En medio de múltiples especulaciones sobre la economía cubana, avances inobjetables en ciertas direcciones de la reforma; lentitudes e indefiniciones de diferentes alcances, arrastres de situaciones conflictivas u otros aspectos que inquietan a la población; no es menos cierto que el país continúa dando pasos en función de su desarrollo económico/social, pronosticándose para abril nuevas e importantes decisiones.
El año 2015 concluyó con un crecimiento del producto interno bruto (PIB), mucho más destacado que en otras ocasiones, pues de acuerdo a lo informado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, este arrojó un resultado del 4%, lo que no deja de marcar, a pesar de la compleja situación doméstica e internacional, el posible inicio de una tendencia positiva en la economía.
Otros aspectos percibidos que muestran novedosas realidades, tienen que ver con la amplitud adquirida por el sector privado y cooperativo; de hecho Cuba dejó de ser una economía estatizada para transformarse en otra de naturaleza mixta o más plural.
De acuerdo con una información aparecida en la prensa cubana, los trabajadores privados o por cuenta propia (entre los que se encuentran muchas micro y pequeñas empresas), ya sumaban aproximadamente medio millón de personas y el movimiento cooperativo saltó las barreras de la agricultura y se expandió hacia los sectores del transporte, el comercio o los servicios.
El desarrollo del sector turístico continuó creciendo (tanto en la Isla grande como en las pequeñas islas de su periferia); se construyen nuevos hoteles y gradualmente se amplían las capacidades de alojamiento en todo el país. Informaciones del Ministerio de Turismo señalan, que en el 2015 pasaron por Cuba más de 3.5 millones de turistas extranjeros, lo que resultó un crecimiento notable con relación al año anterior.
0tras interesantes situaciones económicas se relacionan con las condonaciones y pagos de las deudas externas, con la aprobación de varias empresas extranjeras que ya se formalizaron para operar desde la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, o los recientes acuerdos de los vuelos de las aerolíneas estadounidenses a Cuba, la aceptación por el departamento del tesoro de EEUU, de permitir invertir a una empresa norteamericana asentada en Alabama para producir tractores agrícolas, tanto para el mercado doméstico como para las exportaciones.
No se debe pasar por alto la visita del ministro de Comercio Exterior de Cuba y una amplia representación de la Cámara de Comercio y el empresariado cubano a Washington; así como el de la alcaldesa de esa ciudad a la Habana con una amplia presencia de empresarios estadounidenses; todos estos recientes hechos, sin lugar a dudas, apuntan en la dirección correcta de fortalecer el proceso de las relaciones entre EEUU y Cuba.
Por su parte en la mayor de las Antillas se continua trabajando en el camino de su rediseño económico y en general de la sociedad cubana; pero como han reiterado sus autoridades, sin lanzar por la borda su histórico y anhelado proyecto de desarrollar un modelo de justicia social, que se ajuste a las realidades y características del país en sus circunstancias actuales.
Es lógico considerar que una nación que logre alcanzar una prospera economía, pueda auspiciar fuentes de empleo, consolidar y ampliar su mercado doméstico, elevar el poder adquisitivo de su población y mejorar la calidad de vida de sus gentes, optimizar los servicios sociales de salud y educación y atender a aquellos ciudadanos más vulnerables o que se encuentran dentro de la franja de pobreza existente.
A su vez le posibilita al país recibir mayores inversiones nacionales y extranjeras y retribuir las ganancias que se obtengan con mayor prontitud, seguridad y en mejores condiciones a los socios o inversores que en épocas anteriores.
Algo elemental pero necesario a digerir por la comunidad cubana, es que la prosperidad en los negocios y la propia economía en Cuba (por supuesto una vez eliminadas las restricciones que ocasiona el embargo/bloqueo); también contribuiría a ayudar no sólo a las familias cubanas que viven en el pequeño archipiélago, sino a la economía de las familias que radican en el exterior, aunque fundamentalmente a las que se encuentran asentadas en el estado de la Florida y en particular en Miami.
A mi entender y de cara al futuro inmediato, es algo importante a tomar en consideración por todos los cubanos. Agrego más porque con independencia de las razones que cada quien tenga para no valorarlo así o desearlo de esa manera; se debe considerar que no sólo de deseos viven los humanos, sino de las realidades y circunstancias que se nos presentan en la vida y por tanto ello no debe desconocerse.
Un simple análisis de las visitas relevantes que se producen a Cuba, donde aparecen congresistas de ambos partidos, directivos y empresarios de la Cámara de Comercio, financistas, altos funcionarios del gobierno o los estados, prominentes religiosos, célebres artistas, personalidades intelectuales y próximamente la anunciada visita del presidente Barak Obama; ponen de manifiesto el interés que existe en EEUU en aprovechar las oportunidades de hacer negocios y realizar inversiones en Cuba, desarrollar la colaboración y establecer un clima político y amistoso de cordiales relaciones.
Lo que demuestra desde mi percepción, una tendencia cada vez mayor de confianza hacia las autoridades cubanas, los sectores económicos emergentes (privados y cooperativos) y al empresariado en general del país caribeño.