Desde siempre, los presidentes de Estados Unidos han reconocido el poder de la palabra como vía de comunicación directa para motivar, advertir, tranquilizar y guiar al pueblo.

Hacia el final de su segundo mandato como primer presidente de Estados Unidos, George Washington anunció su retiro del cargo en una carta cuyo mensaje todavía resuena.

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Aunque muchos temían por el futuro del país sin su liderazgo, Washington tranquilizó a la nación afirmando que estaban listos para seguir sin su presencia, pero alertó sobre la creciente división entre los entonces partidos Federalista y Demócrata-Republicano y otras facciones que buscaran socavar la integridad del gobierno.

Cuando asumió la presidencia en 1961, el joven John F. Kennedy se encontró ante la monumental tarea de fortalecer al país ante el nerviosismo creado por la Guerra Fría y un posible enfrentamiento nuclear con la otrora Unión Soviética.

“En la larga historia del mundo, solo a unas pocas generaciones se les ha otorgado el papel de defender la libertad en su hora de máximo peligro. No retrocedo ante esta responsabilidad, le doy la bienvenida” dijo Kennedy y agregó “entonces, mis conciudadanos: no pregunten qué puede hacer su país por ustedes, pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país. Mis conciudadanos del mundo: no pregunten qué hará Estados Unidos por ustedes, sino qué podemos hacer juntos por la libertad del hombre”.

El periódico The Washington Post publicó en 1989 una investigación de psicología de Harold M. Zullow y Martín E. P. Seligman, en la que se preguntaban si George H. W. Bush (1989-1993) sería un gran presidente.

Según la entrada “las técnicas psicológicas que en general han demostrado ser precisas en el pasado sugieren que, aunque George Bush padre tiene precisamente las características adecuadas para ganar una elección, no son suficientes para ser presidente”.

Según el estudio, la orientación a la acción tiende a predecir un liderazgo enérgico y activo y los discursos de Bush obtuvieron una puntuación baja en esa categoría.

“Las partituras inaugurales de Bush, cercanas a las de Gerald Ford, presagian una presidencia no destinada a dejar mucha marca”, decían entonces Zullow y Seligman.

Bush no logró conectar con el ciudadano común en medio de eventos como la caída del muro de Berlín, la reunificación alemana, la invasión estadounidense a Panamá, la guerra del Golfo o la disolución de la Unión Soviética, que finalizó la Guerra Fría, y perdió la reelección ante el declive económico nacional.

Entonces, ¿es la retórica o la acción lo que define una presidencia?

En 1995, el American Journal of Political Science buscó indagar sobre el impacto de la retórica presidencial en la agenda pública, encontrando que mientras más atención prestaron los presidentes a las áreas de política en sus discursos más preocupado y pesimista se volvía el público, según el artículo de Jeffrey E. Cohen.

Resulta que el presidente Joe Biden ha sido blanco de las críticas por hacer declaraciones, en diferentes contextos, que probaron no ser apropiadas para el consumo público.

Primero, dio la impresión de que si Rusia lanzaba una incursión menor en Ucrania en lugar de una a gran escala, la respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no sería tan contundente, revelando así las divisiones del clan europeo sobre cómo responder en tales circunstancias.

La opinión pública se sorprendió de que el presidente Biden parecía decir que una acción menor de las tropas rusas en la frontera no sería considerada como una invasión total, lo cual enviaba un mensaje equivocado a Moscú.

En otra ocasión, el Presidente dijo que si el Senado no aprobaba su proyecto de ley de derecho al voto, destinado a reformar todo el proceso electoral, las elecciones intermedias de noviembre podrían ser “ilegítimas”.

La insinuación fue controversial especialmente cuando el Congreso todavía está investigando el asalto al Capitolio del 6 de enero del año pasado, luego de la afirmación del expresidente Donald Trump de que la elección presidencial de 2020 fue ilegal.

Biden es conocido por decir lo que piensa y tal vez el ensayista inglés George Orwell, quien era contrario a las versiones manipuladas de la realidad, diría al respecto “en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.

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