¡Ni qué decirlo! La detención de Alex Saab es para Maduro la peor noticia recibida desde que asumió el poder. Las conspiraciones, los problemas internos, las disputas con Cilia no pueden compararse con la información recibida el pasado 12 de junio que reportó que el hombre que posee la data más completa de sus delitos y los secretos de sus finanzas había sido detenido en Cabo Verde, al oeste de África.

En esta circunstancia algunos expertos en inteligencia política temen por la vida del empresario colombiano –y ahora de manera expedita también venezolano–. ¿La razón? La estructura financiera de la corporación criminal que sostiene Venezuela está en peligro y cualquiera de los afectados trataría de impedir por vías distintas a las legales que el detenido abra su boca.

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Desde el momento de la captura de Saab, Maduro ha activado gestiones varias. Algunas de ellas se han salido del guion de los aliados cubanos, rusos y chinos tratando de evitar que Estados Unidos se lleve el trofeo.

Sin duda, Maduro está fuera de control. La detención durante varias horas del ministro de Finanzas, Simón Zerpa, –registrada en primicia por el exgobernador Carlos Tablante– fue una acción que evidenció la paranoia del régimen e hizo un ruido innecesario en la buena comunicación con los chinos. De Zerpa sospechan que la disputa con Saab por los negocios haya llevado a entregarlo. Sospechan, pero aún no están seguros de ello.

Más recientemente, la noticia de que Cabo Verde había aceptado iniciar el proceso de extradición después de negar una primera solicitud de habeas corpus activada por la defensa de Saab, se revolcó en la cabeza atormentada de Maduro y se mezcló con el anuncio de que la Unión Europea había agregado once nuevos nombres a la lista de funcionarios sancionados que actúan contra la democracia, en especial contra la Asamblea Nacional y su presidente, Juan Guaidó. La lista de los sancionados la encabezó Luis Parra, entusiasta militante de la fracción Clap, subalterno descarado de Alex Saab.

El castigo no debía sorprender ni enturbiar la confianza que Maduro tenía depositada en la UE, tanta, que había anunciado la invitación a dicha entidad geopolítica para que participara como observadora en sus planeadas elecciones parlamentarias previstas para el próximo diciembre. Sin embargo, el usurpador estalló. Nadie lo pudo controlar en medio de una circunstancia de riesgo al tener prevista la intervención diaria vespertina, en la que disfruta anunciar sobre los contagiados por coronavirus, cuando celebra los muertos en Estados Unidos, acusa a los venezolanos de ser cepas transmisoras enviadas desde Colombia como armas biológicas y asusta a los locales con el placer de subir o bajar el meñique –cual emperador–: “Vamos a darle unos días libres; no, no, ya no, pao pao, los vuelvo a encerrar…”, y así.

Entonces, a esa situación planteada al final de la tarde del pasado lunes, Maduro llegó muy alterado. No por el aumento de contagiados en Venezuela. Sabemos que nada le importa la vida de los venezolanos. La preocupación era por la noticia de que Saab estaba un paso más cerca de las manos de los norteamericanos y que se alejan las posibilidades de liberarlo. A eso se unió la furia por la sanción contra sus pichones, por cuya voluntad había pagado muchos dólares para intentar presentar como legítimas unas elecciones fraudulentas.

Así que Maduro reaccionó sin consultar a los cubanos, que son los que gobiernan. Su soberbia lo impulsó, se sintió inspirado. Y así, decidió expulsar a Brilhante Pedrosa, embajadora de la UE en Venezuela.

El riesgo de perder negocios tiene agobiado al matrimonio Maduro-Flores que con esta decisión se afianza en la trinchera de la confrontación y cierra el paso a la Unión Europea cuyo trato tibio ante la dictadura venía siendo interpretado como una mirada de debilidad.

Pues ahora esa consideración se complicó. Maduro ha expulsado a países que no se metían en la política venezolana, ha descartado 40 por ciento de la ayuda humanitaria y, sobretodo, se ha mostrado como el personaje que ha denunciado el gobierno interino. Como el dictador arbitrario, injusto e intolerante que no acepta decisiones en contra y que en unas elecciones no permitirá resultados adversos porque impondrá el control de todo el proceso, el cual tendrá que refrendar solo lo que le favorezca. En ese escenario, la observación internacional será negada y la trampa está cantada.

Por fortuna, lo sucedido cohesiona a la oposición. Y desenmascara aún más a Maduro. ¡Que sigan las noticias contra Alex Saab!

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