La Comisión de Miami-Dade no imaginó la connotación que tendría limitar los lugares dónde pueden vivir los convictos por delitos relacionados con abuso sexual a menores.

La ordenanza adoptada por el Gobierno condal, en 2005, establece que estas personas, luego de cumplir sus condenas carcelarias, no podrán residir a 2.500 pies de una escuela, jardín infantil o parque o a 1.000 pies de una parada de bus escolar.

El espíritu de la ley condal es comprensible: evitar a toda costa que una persona que haya cometido este tipo de acto abominable lo vuelva a hacer. No hay dudas de que proteger a los más indefensos, los menores en este caso, sean niñas o niños de 2, 5 o 15 años, es obligación de las autoridades y de todos.

También es obligación hacer cumplir la ley y evitar situaciones desagradables, como el asentamiento involuntario de un campamento que podemos llamar de refugiados, en plena ciudad de Miami, cuando esta urbe pertenece al llamado primer mundo.

Los “sin techo” de la calle 71 del NW han pernotado en ese lugar por cerca de un año y, aunque el Gobierno condal ha hecho algunos intentos por facilitarles una vía de salida, las gestiones han sido insuficientes para la mayoría de los 200 que llegaron allí el pasado verano.

Por otra parte, la casa de acogida Camillus House, que es administrada por la autoridad condal de fidecomiso para personas sin techo, estima que estos individuos no cumplen con los requisitos necesarios para ser aceptados, lo que complica aún más las cosas.

No es la primera vez, ni la segunda, que una situación como esta surge ante los ojos de las autoridades, incluyendo a la Comisión de Miami-Dade.

Mirar al otro lado, como prácticamente hemos hecho durante estos últimos 10 meses, no es la mejor opción.

De que un fallo judicial de luz verde a una evacuación forzosa, si es necesaria, podría complicar aún más esta vergonzosa situación.

Como gestor de la ordenanza que limita dónde vivir y por dónde transitar, el Condado es responsable de buscar soluciones para estas personas, independientemente de las gravísimas y dolorosas faltas que hayan cometido.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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