Como si de un secuestro se tratase, los venezolanos tenemos la responsabilidad de rescatar la Industria Petrolera Nacional del desastre al que la han llevado los operadores criminales de la tiranía.

Al día siguiente de verificarse la caída de la dictadura, quienesquiera que asuman las funciones del nuevo gobierno, tendrán la titánica tarea de recuperar cada uno de los sectores del país.

Ello impondrá una inmensa serie de retos, cada uno más importante que el otro, para lograr la más rápida recuperación y estabilización de los distintos sectores que componen la vida nacional, entre los que caben destacar: alimentación, salud, seguridad, justicia, educación, infraestructura, vivienda, industria, comercio y servicios.

A pesar de la censura y de la criminalización de la disidencia que profesa la tiranía en contra de los ciudadanos de bien, debemos informar que grupos importantes de profesionales y técnicos venezolanos, tanto dentro como fuera del País, hemos dedicado y seguiremos dedicando esfuerzos en forma gratuita y voluntaria, a través de ONG´s, elaborando planes de emergencia que le servirán al País, a partir del día D+1, para la mejor y más rápida recuperación de los sectores considerados neurálgicos en el proceso de rescate de Venezuela.

Sin desmerecer la importancia de cada sector a rescatar, en esta ocasión queremos referirnos, dentro del Económico, a la Industria Petrolera Nacional (IPN), dado el alto impacto que la regularización de sus operaciones será capaz de generar en favor de la recuperación de la Nación.

En este sentido, un grupo interinstitucional conformado por más de un centenar de ciudadanos venezolanos ejemplares ligados tanto al sector energético, como a distintos gremios profesionales, a muy reputadas ONG´s y, por supuesto, a la PDVSA Azul (Azul, para contraponerla a la actual PDVSA roja-rojita de las pérdidas, de la vergüenza y de la corrupción), participaron activamente en la elaboración un excelente material denominado Plan de Emergencia para la IPN, con el claro y expreso propósito de “… reimpulsar nuestra Industria Petrolera Nacional y redefinirla para que realmente transforme nuestro petróleo en riqueza para la nación y calidad de vida para sus ciudadanos …”.

En el referido Plan de Emergencia se presenta un muy crudo diagnóstico de la actual situación operacional de la IPN, que deja claramente expuesta la incompetencia manifiesta de sus actuales gestores. De los más de 3 millones de barriles de petróleo por día producidos por la PDVSA Azul al inicio del actual régimen en 1999, se espera que la PDVSA roja-rojita esté produciendo cerca de 1 millón de barriles por día al cierre de este año. Han destruido y pulverizado más del 70% del valor de nuestra Industria Petrolera, ubicando la producción en los niveles más bajos de los últimos 69 años (1947) y avanzan velozmente para completar su labor de destrucción total en un muy breve lapso.

El Plan efectúa una diferenciación de tres fases en el tiempo, a saber:

  • Fase de Emergencia, plazo inmediato – primeros meses desde el día D
  • Fase de Transición, corto plazo – hasta 2 años
  • Fase de Transformación, largo plazo

También se identifican en el Plan las acciones prioritarias que han de acometerse en los primeros meses (fase de emergencia), los profesionales petroleros venezolanos que actualmente trabajan en el extranjero, capaces de asumir los centenares de posiciones clave de la IPN y que han manifestado su disposición a regresar para apoyar las labores de recuperación, la necesaria participación del capital privado, tanto nacional como foráneo, y los requerimientos legales que deben ser rápidamente implementados por el poder legislativo para atraer la inversión privada directa.

Los venezolanos tenemos en frente una oportunidad excepcional, como pocas veces se le ha presentado a las sociedades en la historia de la humanidad, de renegociar un pacto social en momentos en que las estructuras institucionales, incluyendo a los partidos políticos, están prácticamente arrasadas y las fuentes de recursos financieros indispensables para el rescate del País dependen de entes multilaterales que van a condicionar sus ayudas, no solamente a la adopción de medidas económicas prudentes, similares a las del llamado Consenso de Washington, sino también a la negociación de nuevos esquemas y normas de relacionamiento entre el Estado y sus ciudadanos.

juanriquezes@gmail.com

@juanriquezes

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