La campaña electoral entre los precandidatos de los partidos demócrata y republicano, no sólo pone de manifiesto los avances de uno u otro candidato y sus posibilidades de ser electos; sino que va mucho más allá de eso y es conveniente especular sobre ello.
Inesperadamente apareció y con suficiente fuerza en amplios sectores de la opinión pública norteamericana, una corriente política de derecha de proyecciones extremistas y otra de corte socialista, o más bien de una social democracia a las andanzas europeas.
Lo cierto es que ambos precandidatos a la presidencia de los EEUU, desde posiciones equidistantes, han comenzado a quebrar valores y ciertos marcos de las ideas políticas predominantes o convencionales de las últimas décadas.
¿A qué puede responder que los aspirantes Donald Trump y Bernie Sanders, se colocaran en niveles significativos en la lucha por alcanzar sus candidaturas; teniendo en cuenta sus ideas extremas (no moderadas o tradicionales) y posiciones completamente diferentes dentro del contexto histórico/político norteamericano?¿O cuáles circunstancias concurren, para que importantes sectores de la sociedad se distancien de ideas o mensajes políticos a los que supuestamente ya estaban acostumbrados?
Sobre tales interrogantes se pueden hacer diversas conjeturas políticas o económicas, pero prefiero llamar la atención sólo sobre algunas de ellas.
Comenzaré por recordar lo que viene ocurriendo en ciertos aspectos de la economía estadounidense. Desde hace varias décadas los EEUU abandonaron su crecimiento industrial autóctono limitando su desarrollo doméstico. En ese sentido se rezagaron dentro de sus fronteras y contribuyeron a expansionar la de otros.
La nación americana prefirió exportar capitales y financiar con su participación innumerables proyectos económicos, sólo que en otros países distantes. Probablemente sea beneficioso para los inversionistas o exportadores de capitales (no lo dudo); pues en otras latitudes del planeta les ofrecen rigurosas garantías, encuentran mano de obra y materias primas baratas, legislaciones y sistemas impositivos flexibles o más atractivos y ello estimula al capital a moverse hacia esos lugares y obtener mayores ganancias. Los capitales no se caracterizan por su patriotismo.
Sin embargo en el orden doméstico se frena el nivel de crecimiento y modernización económica, afecta a sectores que dejan de beneficiarse de la posibilidad de ampliarse o modernizarse, afectando la generación de empleos y una mayor autosuficiencia productiva o incluso del consumo interno.
Diversos analistas argumentan que desde hace algunos años los Estados Unidos han mostrado un mayor nivel de concentración y monopolización de los capitales, fusiones de las grandes empresas productivas, comerciales o de servicios. Esto a su vez ha ocasionado una significativa afectación y reducción de la clase media, empobrecimiento de esta y otros sectores laborales. Mientras las entidades económicas mayores o más poderosas, continúan avanzando en su carrera de enriquecimiento y globalización de sus intereses.
Es sabido que la economía norteamericana mostró una larga recesión y al salir de ella sus niveles de recuperación o crecimiento han sido modestos, y no han permitido imprimir una mayor dinámica al país y alcanzar los niveles de años o épocas anteriores.
Las guerras en general injustificadas, ética y moralmente, disculpan la producción de armas y mantienen el desarrollo de ese tipo de industrias, pero aunque las mismas ofrezcan pingües ganancias a esas empresas, tienen un espectro económicamente limitado y además si los capitales se exportan, el desarrollo doméstico se resiente y la situación económica se estanca.
Quiérase o no lo que ocurre son señales de nuevas situaciones o fracturas económicas y sociales, que impactan sobre la gente y se reflejan en el nivel de vida u otros problemas sociales, que cada vez preocupan más porque se manifiestan con mayor intensidad y amplitud.
Con el tiempo las personas valoran lo que ocurre, comparan situaciones y escuchan los mensajes políticos y luego sacan sus propias conclusiones.
La expansión de importantes y novedosas tecnologías pudiera contribuir a nuevas fuentes de empleo y eficiencia económica, pero al achicarse el papel en la economía de la clase media (micros, pequeñas, medianas empresas, profesionales u otros sectores) el país ha confrontado durante más de una década elevados índices de desocupación. Se han depauperado sectores de la sociedad laboral, y deteriorado el nivel de vida en la sociedad estadounidense.
La polarización de las tendencias políticas (unas privilegian a los ricos, a las grandes empresas y capitales; y la otra aspira a continuar expandiendo o fortaleciendo amplios sectores de la clase media y los trabajadores), coloca a los EEUU en una difícil encrucijada: se aleja el llamado sueño americano, y en el plano doméstico una nueva y cada vez más compleja situación económica, política y social, comienza a reflejarse en el apoyo a los candidatos.
La incertidumbre o conciencia sobre lo que ocurre, más las reiteradas inconsecuencias de los políticos y sus promesas de campañas u otros perturbadores factores sociales que se manifiestan, van originando un distanciamiento con el discurso manido o convencional de los políticos. Cuando surge algo distinto, aunque no se comprenda bien, sea estridente, provocador o irrealizable, a muchos ciudadanos les resulta interesante o se identifican con él.
Supongo algo de ello sea lo que sucede alrededor de los debates y sus resultados, en estas novedosas elecciones donde se decantarán precandidatos y finalmente dos se convertirán en contrincantes por los dos partidos, sin descartar que aparezca alguien como independiente.
Quizás algunas de estas consideraciones aclaren algo más los resultados hasta ahora mostrados por los precandidatos presidenciales Donald Trump y Bernie Sanders, aunque estos no lleguen al final de la contienda.