El título lo tomé de una frase de Eugene Ionesco (1909-1994), creador del Teatro del absurdo. Sus obras tienen un denominador común, escenifican lo absurdo del individuo en un clima de catástrofe, pero al final provocan risa por la incoherencia de los personajes involucrados en escena, atrapados en el absurdo de su propio mundo. Son inevitables las analogías. Desde hace más de 27 años, el régimen chavista ha adoptado la perversidad y la mentira como política de Estado en todos los órdenes de la vida nacional, convirtiendo a sus instituciones y actores políticos en personajes de un teatro del absurdo destructivo, violento y sangriento. La ilegitimidad en todos los órdenes de la vida del país es el principal ingrediente de este teatro.
El presidente ilegítimo entronizado por un CNE ilegítimo que había sido nombrado por una asamblea ilegítima está siendo juzgado en otro país, acusado de narcoterrorismo, porque las instituciones de justicia y seguridad en Venezuela están al mando de criminales nombrados por el régimen, es decir, son también ilegítimas. Pero la vicepresidenta ilegítima es ahora la presidenta encargada nombrada a dedo por los coordinadores del protectorado impuesto por USA. Por eso, viene al dedillo repasar la definición de protectorado. Un protectorado es una forma de relación política en la que un territorio conserva cierta autoridad interna propia, pero queda bajo la protección, tutela o control de otro Estado más poderoso, especialmente en asuntos como defensa, política exterior, comercio o administración estratégica.
Pero tampoco es plenamente soberano, porque las decisiones fundamentales dependen del Estado protector. Un protectorado, formalmente, no es anexado por otro país, pero cuya independencia queda limitada por la autoridad de una potencia protectora. El gobierno local puede conservar una administración propia, pero la potencia protectora controla o supervisa asuntos clave de política exterior, defensa controlada, seguridad militar y policial. En resumen, hay cierta autonomía interna, pero es una soberanía parcial. Sobre esto es relevante expresar que, si la motivación de Estados Unidos surge de la necesidad de brindar seguridad hemisférica y en especial a los indefensos ciudadanos del territorio ocupado, en realidad no está ejerciendo propiamente esas funciones porque la estructura criminal del régimen no se ha modificado, más bien se está reorganizando.
Presenciamos atónitos cómo el embajador Barret, cabeza del protectorado, se reúne y emprende acciones junto a criminales sobre cuyas cabezas penden recompensas de $25 millones por narcotráfico y crímenes de lesa humanidad, como si nada sucediera.
Los que somos simples observadores del acontecer político venezolano nos hacemos toda suerte de preguntas tratando de escapar a este absurdo. Lo que muchos de nosotros sentimos, lo explicó Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, quien observó que las masas sometidas a propaganda totalitaria no creen necesariamente en una mentira específica, sino que llegan a desconfiar de toda realidad verificable. El resultado es una especie de cinismo generalizado: “todo es mentira”, “todos mienten”, “nada es verdad”. Ese clima es ideal para el poder autoritario y sus usufructuarios locales y foráneos.
La política puede discutir opiniones, interpretaciones y proyectos, pero no puede destruir impunemente los hechos. Por ejemplo: que los disidentes fueron perseguidos, encarcelados, torturados y asesinados, que a una elección le alteraron el resultado, que en días recientes, una catástrofe ocurrió y que se demostró que vivimos en un Estado fallido porque cientos de documentos denuncian la negativa a rescatar a los sobrevivientes del terremoto para, entre otras acciones o inacciones de salvaguarda, dar prioridad a extraer de las ruinas los depósitos (caletas y bunkers) de los militares repletos de dólares, oro y otras substancias. Esto existe, son los hechos, pero si los hechos son eliminados (“una narrativa opositora” Delsy dixit), ya no hay una plataforma común donde discernir la realidad. Una frase clave de Arendt es que la escasa libertad de opinión se vuelve una farsa si no está garantizada la información factual. Es decir, puedo opinar de muchas maneras sobre un acontecimiento, pero primero debe reconocerse que el acontecimiento ocurrió, si no es así, estamos arando en el mar.
La opinión necesita un suelo de realidad. La propaganda estatal, la posverdad, la manipulación digital, las teorías sobre narrativas conspirativas y la fabricación de enemigos externos e internos que han declarado los hermanos Rodríguez, ilegítimos encargados del poder, intentando organizar para su conveniencia la percepción de la realidad, no ha sido puesta en duda por los débiles representantes del protectorado, por lo que su silencio los hace cómplices de este absurdo. Para Hannah Arendt, la mentira en política es peligrosa no solamente porque engaña, sino porque destruye el espacio donde los ciudadanos pueden juzgar, recordar y actuar juntos. La mentira sistemática no busca simplemente ocultar la verdad, sino que busca reemplazar el mundo común por una ficción administrada por el poder. Son preguntas que esperan una respuesta de los tramoyistas de USA y sus socios venezolanos en esta nueva representación teatral del absurdo que ha convertido la realidad política de Venezuela en un círculo vicioso donde son los acusados de crímenes horrendos los encargados de administrar justicia y, para colmo, de la reconstrucción del país que ellos destruyeron sistemáticamente. Como lo expresara Ionesco: “Toma un círculo, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!”
Los críticos y estudiosos del teatro del absurdo coinciden en caracterizar el género del absurdo por el colapso del lenguaje en sus representaciones, allí, la comunicación mecanizada pierde todo su sentido y deja entrever el vacío y la extrema soledad que acecha a los personajes. Contra toda lógica y verosimilitud, el lenguaje se vuelve desarticulado. Lo absurdo, sin embargo, no resulta en un compromiso ni en una revuelta. Más bien, los personajes y situaciones del teatro del absurdo parecen estar “inmovilizados en una tragedia total”. Una analogía vale por mil análisis.
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El régimen chavista sigue controlando Venezuela
AFP