Hay quienes no les gusta concurrir a lugares donde suelen encontrarse mucha gente, máxime con las macabras imágenes que anda dejando a su paso el terrorismo por doquier.

Muchos no se quieren ver envueltos en un repentino y escabroso tropel, si sucede algo como lo que ocurrió la noche del pasado sábado en el Dolphin Mall, tan pronto se escucharon presuntos disparos en su interior.

Es de reconocer que la prensa fue tan rápida como las autoridades del orden en atender el suceso.

Y si bien la TV exhibía su prontitud entrevistando a personas visiblemente asustadas, sitios web como el de Diario las Américas, citaban poco después al Jefe policial de Sweetwater, Plácido Díaz, planteando con sosiego que el incidente pudo ser provocado por muchachos al activar unos juegos pirotécnicos.

Algunos ejemplos de redes sociales sólo funcionaron para dar la alarma y avivarla, exhibiendo imágenes de un ejercicio de evacuación, lo cual no era lo que realmente estaba sucediendo.

Quizás por eso la información brindada por el Sr. Díaz no fue aprehendida lo suficiente, y hubo entonces quienes seguían con un pavor inexplicable, aún cuando ya estaban protegidos en sitios alrededor del mega complejo comercial.

Este comentarista confrontó a varios adolescentes y jóvenes, quienes con sus exagerados exhibicionismos y ñoñerías, impedían reinar la calma en el prójimo, dejando incluso mal parados a sus padres al querer controlarlos.

Ante semejantes escenas, me atrevo a sugerir la impartición de entrenamientos específicos por parte de expertos en escuelas e iglesias, en los cuales se implique también la familia.

Sería cosa de aprender y practicar respuestas conductuales más positivas y firmes en casos similares al ocurrido dentro del mayor centro comercial de ventas minoristas en Miami-Dade.

Es de recordar que en los años 50, a partir de la amenaza por la proliferación atómica mundial, los educandos del país recibían entrenamiento de protección y evacuación. Hoy día, continúan los simulacros en cualquier sitio, pero se focalizan mayormente en el escape por un incendio.

Sea como fuere, todo protocolo de seguridad debería revisarse y ampliarse ante la omnipresente e inminente presencia del terrorismo actual.

No todos somos valientes. Pero tampoco es de consentir que un grupo de “flojos” o inexpertos hagan que otros sigan siendo presas del caos en un momento dado.

Si nos adiestráramos en cómo conducirnos positivamente, habrían menos chances para ridículas inacciones de llantos y aspavientos. Dejaríamos menos márgenes en definitiva de estar a merced de las circunstancias o del enemigo que acecha.

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