viernes 20  de  febrero 2026
OPINIÓN

Síndrome de Peter Pan, ¿por qué renunciamos a crecer?

El miedo a crecer y asumir responsabilidades se manifiesta en adultos que evitan compromisos, influenciados por traumas, crianza y presión cultural

Diario las Américas | Dra VIOLETA GARCÍA
Por Dra VIOLETA GARCÍA

En tiempos donde la juventud es exaltada como ideal de vida, no es raro encontrar adultos que parecen haberse quedado estancados emocionalmente en una especie de adolescencia prolongada. A este fenómeno se le ha dado el nombre de síndrome de Peter Pan, en referencia al personaje de J.M. Barrie que se rehusaba a crecer y vivir en el mundo de los adultos. Aunque no figura como un trastorno oficial en manuales diagnósticos como el DSM-5, el término se ha instalado en la psicología popular para describir ciertos patrones conductuales y emocionales persistentes en la adultez.

El concepto fue introducido en 1983 por el psicólogo Dan Kiley, quien observó en varios pacientes un comportamiento evasivo ante las responsabilidades propias de la edad adulta. Las personas que presentan características asociadas a este síndrome tienden a evitar compromisos afectivos estables, postergan decisiones importantes — como independizarse, tener hijos o asumir roles laborales serios— y muestran una gran dependencia emocional hacia otras figuras, ya sean familiares, amistades o parejas.

Desde un enfoque psicológico, este tipo de conducta no puede reducirse a una simple inmadurez o falta de voluntad. Es importante comprender que, en muchos casos, se trata de una respuesta aprendida frente a experiencias tempranas de inseguridad, sobreprotección o incluso negligencia emocional. Factores como una crianza excesivamente permisiva o controladora, traumas no elaborados o inseguridades profundas pueden impedir el desarrollo pleno de la autonomía, el sentido de identidad o la confianza en uno mismo.

Autores como Erik Erikson aportan una visión estructurada del desarrollo psicosocial, indicando que cada etapa de la vida conlleva tareas que deben ser resueltas para avanzar hacia la siguiente. En el caso del adulto joven, la búsqueda de la intimidad, el sentido del propósito y la capacidad de sostener vínculos son fundamentales.

Cuando estas tareas quedan incompletas, puede aparecer la evasión como mecanismo de defensa frente a las demandas del entorno.

Aquí es donde vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: ¿Qué imagen tenemos de la adultez? ¿La vivimos como una etapa de crecimiento y realización o la vemos como una renuncia forzada a nuestra libertad y espontaneidad?

Por otro lado, el contexto sociocultural también cumple un rol relevante. Vivimos en una época donde el ideal de “ser joven para siempre” se refuerza constantemente en los medios, mientras que la adultez se presenta, muchas veces, como sinónimo de rutina, carga y pérdida de libertad. Esta visión distorsionada puede reforzar el miedo a crecer y contribuir a la evasión del compromiso como un intento de preservar la fantasía de una vida sin responsabilidades.

Desde la psicología, el trabajo con personas que presentan estos rasgos implica, ante todo, generar un espacio seguro para la exploración emocional. No se trata de forzar un cambio inmediato, sino de facilitar un proceso donde el individuo pueda comprender de dónde viene su miedo a crecer, qué significados personales le atribuye a “ser adulto” y cómo puede construir un modelo de adultez propio, más flexible y menos cargado de mandatos sociales.

¿Y si ser adulto no fuera sinónimo de pérdida, sino de elección consciente? Asumir la adultez no significa renunciar a la alegría, la creatividad o el deseo de jugar. Significa integrar esas cualidades con la capacidad de sostener decisiones, cuidar de uno mismo y de los otros, y construir una vida con sentido.

En definitiva, más que un síndrome, Peter Pan puede verse como una metáfora de los desafíos emocionales que enfrentamos al transitar el camino hacia una adultez auténtica, libre y consciente.

Violeta García

IG violeta_garcia_psicologia

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