viernes 12  de  julio 2024
CINE

Talk to Me: los horrores de la generación Z

Talk to Me es una de las mejores películas de terror del año y, sin lugar a dudas, va al top de lo mejor del género en lo que va de esta nueva década
Diario las Américas | LUIS BOND
Por LUIS BOND

De todos los géneros cinematográficos, el terror es uno de los más complejos de llevar a buen puerto. Para muchos teóricos es considerado como una experiencia donde no existen las medias tintas por caminar en una delgada línea entre asustar o hacer el ridículo. Su combustible es el miedo, la primera emoción que experimentamos al nacer y que nos acompaña durante toda nuestra vida como mecanismo de defensa. A pesar de tener sus raíces en el Expresionismo Alemán (uno de los movimientos cinematográficos más interesantes de la historia), durante muchísimos años fue considerado un género menor por ser producido a borbotones y con valores de producción paupérrimos en el cine clase B.

Las cosas cambiaron para el terror cuando autores como Wes Craven, Sam Raimi, George Romero, Dario Argento, John Carpenter, entre otros, comenzaron a explorar a través de este género los miedos más profundos de la psique personal y colectiva. El resultado fueron decenas de películas icónicas y llenas de personalidad, que cimentaron las bases de sus expresiones en la modernidad. En el presente, cineastas como Scott Derrickson, James Wan, Ari Aster, Robert Eggers, han estilizado este género, dotándolo de profundidad psicológica y un discurso visual potente que poco tiene que envidiarle al drama o el suspenso. El éxito de las películas de estos realizadores recae en esconder detrás de cada susto una potente metáfora alrededor de algo que nos genera angustia y de lo que no solemos hablar. Es en este tipo de cine en el que podemos enmarcar Talk to Me, la ópera prima de Danny y Michael Philippou, la nueva apuesta de A24 por el horror Indie (y una de las favoritas de Sundance este año).

La historia se centra en la amistad de Mia (Sophie Wilde) y Jade (Alexandra Jensen), dos amigas —casi hermanas— que están atravesando diferentes procesos en su vida. Mia intenta lidiar con el suicidio de su madre asumiendo una actitud cool e indiferente frente a la vida. Jade está comenzando una relación con el ex de Mia y está preocupada por cómo fluye la dinámica entre ellos. Introvertidas y outsiders, las cosas para ellas se complican cuando, por querer agradar, terminan entrando en contacto con un grupo de compañeros de estudios que suelen organizar unas fiestas bastante peculiares: llevan una mano embalsamada que, al ser estrechada por alguien, hace que fantasmas aparezcan y puedan tomar posesión de la persona. Lo que a cualquier pudiese sonarle como algo aterrador, para este grupo de chicos es una diversión como cualquier otra y que sirve de excusa para grabar videos y transmitir en vivo en redes sociales a sus compañeros poseídos y actuando de forma grotesca. Como es de esperarse, esta dinámica eventualmente se sale de control cuando Mia se da cuenta que la presencia de los fantasmas va más allá de los instantes en los que conversan sosteniendo su mano, trayendo consecuencias funestas para todos.

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Lo que podría confundirse con una película genérica de terror llena de adolescentes irresponsables, posesiones malignas y sustos baratos, gracias al guion de Danny Philippou, Bill Hinzman y Daley Pearson se transforma en una reflexión sobre los verdaderos fantasmas que acosan a la generación Z: el bully, la superficialidad de las redes sociales, los traumas, el suicidio y los hogares disfuncionales. En la misma línea de It Follows (que utilizó los eventos sobrenaturales como una metáfora de las enfermedades de transmisión sexual), Talk to Me es una especie de alegoría alrededor de las drogas. Si cambiamos la mano embalsamada por algún tipo de estupefaciente la historia casi queda intacta: adolescentes se reúnen en las noches a jugar con algo peligroso para tener la validación del grupo —como un acto de valentía—, al probarlo pierden el control de sí mismos —generando la risa de todos, agradando para pertenecer—, esto les da un subidón generando una suerte de adicción que los hace durar más tiempo de lo pensado enganchados en el estímulo que antes les daba miedo, pero ahora les genera placer —en este caso, la mano que posee— y que termina haciendo que el eslabón más sensible de la cadena se rompa y ponga en riesgo su vida.

De la misma forma que su premisa se abre a múltiples lecturas, los personajes de Talk to Me están llenos de complejidades. Como todas las historias que firma A24, el guión se centra en el aspecto más profundo de la psique del personaje. Utilizando como excusa el elemento sobrenatural, la película nos zambulle en un mundo onírico donde Mia debe enfrentarse a la culpa, la rabia, el vacío existencial, la depresión y muchos otros fantasmas que le fueron creados luego de que su madre se suicidara. Una crisis que, por no ser afrontada de forma correcta por el padre ni tener un acompañamiento terapéutico, termina siendo proyectada en la dinámica perversa con la mano embalsamada que permite establecer una comunicación aparente con su madre y el mundo de los muertos. Esto permite que Talk to Me sea un viaje que comienza como una película de terror, para sorprendernos con un setting ambivalente (donde sentimos miedo por la irresponsabilidad de los chicos jugando con un elemento paranormal) que nos sumerge en la psique Mía donde, progresivamente, se van desdibujando las fronteras entre el mundo de los vivos y de los muertos, entre lo real y la fantasía, entre la culpa y el altruismo, entre la destrucción y la salvación.

A pesar de ser su ópera prima, la dirección de Danny y Michael Philippou brilla en múltiples aspectos y demuestra un dominio encomiable del lenguaje cinematográfico. La dupla logra construir un mood (apoyados en la cinematografía llena de claroscuros de Aaron McLisky) donde estamos en suspenso durante toda la proyección, moviéndose con facilidad entre el drama, el thriller psicológico y el terror. Los sustos que nos generan tienen como base la tensión que va in crescendo en algunas escenas, pero de vez en cuando nos sorprende con un par de jump scare bastante originales. Hay momentos que rozan el gore y que harán que muchos se retuerzan en sus asientos por lo kinestésico de su propuesta. En el tercer acto, donde el mundo onírico toma mucha más preponderancia, es cuando los directores brillan más, jugando con nuestra percepción de las cosas y manteniéndonos en una perenne angustia. El trabajo con los actores está también a tono con toda la propuesta, enseñándonos la parte más detestable y vulnerable de los adolescentes, teniendo en todos los protagonistas registros complejos que van desde una crisis existencial, una posesión, hasta terminar en el desasosiego y la locura (un viaje harto complicado, sobre todo tratándose de actores jóvenes).

Talk to Me es una de las mejores películas de terror del año y, sin lugar a dudas, va al top de lo mejor del género en lo que va de esta nueva década. Trae ideas que ya han sido exploradas por otros autores, pero planteadas de una forma moderna alejándose de los vicios y lugares comunes del terror. Sus múltiples lecturas la elevan por encima de sus homólogas y demuestran el potencial narrativo y expresivo de este género que, por muchísimo tiempo, ha sido subvalorado por la crítica. Definitivamente, Danny y Michael Philippou serán voces que seguiremos disfrutando en este género tan complejo en el futuro. Dejando a un lado los sustos, los momentos gore y todo el elemento paranormal, Talk to Me es una película que da miedo por lo real que es.

En ella vemos a toda una generación se toma a la ligera situaciones peligrosas por unos 5 minutos de fama en redes sociales y querer encajar en un grupo donde la amistad es superficial. Una actitud cuyas consecuencias aterradoras observamos en las noticias todos los días y que tienen su raíz en la desconexión con los padres, la imposibilidad de reflexionar y de darle un espacio genuino al mundo emocional. La mano embalsamada nos sirve de advertencia sobre el verdadero peligro que subyace en no atrevernos a ver hacia adentro, enfrentarnos a nuestro pasado doloroso y arrojar luz a nuestros traumas. Si seguimos huyendo de nuestra sombra, ocultándola detrás de nuestros vicios y la falsa sonrisa que se esconde en redes sociales, los demonios de la evasión nos tomarán de la mano y nos arrojarán al Tartaro, condenándonos a vagar por siempre en las tinieblas —solos y desnudos—, arrastrando a todos nuestros seres queridos al abismo con nosotros.

Lo mejor: su crítica sobre la banalidad con la que la generación del social media se acerca a diferentes peligros. El subtexto alrededor de las consecuencias que el suicidio deja en los otros. Su último acto es maravilloso y sumamente tenso.

Lo malo: no es apta para estómagos sensibles, muchos se retorcerán en la sala con algunas escenas que rozan el gore al mejor estilo Sam Raimi. Su cinematografía, por momentos, es irregular: hay escenas con una propuesta muy sólida y otras bastante genéricas.

Crítica por: Luis Bond // @luisbond009

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