sábado 22  de  agosto 2026
TECNOLOGÍA

La inteligencia artificial y una nueva era de la guerra

El especialista en IA, doctor José J. Sanmartín advierte que los algoritmos bélicos ya transforman el equilibrio militar y político mundial

Por María Graterol

MIAMI._ La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una herramienta meramente tecnológica para convertirse en un recurso estratégico en escenarios de confrontación.

Su capacidad de automatizar decisiones, manipular información y ejecutar operaciones autónomas plantea un nuevo paradigma en la guerra moderna. Desde sistemas de drones con autonomía letal hasta campañas de desinformación masiva, la IA se perfila como un instrumento beligerante capaz de alterar el equilibrio geopolítico.

Para comprender el alcance de esta transformación, DIARIO LAS AMÉRICAS consultó al experto, doctor José J. Sanmartín, Senior Fellow y enlace europeo del Miami Strategic Intelligence Institute, quien advirtió que la inteligencia artificial ya no es un recurso neutral, sino un arma capaz de redefinir el equilibrio militar y político mundial.

Una carrera armamentista invisible

Sanmartín aseguró que la carrera armamentista basada en algoritmos y autonomía bélica “ya ha empezado”. Según explicó, “el desarrollo de drones cada vez más inteligentes y autónomos es la parte visible de un todo casi invisible. El crecimiento exponencial de las tecnologías de espionaje tendrá en breve un impacto notable en campos de batalla, actividades empresariales y decisiones gubernamentales”, sostiene.

El especialista alertó que las nuevas armas no solo captarán información, sino que podrán reconstruir narrativas “de apariencia impecablemente verídica… que no lo es”, generando ventanas temporales para manipular procesos decisionales de ejércitos y gobiernos. “El objetivo es insertarnos dentro de la decisión del otro, suplantándola, manipulándola”, enfatizó.

El equilibrio de poder en riesgo

La proliferación de armas autónomas, indicó Sanmartín, puede alterar profundamente el equilibrio de poder. “Estados con Gobiernos conflictivos pueden implementar IA beligerante para cortocircuitar las capacidades militares, geopolíticas y económicas de vecinos con ejércitos poderosos”, explicó. Esto permitiría que países hasta ahora irrelevantes en materia militar “sobresalgan como nunca en la escena internacional”, generando tentaciones que “garantizan problemas crecientes para disponer de un orden internacional estable”.

Sanmartín recomendó un acuerdo entre las grandes potencias para limitar la circulación de estas tecnologías: “Quien regale un gramo de IA, la perderá en su totalidad”.

Terrorismo y crimen organizado

El especialista también advirtió que la IA beligerante no debe caer en manos de grupos terroristas o criminales. “Toda IA debe tener sus propios anticuerpos; se necesita disponer de tecnología suficiente para dominar —y, en su caso, bloquear— nuestra propia IA en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo”, enfatizó.

La colaboración internacional será indispensable: “La investigación y el seguimiento de transferencias de IA será parte consustancial del trabajo de servicios de inteligencia, fiscalías y policías nacionales. Contra la IA beligerante no se podrá luchar de manera individual. Lo digo claramente: un Estado será vulnerable ante su propia IA”.

Guerra futura

Sanmartín describió en su análisis un futuro marcado por batallas de drones, aviones automáticos, blindados no tripulados y barcos de guerra electrónica. Sin embargo, puntualizó en que “al final de todo —y al principio— continuará siendo crucial el factor humano. Un oficial diligente es el que sabe cuándo avanzar y cuándo replegarse”.

Sobre la posibilidad de ejércitos totalmente autónomos, resaltó que “de manera inmediata, aún no, en tanto los factores humanos continuarán ejerciendo un peso relevante. Pero a medio plazo, sí”. Explica tres fases:

  • Protocolos automatizados de protección reactiva.
  • Armas con capacidad ofensiva creciente, incluso rompiendo acuerdos si un bando está siendo derrotado.
  • Máquinas actuando de manera autónoma, emprendiendo campañas completas.

“Lo ideal sería no pasar nunca de la primera fase”, advierte, subrayando que la NATO y sus aliados enfrentan “un desafío de proporciones mayestáticas; un reto que durará no menos de 20 años”.

Ejemplos actuales

La guerra entre Ucrania y Rusia es, según Sanmartín, “el caso más evidente en la actualidad”. También en Asia y África se observan tentaciones de rearme priorizando la IA. Sin embargo, advierte que “desnutrir los ejércitos para reconvertirlos a numerosos batallones de drones debilitará a los países que persistan en esa línea”. Para él, sería un “error letal” sustituir el factor humano por máquinas.

Responsabilidad diluida

Cuando los sistemas autónomos toman decisiones letales sin intervención humana, “se gana en agilidad, pero se pierde en casi todo lo demás”, afirmó. La responsabilidad se diluye y el desgaste general aumenta. “El factor humano continuará siendo decisivo en un ejército. Los países que incentiven la IA en detrimento de los soldados convencionales tendrán problemas ante conflictos incluso menores”.

La guerra cognitiva

Sanmartín también analizó la dimensión informativa y psicológica de la IA. “La IA es un trasvasado de información tóxica si así se requiere, y se requiere. Cada día, diferentes proveedores emiten información capciosa cada vez más elaborada, mejor argumentada”, explica. Frente a ello, recomienda volver a lo clásico: “Leer de nuevo libros de alta calidad intelectual, y leerlos en papel. Lo que se lee en papel, lo que se escribe en papel, permanece, dura y nutre”.

Sugirió autores como Hannah Arendt, Raymond Aron, Leo Strauss y Benito Pérez Galdós, quienes “nunca se dejaron engañar, y nunca engañaron a sus lectores”.

El campo de batalla invisible

Finalmente, Sanmartín hizo hincapié que la IA puede convertirse en un “campo de batalla invisible” donde los ataques no son físicos, sino informativos y psicológicos. “La generación de escenarios tétricamente maquiavélicos, donde la población es bombardeada con oleadas desinformativas, busca la producción de pánicos sociales”, señaló. Estos mecanismos incluyen “el culto del odio, la exacerbación del irracionalismo, el triunfo de la opinión frente a la información, la politización masificadora en la sociedad civil”.

FUENTE: Redacción

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