MADRID. - Apenas 73 segundos después de haber despegado de la plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, el transbordador Challenger se convirtió en una bola de fuego en el cielo, ante la mirada de miles de niños en sus escuelas, y televidentes. Este día se convirtió en una de las páginas negras en la historia de la Agencia Aeroespacial Estadounidense (NASA).
Esa noche, el entonces presidente Ronald Reagan tenía previsto un discurso sobre el Estado de la Unión, que aplazó debido al luto nacional, y en su lugar pronunció un emotivo mensaje, dirigido en especial a los niños que estaban viendo el lanzamiento.
El dramático accidente frustró la aspiración de la NASA de enviar a civiles al espacio para involucrar a la sociedad en sus exploraciones, recabar apoyo para su costosa financiación, y obtener puntos de vista de profesores, periodistas y otros profesionales.
La NASA recuerda a sus caídos cada 28 de enero, aniversario de la tragedia del transbordador Challenger, que hace ahora 34 años se hizo pedazos tras despegar con siete tripulantes. Era el décimo lanzamiento y las cámaras de la cadena CNN transmitían en directo. A bordo de la nave junto a seis astronautas viajaba una profesora de 37 años.
Christa McAuliffe había sido seleccionada entre 10,000 candidatos para unirse a la tripulación del transbordador e impartir en directo para todos los colegios del país dos clases de 15 minutos sobre la experiencia espacial. Eran aproximadamente las 11:39 de la mañana.
Aunque los medios de comunicación, e incluso la NASA, al principio lo calificaron como una explosión, el transbordador no llegó a explotar: fue engullido por una bola de fuego a una altura de 14,000 metros.
Aunque sea difícil de creer, los siete miembros de la tripulación no murieron al instante: es más probable que perdieran la consciencia debido a los niveles de presión en la cabina –que llegó a ascender casi 5 km más– y murieran por la falta de oxígeno. La causa fue un fallo en uno de los motores de impulso, indicó la NASA.
Más de una década después del accidente, dos grandes piezas del Challenger aparecieron en Cocoa Beach, a más de 30 km de Cabo Cañaveral. Pero esta no fue la mayor tragedia de la exploración espacial: en febrero del 2003 el transbordador espacial Columbia se desintegró en su reingreso a la atmósfera terrestre y fallecieron también siete astronautas. Había perdido losetas térmicas de su parte inferior en el despegue, y la nave no resistió el calor de la fricción con la atmósfera.
Sentenciado desde este accidente, el programa del transbordador espacial terminó formalmente en el 2011, después de tres décadas llevando astronautas hacia y desde la órbita terrestre baja. Su retirada dejó a Estados Unidos sin vehículo para los viajes espaciales tripulados. Hasta que Space X y Boeing retomaron años después la fabricación de naves y propulsores de lanzamiento.
La agencia espacial estadounidense también conmemora la muerte de tres hombres en el Apolo 1, por un fuego en la plataforma de lanzamiento y la pérdida en 1967 de un piloto accidentado con un avión hipersónico X15 propulsado por cohetes.
McAuliffe recibió de forma póstuma en el 2004 la medalla de honor espacial del Congreso de EEUU, el máximo galardón que puede recibir un astronauta de la NASA.
En Concord, la ciudad donde vivía y enseñaba, se construyó un planetario que fue bautizado con su nombre. Posteriormente, el lugar fue renombrado como McAuliffe-Shepard Discovery Center para reconocer también a Alan Shepard, el primer estadounidense en viajar al espacio, quien era oriundo de esa localidad.
FUENTE: Europa Press