viernes 22  de  septiembre 2023
OPINIÓN

¿Por qué es importante la lucha por los derechos humanos?

Visión analítica desde Washington DC, la capital del país, donde el poder y sus efectos tienen otras perspectivas

La desaparición física del exgobernador de Nuevo México, exembajador ante Naciones Unidas, excandidato presidencial, amén de otras innumerables funciones desempeñadas durante su larga carrera, no borrará su legado como promotor de la paz, los derechos humanos y el diálogo global.

Muestras de su intensa actividad humanitaria se encuentran en la página web del Centro Richardson que lideraba, donde por ejemplo se lee: “El gobernador Bill Richardson y el Centro Richardson se sienten aliviados de que los prisioneros estadounidenses Tomeu Vedell, Alirio y José Luis Zambrano, Jorge Toledo, José Pereira, Matthew Heath y Osman Khan hayan sido liberados de prisión en Venezuela y estén de camino a casa, para reunirse con sus familias”.

El gobierno de Venezuela mantenía detenidos a dos exsoldados de las fuerzas especiales estadounidenses, Luke Denman y Airan Berry, por liderar un intento fallido de incursión, destinado a capturar a Maduro. Vadell, Toledo, José Luis Zambrano, Alirio Zambrano y Pereira eran cinco de los seis ejecutivos petroleros estadounidenses conocidos como los 6 de CITGO.

Su gestión no estuvo exenta de controversia.

En otro episodio, Cuba acusó a Richardson de difamación y negó haberlo invitado a La Habana para conversar sobre el prisionero estadounidense Alan Gross.

Gross, antes de ser liberado en 2014, cumplia cinco años de condena de un total de 15 por llevar equipos de Internet a Cuba.

Pero los antecedentes de Richardson vienen de tiempo atrás.

En 1998, un titular de Los Angeles Times daba cuenta de cómo Richardson, como representante ante Naciones Unidas, recibió una promesa de paz durante una de sus visitas a Afganistán.

Ha corrido mucha agua, desde entonces.

Ahora que se cumplieron dos años desde la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, en agosto de 2021, el presidente, Joe Biden, se mantiene firme en mantener las sanciones contra los talibanes y no liberar los 7.000 millones de dólares en activos financieros pertenecientes a Afganistán, congelados en bancos estadounidenses.

¿Tiene razón?

Los argumentos de Biden para no flexibilizar las restricciones parecen difíciles de cuestionar.

Desde que tomó el poder, el gobierno talibán prohíbe a las mujeres trabajar e ir a la universidad y a las niñas asistir a la escuela.

Pero, por otro lado, la guerra civil que se esperaba, tras la salida de Estados Unidos, no ha sucedido.

Además, los talibanes han reducido significativamente los cultivos de amapola y hasta ahora no se percibe un retorno de la organización terrorista Al Qaeda, un punto clave de las negociaciones bilaterales para el acuerdo de paz, negociado en Qatar.

Curiosamente, Afganistán está viviendo una paz desconocida en décadas, aunque todavía enfrenta la amenaza terrorista del Estado Islámico (ISIS), que ha provocado numerosos ataques suicidas.

Sin embargo, el país ha retrocedido dramáticamente en términos de derechos humanos.

Las mujeres afganas han sido las más afectadas. Esa igualdad y libertad que disfrutaban, mientras la coalición liderada por Washington intentaba llevar al país al siglo XXI, no existe más.

Ahora son prisioneras en sus hogares, y aquellas que han intentado estudiar en otros países, se les ha prohibido la salida.

Cuando bajo la presidencia de Donald Trump se negoció el fin de la guerra con los talibanes, se contaba con que los militantes insurgentes permitirían más libertades cuando regresaran al poder.

Eso, no fue más que una ilusión aun cuando los talibanes afirmaran que, la vida de las mujeres sería mejor que cuando gobernaron el país por primera vez, entre 1996 y 2001.

Entonces, ¿significa esto que Biden no deberá cambiar de opinión sobre el levantamiento de las sanciones?

Sin duda, el pueblo afgano necesita toda la ayuda que pueda obtener, pero si se descongelan sus activos ¿se puede confiar en que los talibanes los invertirán para mejorar la calidad de vida de su gente?

Sólo hay un camino para resolver este estancamiento.

Los gobernantes talibanes deben aceptar que, si quieren ser reconocidos por la comunidad internacional, deberían restaurar los derechos humanos que arrebataron y apoyar la libertad democrática en el país.

Esa misma libertad, considerada como la ausencia de coerción o restricción en la elección o acción, de los individuos y mientras esto no suceda, los esfuerzos deben continuar, para dar voz a aquellos que no la tienen.

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