sábado 10  de  enero 2026
OPINIÓN

Soberanía y derecho internacional

Maduro quebrantaba la soberanía de otros países sin resquemores. En efecto, no sólo enviaba drogas a los Estados Unidos y a otras repúblicas, sino que además financiaba los proyectos políticos de sus aliados locales, asesinaba a sus opositores

Diario las Américas | Rodrigo Pablo Pérez
Por Rodrigo Pablo Pérez

No han faltado las críticas a la abducción de Nicolás Maduro desde Venezuela para hacerlo comparecer ante los Tribunales norteamericanos. Las principales se basan en que la acción estadounidense se opondría a la soberanía venezolana y al derecho internacional.

Ambas críticas son equivocadas, pues el único resultado de escucharlas sería mantener en el poder a un hombre que está ahí precisamente por vulnerar la soberanía venezolana y las más básicas expresiones del derecho necesario para la convivencia de todos los pueblos.

Veamos la primera: ¿se ha quebrantado la soberanía venezolana?

Por el contrario, la acción de los Estados Unidos es el primer paso para que dicha soberanía se recupere. En efecto, ¿será posible imaginar violaciones más graves de la soberanía venezolana que las cometidas por Maduro y quienes siguen detentando el poder en Venezuela?

Ellos gobiernan porque se han robado las elecciones y han restringido las más básicas garantías democráticas de los venezolanos; porque han sustituido el andamiaje institucional del país con sus leales; porque han reprimido a su gente con las fuerzas institucionales, los colectivos armados, los narcos y sicarios, y porque han exiliado a sus opositores y a todos los que no pueden sobrevivir bajo su régimen de miseria y terror, a quienes, usando el hambre como arma, han arrebatado su propio suelo e historia.

Así las cosas, la acción norteamericana da una esperanza al pueblo venezolano de que podrá recuperar la soberanía que ha intentado expresar en las urnas, de que podrá recobrar el control de su destino y de que, algún día, podrá llevar ante sus Tribunales a los usurpadores de su propia determinación.

Veamos ahora el segundo punto: ¿representa la acción de los Estados Unidos una violación del derecho internacional?

La respuesta no es sencilla y depende de una serie de matices que determinan cómo se entiende lo ocurrido.

Sin embargo, el principio rector para resolver este problema debe ser que ninguna interpretación jurídica puede derivar en que el Estado de Derecho, sea nacional o internacional, se traduzca en proteger las acciones que vulneran las normas más básicas y pongan en peligro a la sociedad y sus integrantes, pues el derecho no se ha hecho para proteger el actuar delincuencial, sino a sus víctimas a quienes, además, faculta y, en algunos casos, ordena defenderse.

En este contexto, ¿puede considerarse seriamente vulnerado el derecho internacional cuando se ha detenido y llevado ante la Justicia a un sujeto que violaba de manera sistemática las reglas necesarias para la paz?

Maduro quebrantaba la soberanía de otros países sin resquemores. En efecto, no sólo enviaba drogas a los Estados Unidos y a otras repúblicas, sino que además financiaba los proyectos políticos de sus aliados locales, asesinaba a sus opositores y expandía sus empresas criminales en suelo extranjero.

Más aún, en los casos de Chile, Ecuador, Perú y Colombia, se involucró directamente en la búsqueda de su desestabilización política y de la subversión de sus órdenes constitucionales. En el caso de Guyana, declaró la anexión de una parte importante de su territorio y amenazó al país con una guerra.

También había inundado otras naciones con inmigrantes venezolanos, a quienes utilizaba como arma de guerra híbrida y como medio para extraer recursos económicos. En efecto, pasaba a otros Estados el costo de mantener a su propia población y se apropiaba de parte de su producción mediante las remesas de los desplazados.

En este contexto, la acción de los Estados Unidos es un acto de legítima defensa, ejercida en nombre propio, de los venezolanos y de toda la región, antes que una agresión.

Todas las víctimas de Maduro (personas o naciones) tenían el derecho a defenderse, pero sólo Estados Unidos contaba con la capacidad real para detenerlo y así lo ha hecho. De esta manera, me atrevo a afirmar que ha cumplido un deber jurídico y moral, en nombre suyo y de muchos otros.

Esta columna puede ser objeto de dos preguntas críticas: primero, ¿estaremos ante un paso hacia la libertad de Venezuela o ante su conversión en una colonia norteamericana? Segundo, ¿qué garantías reales puede ofrecer el derecho internacional a los pueblos del mundo para no ser presas de usurpadores de su soberanía o de las grandes potencias?

Esas preguntas pueden ser objeto de otros artículos, pues sus respuestas no afectan, en esta ocasión y en este momento, la legitimidad de lo ocurrido. Al final, el mundo está más seguro debatiendo sobre la acción de los Estados Unidos que sufriendo a Maduro y a los suyos.

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