Suma adeptos la iniciativa de erigir el “Museo RoboLucionario de la Corrupción, el Guiso y el Cuánto hay pa' eso”. Una oferta museística, con visitas guiadas, presenciales y virtuales, dramatizaciones, foros sobre las nuevas modalidades de asaltar el Erario Público, con dedicatoria especial a las nuevas (des) generaciones roboLucionarias. Ya era hora de atesorar, el único leitmotiv, de tal detritus con apariencia de seres humanos.

La comezón, picazón, la urticaria, el furor uterino, de Mesalina, por rascabuchear el Patrimonio Nacional, demandaba un museo. Y museo sin reliquias alegóricas, no es museo:

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La Maleta del Gordo Antonini; la Contadora de Billetes del Fiscal Anderson; los zapatones Louis Vuitton del diputado con ese alias, cuando peroraba sobre el consumismo; el “Audi” de US $85.000 reducido a fierro retorcido, la noche loca de perico y desenfreno, de cierto pata en el suelo devenido en megamagnate; el catre compartido por “La Fostorito, y “El Conejo”, después de picar mity-mity el “rancho” de la penitenciaría donde estaba recluido el multicriminal; los billetes de utilería (de los verdaderos no quedó ni el polvo), a repartir, entre Zapatero, “El Coleta” Iglesias y la propia porteadora, en la gesta del aeropuerto de Barajas; dos maquetas, a escala, de los palacetes, uno, de Wellington, Florida, EEUU, caballada incluida, de “El Tuerto” Andrade, testaferro de “El Comandante Eterno” y el segundo, de Alamín, España, de uno de los bolichicos de Derwik responsables que los venezolanos, no sepamos, qué significa la palabra, apagón; el montacarga, de motor hidráulico con el que, el susodicho bigotón, sinvergüenza, baboso, avaricioso, movilizó, él, mismo, sin auxilio de nadie, porque “esos reales son pa' mí solo, pa’ mi solo” –según repetía y repetía, transido, al acarrear sudoroso, los US $30 millones, billetes sobre billetes, con los que lo sobornó, Euzenando Azevedo, director de Odebrecht-Venezuela–; sendas muestras de cajas CLAP, con comida no apta para el consumo humano o podrida, con las que se forraron, el, suciodicho, bigotón y su “Embajador”, Saab, plenipotenciario con inmunidad diplomática, según éllos, para lavar dinero sucio.

Suele afirmarse que la variedad y número de los sinónimos para referirse a determinado fenómeno social, es directamente proporcional a su incidencia en el respectivo colectivo.

“Gente Amistosa” llamó, el navegante español, Fernández de Quiroz, en 1606, a los primeros habitantes de Rakahanga, atolón de las islas Cook, perdido en la inmensidad del Océano Pacífico. Y así han sido, al parecer, históricamente, muy querendones, los rakahanganeses. Enemigos, lo que se dice enemigos, han tenido pocos o ninguno por lo que, una sola palabra, les ha bastado para referirse a la enemistad ¿Y para qué más?

En el extremo opuesto, los autollamados “bolivarianos” para aludir a la corrupción, disponen de un diccionario completo, con categorías y subcategorías. Para testimoniar tal aporte lexicográfico, el Museo, contará con el llamado “Pabellón de la Palabra” contentivo de los significados y clasificaciones de los siguientes términos con sus respectivas desambiguaciones: “Guiso”, “martillo”, “matraca”, “movida”, “cuánto hay pa’ eso”, “queso”, “tajada”, “bájate de la mula”, “mordida”, “vacuna”, “pellizco”, “alcabala”, “cepillo”, “ñiqui-ñuqui”, “trinquete”, “pa’ yo” “payola”, “movimiento ‘e bemba” (muy en boga cuando nos desgobernaba el supuesto inmortal); “carne en el gancho”, “movimiento del bigote” (desde que tras unos mostachos tiznados con Igotín –¡Ayyy, además de ratero, lo que le faltaba– se entronizó, otro narcodesgobernante, chorizo compulsivo, como su predecesor); “mi barato”, “mi baratario”, “lo mío”, “¿Me quieres o no me quieres?”, “redistribución roboLucionaria de la riqueza”.

Hasta lenguaje por señas, muecas, morisquetas, golpes en clave Morse, sobre la mesa o sobre las panzas de los participantes en los repartos de botín, han sido institucionalizados para quedar a salvo de cualquier escucha indiscreta.

El Monumento al Corrupto Desconocido es una de las iniciativas novedosas del Museo. A los saqueadores redomados de Venezuela, generalotes, diputados, pretendidos próceres, enchufados en general, los conocemos y reconocemos todos. Cuando la hora sea llegada, habrá que sacarlos del último inodoro, en el que se escondan. Mientras les alcance el cuero, que homenajeen a sus héroes anónimos, que por acción u omisión han contribuido con el mayor saqueo de la Historia Universal.

@omarestacio

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