domingo 12  de  mayo 2024
OPINIÓN

Monseñor Álvarez Lagos, a la altura del Buen Pastor

El régimen de Ortega en su encrucijada de salvar a su tiranía sobrepasa a la Cuba castrocomunista en opresión y represión sanguinolenta
Diario las Américas | OSCAR ELÍAS BISCET
Por OSCAR ELÍAS BISCET

Existe un mensaje universal verdaderamente inequívoco: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En ese mensaje va la dignidad humana, concepto inherente al respeto de los derechos humanos básicos y las garantías de las libertades fundamentales, en su conjunto sería los derechos inalienables de todo ser humano.

En estos últimos años parecerían que las sociedades vivieran un desenfreno caótico hacia la violencia del orden dignificador de las personas: la libertad y la justicia. Rusia putinista, China comunista e Irán de los ayatolas son aliados iliberales o autoritarios y en nuestra región, la Cuba castrista, Venezuela madurista y Nicaragua orteguista. Todos con un mismo monograma: sus crímenes de lesa humanidad y las violaciones flagrantes de los derechos humanos.

Ahora, el régimen de Ortega en su encrucijada de salvar a su tiranía sobrepasa a la Cuba castrocomunista en opresión y represión sanguinolenta, no solo con el destierro de 222 de sus opositores y disidentes sino por su genocidio mantenido contra el pueblo nicaragüense, donde 328 personas fueron asesinadas durante las manifestaciones de protestas estudiantiles y ciudadanas del 2018 y 2019, hasta hoy continua la represión y el terror.

El colmo de este terror de estado de régimen de Ortega es la encarcelación injusta de sacerdotes por sus críticas a tales barbarismos y asesinatos de la juventud y el pueblo nicaragüense. Los sacerdotes católicos presos políticos de la dictadura de Ortega son: monseñor Rolando Álvarez Lagos y obispo José Leonardo Urbina, los sacerdotes Manuel Salvador García, Ramiro Tijerino, José Díaz, Sandial Eugarrios, Oscar Benavidez y el diacono Raúl Vega. También los seminaristas Darvin Mendoza y Melkin Centeno, la mayoría condenada a 10 años de cárcel.

El tirano Daniel Ortega descargó toda su ira, odio y letalidad, personal y de sus oprobiosas leyes, contra el obispo Álvarez Lagos, quien se negó al destierro forzado y acto seguido fue condenado en una sentencia desproporcionada en un juicio amañado a 26 años de privación de libertad y trasladado a la Cárcel Modelo del Sistema Penitenciario Nicaragüense.

El dictador Ortega en su esencia malvada desconoce de las cualidades distintivas de monseñor Rolado Álvarez y los sacerdotes que resisten el exilio, quienes son conocedores de los textos bíblicos, que aseguran “También si alguna cosa padece por causa de la justicia, bienaventurados ustedes. Por tanto, no tengan miedo a nadie, ni se asusten” o “Mejor es sufrir por hacer el bien, si así lo quiere Dios”. Desde el más oscuro cautiverio, ellos dan luz de vida de cerca a su pueblo y condenan las injusticias del régimen comunista de Nicaragua.

Monseñor Álvarez no solo es un héroe de Nicaragua sino un apóstol universal para todos los pueblos que están en la nueva esclavitud socialista del siglo XXI. Apóstol de la libertad como el buen pastor de Cristo Jesús, quien especificó que “Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. El prisionero evangelista casado con su iglesia, pueblo nicaragüense, es verdaderamente libres.

Asimismo, monseñor Álvarez Lagos, conocedor del Evangelio de la libertad y con una postura firme en defensa de los derechos humanos y libertad de su pueblo hace más terrenal toda su prédica de amor ágape y nos recuerda a Juan Pablo II durante las vicisitudes del pueblo polaco y las amenazas del imperio de la Unión Soviética (URSS) de invadir a Polonia para liquidar los anhelos crecientes de libertad.

Juan Pablo II dijo a su pueblo las palabras de Cristo: “No tengan miedo” y tuvo un efecto de fortalecimiento de las esperanzas de libertad en el pueblo descendiente de los Piast cuando la dirigencia soviética planificaba la cruenta invasión a su territorio nacional. En el imaginario popular polaco y de los hermanos de fe del mundo hablaban de la posible presencia de la célebre personalidad religiosa ante los tanques de guerra soviéticos.

En verdad, en el libro Testigo de la esperanza, de George Weigel, quien recogió las siguientes palabras de una carta de Juan Pablo II a Leónid Breznev, 1980, que por primera vez era publicada, donde le advertía que, si las tropas de la URSS entraban en su país, denunciaría la invasión comparándola a las tropas alemanas de Hitler de 1939.

Por supuesto, si se hubiera materializado la invasión soviética a Polonia, estoy seguro que Juan Pablo II se presentaría a defender y apoyar personalmente a su pueblo, para la conjuración o deshacer el grave peligro de guerra, las injusticias y elevar su moral, a semejanza del obispo Rolando Álvarez Lagos y sus hermanos de sacerdocio con el pueblo de Nicaragua.

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