lunes 22  de  julio 2024
OPINIÓN

Una valla y sus consecuencias

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“Sabremos vencer la indiferencia y la incomprensión de los poderosos amigos de Fidel Castro para que jamás en nuestra patria vuelva a prevalecer la injusticia, el presidio político, el paredón de fusilamiento, el odio y la separación de la familia cubana”. Jorge Mas Canosa al depositar una ofrenda frente al Monumento del Holocausto en Israel.

Apareció una valla aquí en nuestro condado Miami-Dade con las imágenes de Fidel Castro y Donald Trump. El mensaje: No a los dictadores, no a Trump. El mensaje es en español, en otras palabras, están dirigidas a la comunidad hispana, mayoritariamente, la cubana.

El crédito va a Claude Taylor, que preside el comité de acción político Mad Dog Pac. El perro loco se atribuye vallas “siniestras y espantosas”, son sus propias palabras y, según su perfil en X, en algún momento trabajó en la Casa Blanca. Taylor ha dicho que esta no es Cuba, y todos tienen derecho a opinar.

Opinamos que esto representa un insulto, pero no es a Trump, es a una comunidad compuesta de víctimas. Fidel Castro fusiló sin piedad, sin juicios ni pruebas. Encarceló a miles de hombres, mujeres y menores en condiciones infrahumanas. Desde celdas tapiadas, hasta tortura y abuso, acompañaron a las víctimas durante condenas de hasta 30 años. A las familias se les imponía la misma dosis de terror y de dolor. Más allá de poder visitar a sus familiares con frecuencia, los enviaban a la prisión más lejana para dificultar más la situación. Su modus operandi fue acabar con todo vestigio de oposición como fuera.

Fidel Castro envió a homosexuales a campos de trabajo forzado, a los estudiantes les impuso la doctrina marxista y acabó con la libertad de expresión en Cuba. Hundió en más de una ocasión embarcaciones con niños a bordo. No fue solo el remolcador 13 de Marzo, también la masacre del río Canimar y tan reciente como Noviembre del pasado año embistieron una pequeña embarcación donde fallecieron cinco personas, la más joven una niña de tres años. Derribó avionetas en el espacio aéreo internacional con ciudadanos americanos a bordo sin una respuesta adecuada del entonces presidente Bill Clinton, otro demócrata que buscó acercamientos con la dictadura cubana.

Fidel Castro no solo racionó la libertad en Cuba, también la alimentación y obligó a millones a abandonar el país que los vio nacer, a causa de despojos y la persecución.

No sé cuántos testimonios de horror he escuchado a lo largo de mi carrera, tal vez uno de los más dolorosos fue el de una madre cubana. A Ester Quevedo Remolina le dijeron que su hijo había fallecido de un disparo accidental mientras intentaba abandonar el país. Le entregaron el ataúd sellado, al abrirlo se desmayó. “Me lo reventaron a culatazos, tenía la quijada fracturada y desprendida. Era irreconocible por la hinchazón y los morados en todo su cuerpo. Le habían reventado los testículos.”

Fidel Castro no solo se dedicó a imponer el terror y la barbarie en territorio nacional, sus ínfulas de "mesías" internacional lo llevaron a cruzar fronteras. No existe movimiento guerrillero que Fidel Castro no apoyó y financió al costo de miles de muertes en este hemisferio y en el Medio Oriente, y también derrocho el dinero del pueblo en estériles guerras internacionalistas. Participó en el narcotráfico y envió redes de espías a Estados Unidos.

Se perpetuó en el poder hasta su muerte y su nefasto sistema sigue en Cuba causando los mismos daños mientras continúan los cubanos abandonando su tierra y marchando al exilio, ya sean ahogados o devorados por los tiburones en las ensangrentadas aguas del Estrecho de la Florida o en las manos de los sicarios de los carteles tratando de llegar a la frontera de Estados Unidos.

La división de la familia cubana cala tan profundo como los 65 años de barbarie. El lacerante dolor de lo vivido no murió con las víctimas, vive en el corazón y alma de los descendientes. Y para desgracia del comité de acción política Perro Loco, esos descendientes viven y votan en el sur de la Florida.

Trump, lejos de no haber cometido ninguno de estos crímenes, abandonó su presidencia a las 12 en punto del mediodía del 20 de enero del 2020 por su voluntad, que es más de lo que podemos decir de la dictadura de Fidel Castro.

No tenemos que censurar la valla que en fin reconoce que Fidel Castro es un dictador. Pero sí la falta de sensibilidad de utilizar el dolor de un pueblo para propaganda política. Solo tenemos que demostrar que esa falta de respeto a nuestra comunidad se responde, no con otra valla, sino con el voto. En noviembre, una comunidad ofendida podrá manifestarse y demostrar que el nefasto e incongruente mensaje con el que nos ofendieron recibe su contundente respuesta. Solo alguien tan enajenado y desvinculado de la realidad como un perro loco puede pensar que los cubanos no tenemos memoria.

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