La peste actual tiene muchas caras; esto es, son muchas las versiones. Lo cierto es que se lleva los titulares y hay como una carrera o ranking en la que la prensa, los medios tradicionales, se han involucrado olvidando que su primera tarea es informar al publico.

Parece que hay como una especie de algarabía al informar la cantidad de muertos de Trump, en EEUU, y de Bolsonaro, en Brasil.

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Que Trump y Bolsonaro son unos energúmenos enemigos de la prensa, sí. Sin duda. Pero eso no significa que se pierda la brújula al momento de informar. El público puede demorarse un poquito, pero se da cuenta.

Por ejemplo, le va extrañando qué no se dé a Putin o López Obrador el mismo destaque y maltrato que se le da a Trump y Bolsonaro, cuando la situación en Rusia y México también es muy problemática. Parecería que lo que pasa en Rusia o México es causa del COVID-19, mientras que en EEUU y Brasil es por culpa de Trump y Bolsonaro. La gente lo ve y se pierde la credibilidad.

Ambos, Donald y Jair, sin duda son enemigos de los periodistas, de la libertad de prensa y querrían que los ciudadanos solo se informaran por Twitter. Es decir, por sus Twitters. (Aunque ahora Trump se enojó y arremete también contra el que fue su mayor instrumento de “diálogo”).

Pero la prensa no puede dejar que ellos le marquen la huella. Así se hace imposible retomar las riendas para fijar la orden del día, que es el chance que la peste les da. Las redes, entonces y con todo lo que sabemos que entrañan, mantendrán la primacía y a caballo de ellas van los Trump, Bolsonaro, y los equipos de trolls de los Maduro, Fernández-Fernández Kirchner, Podemos-Pedro Sánchez.

En tanto, diarios como Globo y Folha de Sao Paulo en Brasil resolvieron que sus reporteros no cubrirán más la información en el Palacio de la Alvorada (presidencia). Y ello porque sus reporteros son insultados y abucheados por militantes del presidente. ¿Y qué: van a dejar que los brasileños sean informado por lo que Bolsonaro y sus seguidores digan por Twitter?

La obligación de la prensa es informar y mostrar los hechos y las personas, y éstas tal cual son,y más si tienen poder y son unos energúmenos.

El periodismo es una profesión de riesgo, es lo que se ha dicho siempre. No puede amilanarse por unos insultos e incluso agresiones. En época de Chávez, éste, en los mítines, desde la tribuna, señalaba a los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que estaban en medio del turba y los insultaba, se burlaba de ellos y los acusaba. Y esto se sabe porque los periodistas, fotógrafos y camarógrafos cubrían los hechos in situ.

AMLO, va mucho más allá que Bolsonaro y sin embargo no recibe tanta “promoción”. La SIP condenó y calificó de “ incitación a la violencia” la conducta de López Obrador, quien –denuncia la organización– en forma sistemática y periódica aprovecha sus conferencias de prensa matutinas para estigmatizar a los medios de comunicación y a los periodistas a los que califica cotidianamente de amarillistas, corruptos, alarmistas, calumniosos y opositores. Sin embargo, ni medios ni periodistas mejicanos han dejado de cubrir a AMLO y sus “naziconferencias”, según se las califica a nivel popular.

Y Maduro sigue con lo suyo y el problema de la gasolina, en el país con la segunda mayor reserva petrolífera del mundo, lo soluciona con petróleo que le manda Irán.

Nos informa, además, que en Venezuela hay menos de mil contagiados y los muertos por coronavirus son 10. Así como lo lee: en un país con 30 millones de habitantes, con hospitales desechos y desabastecido, en los que no hay agua ni para que los médicos se laven las manos, solo 10 muertos. De donde sacó el dato Maduro, ¿se lo contó un pajarico?

Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins advierten que esas cifras son falsas y absurdas, cosa que todos calculábamos. Según estas dos instituciones en una estimación conservadora, dada la población y la situación crítica que se vive en Venezuela y particularmente en el sector de la salud, una estimación conservadora sitúa en al menos 30.000 el número de muertos.

Maduro está mintiendo y ningún periodista ni ningún medio parece que se había dado cuenta. Pasa como con México y AMLO.

El problema , insistimos, es que lo que está en juego es la credibilidad y se está perdiendo una magnifica oportunidad para que los medios tradicionales resurjan más vigorosos y recuperen el manejo de la agenda informativa.

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