La pandemia del coronavirus COVID-19 y la crisis mundial que ha producido ponen nuevamente en evidencia la existencia de dos Américas, una democrática y otra dictatorial.

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La democrática, con gobiernos elegidos, alternancia en el poder y libertad de prensa, y la dictatorial, bajo regímenes usurpadores que violan los derechos humanos. Esta pandemia prueba la naturaleza delictiva de los dictadores castrochavistas y la gravísima situación de indefensión de los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La libertad de expresión y la libertad de prensa son condiciones esenciales que demuestran el vigor de la democracia. El derecho a emitir libremente las ideas, disentir y oponerse por los medios legales, son elementos inherentes a la libertad. En las dictaduras castrochavistas son acciones proscritas que el régimen reprime con censura, persecuciones judicializadas, detenciones indebidas, torturas, exilio y asesinatos.

Vale la pena reiterar que el “castrochavismo” es “la denominación que describe el sistema de crimen organizado transnacional que usurpa el poder político en Cuba, Venezuela y Nicaragua (lo hizo en Ecuador y Bolivia), que debe ser tratado como una estructura de delincuencia organizada y no como proceso político”. Es el acrónimo resultante de sus creadores Fidel Castro y Hugo Chávez que a partir de 1999 expandieron las capacidades criminales de la dictadura cubana con el petróleo y riqueza venezolanos.

En lo que va del siglo XXI, el castrochavismo ha desestabilizado e incluso llegado a liderar las Américas con engaño, violencia, destrucción institucional, miseria, crímenes, corrupción, exilio y construcción de narco estados. En los países que ha controlado, como Ecuador con Rafael Correa y Bolivia con Evo Morales, y en los que usurpa actualmente el poder, Cuba con Castro/Díaz Canel, Venezuela con Maduro/Cabello y Nicaragua con Ortega/Murillo, ha destrozado los sistemas de educación, salud, producción, industria, económico-financiero, institucional y social.

El COVID-19 encontró a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua en crisis económicas y sociales terminales, en situación de miseria, con crisis humanitarias, como narco estados, con sus sistemas de salud prácticamente inoperativos por insuficiencia de recursos, medios e insumos y con condiciones de vida de sus ciudadanos por debajo de las mínimas sanitarias y de alimentación, con centenas de presos políticos y millones de exiliados. La situación en que los castrochavistas dejaron los sistemas de salud en Ecuador y Bolivia no es diferentes.

En estas condiciones, frente al COVID-19, la dictadura jefe de Cuba optó por usufructuar la situación ofreciendo -sin éxito- sus “médicos esclavos” a otros países en busca de generar ingresos. En el peor momento incentivó su decreciente industria de turismo, aceptó un crucero con pasajeros enfermos y finalmente optó por simular una lucha contra la pandemia anunciando un cierre de fronteras. Es notable que pese a la férrea represión, la sociedad civil en diversas forma y particularmente bajo la campaña “PA’LA CALLE” con su distintivo de color amarillo, protesta señalando que se sienten desprotegidos frente al coronavirus y que la dictadura actúa con “negligencia y desatención” ante la emergencia.

El régimen usurpador de Venezuela usa la pandemia para recuperar el “poder factico de Maduro” con el apoyo militar. Intentó sonsacar 5.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional con el pretexto del COVID-19 y luego de fracasar optó por la manipulación y falsificación de la información, reprimiendo y apresando ciudadanos y periodistas, usando como pretexto falsos casos de coronavirus. Ha buscado diálogo con Colombia que como todos los vecinos le han cerrado la frontera. Es uno de los focos más serios de infección por la relación de intercambio con Irán que está seriamente afectado por la pandemia.

En Nicaragua Daniel Ortega y Rosario Murillo decidieron afrontar “la pandemia con amor y marchando”, habiendo convocado y realizado una marcha el sábado 14 de marzo, cuando en todo el mundo se prohíben las reuniones y las concentraciones masivas.

Las tres dictaduras castrochavistas manejan la situación con control de información, supresión de internet, noticias falsas, represión a la libertad de expresión y de prensa. Los dictadores están usando la pandemia para fortalecerse en el poder que usurpan cometiendo más crímenes, afirmando su poder de hecho para continuar sometiendo y oprimiendo. Es una situación que puede convertirse en una “hecatombe” o un “genocidio” contra pueblos que solo aumentan en su grado de indefensión.

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