No es la primera vez que el Presidente Donald Trump se encuentra a las antípodas con la Agencia Central de inteligencia estadounidense.

En esta ocasión, ha desestimado un análisis de la CIA sobre la autoría y los detalles en la muerte del periodista y opositor al régimen de Arabia Saudita, Jamal Khashoggi.

Es una circunstancia que expone una vez más, la frágil relación que existe entre la Casa Blanca y la agencia.

Es obvio que Trump debió sentirse molesto cuando los detalles del informe de la CIA se filtraron a los medios, hace unos días.

Especialmente porque el informe presentó un examen concienzudo del material de inteligencia, incluidas las llamadas entre altos funcionarios saudíes antes de que el periodista disidente ingresara en el consulado en Estambul, donde fue capturado y asesinado por un equipo saudí que había viajado desde Riad especialmente para hacer “el trabajo”.

La CIA llegó a la conclusión de que el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, quien es el líder de facto del reino, había ordenado el asesinato.

Sin embargo, Trump dejó en claro que tenía la intención de dar preferencia a la relación estratégica con Arabia Saudita y a su amistad personal con Bin Salman por encima del reporte de la CIA afirmando que no se podía considerar concluyente.

Por su parte, el príncipe heredero de Arabia Saudita negó cualquier participación en algún complot para asesinar al periodista, mientras Trump ha sentenciado que nunca se sabrá con certeza si está diciendo o no la verdad.

"Después de Estados Unidos, Arabia Saudí es el país que más petróleo produce del mundo. Han trabajado de cerca con nosotros y han sido muy receptivos a mis peticiones de mantener los precios del petróleo a niveles razonables, algo muy importante para el mundo", ha dicho el republicano.

Según la Agencia de Energía de Estados Unidos, Arabia Saudita es el mayor exportador de productos derivados de petróleo del mundo y mantiene la producción de crudo más grande del mundo con aproximadamente 12 millones de barriles por día.

En todo caso, quien sacó a la luz el dossier de la CIA , no solo socavó sus relaciones con Arabia Saudita, sino que también revivió la riña con la comunidad de inteligencia que se remonta a la campaña presidencial de Trump.

Las batallas entre Trump y John Brennan, el director de la CIA bajo el presidente Obama, por la exactitud y relevancia de la información de inteligencia en la formulación de la política exterior, son del dominio público.

En el pasado, especialmente durante la campaña presidencial, Trump fue muy crítico con la CIA por el argumento de que el gobierno ruso había interferido en las elecciones presidenciales 2016.

Si el informe filtrado de la CIA es exacto, el asesinato del periodista y crítico de Bin Salman , no podría haberse llevado a cabo sin la autorización del príncipe heredero.

El asunto ha adquirido mayor relevancia desde que un periódico turco dio a conocer que la CIA había interceptado una llamada telefónica de bin Salman donde las instrucciones eran de "silenciar a Jamal Khashoggi lo antes posible".

Como es de esperar, la CIA no comenta oficialmente sus operaciones e igualmente es difícil imaginar que Trump permita que la directora de la CIA, Gina Haspel, declare sobre un caso que ya ha creado una crisis política.

Con el argumento de “América Primero” como Razón de Estado, Trump ha dicho que pretende seguir siendo un firme socio de Arabia Saudí para asegurar los intereses financieros del país además de los de Israel y el resto de socios en la región, refiriéndose a su lucha contra Irán.

No es la primera vez que un Gobierno recurre a la Razón de Estado para justificar decisiones que se consideran de un valor superior a otros derechos individuales o colectivos.

La Razón de Estado, un concepto introducido en política por Nicolás Maquiavelo, se refiere a la justificación política de un Gobierno para actuar de una manera determinada o las medidas que toma un gobernante para salvaguardar los intereses del Estado.

Pese a esto, también es cierto que la acción o inacción política, no puede estar exenta de una valoración moral que le confiere al Estado el “optimum” de su existencia .

Para Trump el problema estriba en una justificación que no encuentra acomodo ni siquiera entre los de su propio partido y menos con el público.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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