Si a algún estadounidense se le ocurriera, aún en tiempos de pandemia, viajar a Irán, el Departamento de Estado le informaría de una alerta máxima número 4 que sostiene: “Los ciudadanos estadounidenses que visitan o residen en Irán han sido secuestrados, arrestados y detenidos por cargos falsos.”

La alerta concluye con el aviso de que Estados Unidos no tiene relaciones diplomáticas o consulares con la República Islámica de Irán.

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Esto da cuenta de una historia que ha sido complicada.

A lo largo de los años, ha habido más bajos que altos, iniciando con la participación de Estados Unidos en 1953 en la instauración de un régimen amigable, que fue encabezado por el entonces sha Rehza Pahlavi, un exoficial militar de la brigada cosaca de Persia.

El programa nuclear iraní fue lanzado en la década de los años 1950, con apoyo de Estados Unidos, hasta que la llamada revolución iraní de 1979, que derrocó al sha, cambió el panorama político bilateral.

En 1979 también se produjo la crisis de los rehenes estadounidenses, cuando estudiantes, seguidores del líder político y religioso ayatolá Jomeini asaltaron la embajada estadounidense en Teherán, durante el gobierno del demócrata Jimmy Carter.

No hay que olvidar la formación de Hezbollah en 1985, un grupo político y militante con sede en el Líbano, opuesto a la participación de Israel y Occidente en el Medio Oriente, que opera con financiamiento y capacitación de Irán, al que Estados Unidos considera como organización terrorista.

Entre 1985-1987, Estados Unidos buscó vender secretamente armas a Irán, a pesar del embargo, a cambio de la libertad de siete rehenes estadounidenses retenidos por militantes afines a Irán. Sin embargo, parte del dinero se usó para financiar a grupos de milicias nicaragüenses conocidas como contras, que intentaban derrocar al gobierno revolucionario socialista del Frente Sandinista de Liberación Nacional, durante la presidencia del republicano Ronald Reagan.

La administración de Bill Clinton amplió las sanciones durante la guerra Irán-Irak, (1980-1988), colocando un embargo comercial y petrolero sobre Teherán.

Años más tarde, un informe de inteligencia estadounidense, de 2007, señalaba que Irán dejó de desarrollar armas nucleares en 2003 pero que continuaba enriqueciendo uranio y aún podría desarrollar armas atómicas.

En 2008 la Agencia Internacional de Energía Atómica alertó que el desarrollo de armas nucleares iraníes seguía representando "un asunto de gran preocupación".

Hubo un tiempo en que Irán causó también preocupación en Washington, por su creciente presencia en América Latina, especialmente por su cercana relación con la Venezuela de Hugo Chávez, aunque las relaciones entre Irán y Venezuela se remontan a los años 1960, cuando ambos países lideraron a un conjunto de naciones petroleras para establecer la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo que atrajo a Iraq, Kuwait y Arabia Saudita entre los cofundadores de la organización internacional.

Los lazos se estrecharon con la llegada de Mahmoud Ahmadinejad en el 2005, quien emprendió una agresiva política exterior para establecer vínculos con naciones opuestas a Washington, como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

En 2015, Estados Unidos y otros cuatro miembros permanentes de Naciones Unidas, anunciaron un acuerdo integral para limitar el enriquecimiento de uranio y permitir la entrada de inspectores internacionales a cambio del levantamiento de las sanciones.

Luego, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, hubo un cambio de estrategia y Estados Unidos se retiró del acuerdo e intensificó las sanciones.

Ahora el ataque aéreo ordenado por el presidente Joe Biden contra una milicia respaldada por Irán en Siria, en respuesta a los recientes ataques contra tropas estadounidenses estacionadas en Irak, despertó interrogantes, todo a cuenta que se esperaba más diplomacia estadounidense luego de que “la nueva administración estaba en conversaciones con Corea del Sur para liberar al menos mil millones de dólares en activos iraníes congelados”, según un artículo del WSJ.

¿Puede Biden, luego de esta acción, situarse en la posición de fuerza necesaria para persuadir a su adversario iraní de la conveniencia de negociar una entente nuclear?

A menudo en las relaciones internacionales, las negociaciones de paz producen mejores frutos cuando la disposición a hacer la guerra está igualmente presente en la agenda.

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