgrediendo el mero espacio de transmisión de conocimientos. Los estudiantes reciben en ella una parte importante de los valores para su desempeño social, al suplir la carencia de tiempo de la familia para dedicar a los hijos. Súmese que, con frecuencia, muchos padres no poseen las competencias necesarias para servir de guías en un proceso de aprendizaje cada vez más profundo y demandante de conocimientos.

La actual pandemia de COVID – 19 nos obligó a apropiarnos de un modelo de “educación híbrida” que exige una sólida infraestructura y un adecuado nivel de preparación de los profesores en su actual rol. Siendo sui generis, además, el posicionamiento de la familia en un primer plano en las dinámicas del aula invertida (flipped classroom) al desplazarse el centro del proceso de enseñanza de la escuela a la casa; mediado por la actual simbiosis tecno - pedagógica (e-learning).

En esta vorágine, es recurrente escuchar a profesores que culpan de negligentes a los alumnos y a sus padres al no completar los primeros las tareas escolares. Diatriba que aflora el inveterado debate de su pertinencia o no en el proceso docente educativo.

Los pedagogos se polarizan en dos grupos. Algunos defienden a ultranza las tareas escolares; otros maldicen al italiano Roberto Nevilis, considerado su gestor en 1095, al usarlas como instrumento para reprimir a los morosos del aula: una historia de visos mitológicos en tiempos de cruzadas.

No soy un enemigo visceral de las tareas escolares, aunque discrepo en aspectos de su diseño que expondré más adelante. Ellas son un espacio de confluencia escuela - familia, desarrollan disciplina en el estudio y posiciones responsables. Llegando los padres, primeros pedagogos, al involucrarse en ellas, a testificar los avances o vacíos cognitivos de sus hijos.

La revolución francesa (1789) impuso el derecho educativo al trascender el individuo de la condición de súbdito a ciudadano. Deviniendo Jean Jacques Rousseau, uno de los líderes de la ilustración, en el pensador de culto del giro educacional generado en el período decimonónico.

Durante el siglo XX ni la “Guerra Fría” estuvo ajena a la polémica sobre las tareas escolares; llegándose a extremos de responsabilizar a su eliminación de la ventaja lograda por la Unión Soviética sobre EE. UU en el desarrollo de la “Era Espacial”. Expresaba la flexibilidad de las sociedades occidentales en comparación con la rigidez del totalitarismo comunista.

En la segunda mitad de los años 60, las corrientes pedagógicas dominantes se oponen de nuevo a ellas. Pero el estudio “Una nación en peligro”, publicado en EE. UU en 1983, volvió a invocar su necesidad al considerar que su ausencia condicionó el bajo nivel educativo diagnosticado en los estudiantes.

Existen análisis estadísticos sobre el uso global del tiempo en las tareas escolares. En el país con mayor avance en su modelo pedagógico de la última década, Singapur, los resultados del Informe 2018 del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) aseguran que los estudiantes de 15 años dedican 10 horas semanales a las tareas escolares. Los japoneses, otro paradigma de rendimiento académico, 7.5. Es admirable que los alumnos finlandeses empleen sólo 2.5 horas: evidencia de optimización del proceso educativo. Sin embargo, Rusia, donde consumen 12.5, posee su mejor ubicación en habilidades de lectura con un discreto lugar 29 en el ranking mundial. En EE. UU se usan 6 horas semanales como promedio en las tareas escolares, alcanzando en el estudio de PISA el lugar 13 en habilidades de la lectura, 18 en ciencia, y 37 en matemática.

Una de las preguntas más comunes de los padres es: ¿cómo lograr que los estudiantes no desarrollen aversión a las tareas escolares? Aún cuando no existe una receta milagrosa, la mayoría de los puntos de vista se vertebran alrededor de las ideas de la española Begoña Ladrón de Guevara:

 Demostrar al niño que su aprendizaje forma parte importante de las cosas que le preparan para ser adulto.

 Permitir que vean a los padres leyendo libros, periódicos y trabajando en el ordenador; escribiendo informes, cartas, mensajes electrónicos y listas; usando las matemáticas para hacer las cuentas de la casa o midiendo el piso para comprar, por ejemplo, la nueva alfombra; haciendo cosas que requieran esfuerzo y razonamiento.

 Hablar con ellos sobre lo que hacen en el trabajo de todos los días. Ayudar a los hijos a utilizar las destrezas que están aprendiendo al realizar las rutinas diarias de la casa; por ejemplo, enseñarles juegos con palabras y de matemáticas; ayudarles a buscar información sobre las cosas que les interesan como pueden ser cantantes, deportistas, carros, exploración espacial...–; y hablarles sobre lo que ven al pasear por el barrio, al ir de compras al centro comercial o cuando visitan el zoológico o un museo.

Es de vital importancia el desarrollo en los estudiantes de la curiosidad, la motivación y la preocupación como bases del aprendizaje; existiendo algunos principios vitales para el diseño de las tareas escolares:

 Deben responder a las demandas de los estudiantes , pues no todos necesitan la misma carga extraescolar.

 Puede que un alumno necesite una dosis superior de tareas escolares en una asignatura y no en otra.

 Deben contribuir al desarrollo de la madurez psicopedagógica: uno de los enigmas y temas pendientes de solución de los modelos educativos.

 Urge habilitar espacios dentro del proceso de aprendizaje en las escuelas para la resolución de las tareas.

 El cúmulo de tareas escolares no puede limitar el tiempo de ocio de los estudiantes.

Es importante subrayar que aunque la psicopedagogía avanza a una velocidad inusitada, la implementación de estas teorías aun está desfasada de la realidad. Lo he evidenciado, por ejemplo, en las experiencias recibidas del desarrollo de las “escuelas inclusivas” en Latinoamérica, aún alejadas de las expectativas de eficacia.

Uno de los retos actuales es lograr que los estudiantes no se frustren o experimenten flagelos educativos de este milenio como la ansiedad matemática; la reducción de capacidades como la memoria funcional, una de las bases del funcionamiento ejecutivo, condicionante de estudiantes con déficit de pensamiento secuencial o del tránsito de la memoria de corto a largo plazo.

Estudios realizados por Robinson Cooper (2006) señalan la prevalencia en edades escolares de problemáticas como ansiedad, fatiga crónica, depresión, sedentarismo, obesidad, dolores óseos y musculares. Siendo importante construir espacios de donde se vinculen las actividades; se potencie el juego como centro del aprendizaje; exista un equilibrio entre asignaturas como la matemática, las artes del lenguaje y la educación física; insertando renovadores conceptos educativos como el descanso activo; el uso de tiempos diacrónicos; de aportes trascendentes de la neuropsicología como la teoría atencional de Posner (Michael); o el uso de técnicas para el desarrollo de la plasticidad cerebral en los estudiantes.

Es una meta para la juventud insertarse en la era del conocimiento, demandante de esfuerzos para trascender desde los empleos McDonald’s o de ensamblaje hasta espacios de alta calificación, que exigen elevados niveles de razonamiento complejo, creatividad y sabiduría, tres de las habilidades que, de no potenciar las tareas escolares, de manera cíclica se sumirán en el basurero del pensamiento pedagógico.

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