Si bien es cierto que la Guerra Fría terminó hace 28 años, Rusia y Estados Unidos continúan enzarzados en viejas rivalidades por conflictos en el mundo, con las que exponen las profundas diferencias que existen entre ambos gobiernos.

Por ejemplo, desde que estalló la guerra civil en Siria, Moscú se puso del lado del presidente Bashar Assad, mientras que Estados Unidos se inclinó a presionar al líder sirio para abandonar el poder, mientras lo acusaba de ser el responsable de masacrar a su propio pueblo para sofocar la resistencia en su contra.

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De igual manera, en Venezuela estos dos viejos enemigos se encuentran nuevamente en lados opuestos: Rusia apoya el régimen autoritario de Nicolás Maduro y Estados Unidos pide que éste renuncie ante la existencia de un nuevo "líder legítimo que refleja la voluntad del pueblo venezolano", en referencia al opositor Juan Guaidó, reconocido por Washington y más de cincuenta países como el legítimo presidente interino de Venezuela.

La guerra verbal entre ambos países aumentó la semana pasada, después de que se confirmó que Moscú había enviado expertos en cibernética y equipo militar a Caracas.

El Kremlin advirtió a Estados Unidos sobre alguna intervención militar en Venezuela y desestimó la llegada de personal ruso a la capital venezolana, calificándola como un despliegue rutinario incluido dentro de los numerosos acuerdos bilaterales.

Puede que la participación de Rusia en Venezuela para apoyar a Maduro le haya dado una bocanada de aire fresco al régimen para sobrevivir, pero no ha aliviado la crisis humanitaria que enfrentan los venezolanos, quienes siguen desesperados por alimentos, agua, medicamentos y un suministro regular de energía.

Según el último reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), presentado el pasado mes de diciembre, se decidió la incorporación de Venezuela en el Capítulo IVB de su Informe Anual para 2017 de conformidad con el artículo 59 de su Reglamento.

Conforme a lo anterior, CIDH considera que la situación en Venezuela se enmarca dentro de situaciones de grave violación de los elementos fundamentales y las instituciones de la democracia representativa previstos en la Carta Democrática Interamericana, que son medios esenciales para la realización de los derechos humanos por el acceso discriminatorio o ejercicio abusivo del poder contrario al Estado de Derecho, como la infracción sistemática de la independencia del Poder Judicial o la falta de subordinación de las instituciones del Estado a la autoridad civil legalmente constituida y la suspensión ilegítima, total o parcial, del libre ejercicio de los derechos garantizados en la Declaración Americana o la Convención Americana.

Pero el apoyo de Rusia a Maduro es política pura y dura de la Guerra Fría

Moscú pareciera decidido a conquistar influencias en América Latina más allá de Cuba y Nicaragua, y Venezuela representa la oportunidad perfecta para las ambiciones del presidente Vladimir Putin por tener en Maduro a un aliado que utiliza constantemente una retórica del siglo pasado en contra del “imperialismo” estadounidense. De hecho, Maduro se ha servido durante mucho tiempo del argumento de que Washington conspira para derrocarlo.

A Putin, no le preocupa el destino de los venezolanos, quienes son víctimas no solo de la mala gestión y el abuso de poder de Maduro, sino también de los juegos políticos del Kremlin.

Estados Unidos y Rusia han hablado de Venezuela pero sin resultados.

El representante especial estadounidense para Venezuela Elliott Abrams se reunió con el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, en Roma, pero el funcionario estadounidense admitió que no hubo acuerdo sobre Venezuela.

Entre tanto, el Departamento del Tesoro anunció que solo permitirá a los estadounidenses comprar petróleo y productos derivados de la compañía petrolera estatal de Venezuela (PDVSA) hasta el 28 de abril, como parte de las sanciones.

También ha dicho que la región "no se quedará de brazos cruzados" mientras Moscú apoya a Maduro.

El apoyo internacional a Guaidó ha dado un impulso a la oposición, pero la posibilidad de que Maduro renuncie es todavía remota y por el contrario pareciera decidido a dar la pelea hasta que la propia crisis lo consuma.

Si Moscú está decidido a mantener a Maduro en el poder, la pregunta es, si la solución continúa siendo política o si habrá consenso para una salida militar.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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