martes 2  de  junio 2026
OPINIÓN

Un brindis por Raúl Castro

“Los dones que provienen de la justicia son superiores a los que se originan en la caridad.” - Khalil Gibran

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Entre los muchos momentos emocionantes el 20 de mayo de este año, cuando se anunció el encausamiento de Raúl Castro aquí en Miami, uno de ellos fue ver a los familiares de cubanoamericanos quienes laboran en la fiscalía federal, responsables de preparar el caso que traerá a Raúl Castro ante la justicia. Se les conocía por el orgullo en sus rostros. El principal fiscal del distrito Sur del país Jason Reding Quiñones, contó emocionado cómo ese icono de nuestro paso por este país, la Torre de la Libertad donde se encontraba el Refugio, fue el primer lugar que su madre visitó cuando llegó de Cuba y estrenaba el exilio.

Las firmas de Reding Quiñones y de la fiscal federal adjunta Yara Kuklas, otra cubana americana y segunda al mando en la fiscalía federal son dos de las que aparecen plasmadas en el encausamiento de Raúl Castro y los pilotos del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Ahí constan para la historia. Más que motivo de orgullo para esos padres, que como bien dijo Marco Rubio sobre los de él: Dejaron sus sueños a un lado para que nosotros pudiéramos soñar los nuestros.

Ahí estaba otro de los fiscales, Manolo Reboso Jr., esperando a su padre, ex preso político y miembro de la Brigada 2506. ¿Cómo se explica la satisfacción en la cara de un hijo que quiere que su padre sienta orgullo por su labor, que no es más que lo que ese padre le enseñó con sus acciones?

¿Por qué no nos damos por vencidos? Porque cada historia es única, pero a la vez igual, si algo nos enseñaron nuestros padres y abuelos es que no podíamos darnos el lujo de olvidar. Olvidar nuestras raíces, dejar de conmovernos por el llanto de una madre cubana o el sufrimiento de un preso político. O el espantarnos por el inmenso crimen de obligar a un niño a jurar cada día en la escuela que será como un extranjero que llegó a Cuba a derramar sangre y predicar odio, el Che Guevara.

La jueza Yara Kuklas dio una entrevista a Gloria Ordaz de Telemundo 51. Contó cómo una de las primeras tareas que se impuso Reding Quiñones cuando fue nombrado para su cargo fue pedir ver los casos que había sobre Cuba. Eran prioridad para él y la administración del presidente Trump. Logró materializar el encausamiento y Raúl Castro es ahora un fugitivo de la justicia norteamericana, con órdenes de arresto y el próximo paso es traerlo ante los tribunales.

La evidencia siempre existió, aunque no siempre contaron con el valor ni la voluntad política de quienes se atrevieran a llevar a cabo la acción.

La presencia en Estados Unidos del piloto Luis González Pardo le dio una nueva dimensión al caso. González Pardo, quien cumple una sentencia por mentir al Departamento de inmigración con el propósito de obtener una visa, será próximamente trasladado a Miami para dar comienzo a este juicio. La fiscal Kuklas aseguró que esto no es simbólico, como también lo reiteró el fiscal principal de la nación Todd Blanche.

La jueza Kuklas dejó claro que hay precedentes como el de Nicolás Maduro, sacado de Venezuela en una de las operaciones militares más audaces en la historia contemporánea. El otro es el caso de Alex Saab, su socio de fechorías que ya está aquí en Miami tras un proceso de extradición que se llevó a cabo conjuntamente con la cooperación con Venezuela. Vale recordar que Alex Saab había sido extraditado de Cabo Verde a Estados Unidos y el expresidente Biden lo devolvió a Venezuela. Que no cante victoria el perdonado por el expresidente Obama en este caso, Gerardo Hernández.

Según dio a conocer la fiscal Kuklas ya el Departamento de Justicia activo, los mecanismos para ejecutar la orden de arresto contra Raúl Castro y los otros pilotos cuyos nombres aparecen en el encausamiento. Las opciones son que coopere, se entregue, “de una manera u otra lo estamos esperando para que tenga su día en corte.”

La periodista Ordaz concluyó recordando si es que no muere antes, porque Raúl Castro es un hombre de 95 años. “Entonces, le deseo una buena salud para que pueda venir a enfrentar los cargos”, concluyó la fiscal, Yara Kuklas.

Cuando hicieron públicas las descarnadas palabras que utilizaron los pilotos que derribaron las avionetas, las transmití a Cuba través de la Voz de la Fundación. Los cubanos, dentro de la isla, con más indignación que miedo, no hicieron esperar sus respuestas: Iván Hernández Carrillo, del Movimiento Pro-Democracia Pedro Luis Boitel preguntó “Si el régimen es capaz de semejante crimen, ¿qué puede quedar para el pueblo indefenso aquí en Cuba? ¿Qué puede quedar para los prisioneros políticos?”

“Sentí tristeza por la satisfacción morbosa que manifestaron los ejecutores del crimen”, dijo la periodista independiente Graciela Alfonso.

“Algún día llevaremos a esos criminales a un tribunal donde se les pueda juzgar con todo el peso de la ley” dijo otro opositor, Marcel Valenzuela.

Pero recuerdo particularmente a una valiente mujer que ya no está con nosotros, Migdalia Rosado líder del movimiento Tamarindo 34 que abrió las puertas de su humilde hogar para que la oposición celebrara el entonces celebre ayuno: “Quedé consternada, vi a uno de los pilotos, Lorenzo Alberto Pérez Pérez vanagloriarse ante las cámaras de la televisión cubana sobre su participación en el crimen. Algún día habrá justicia, tendrán que responder ante la ley, ante un tribunal”. Migdalia Rosado murió en el exilio, añorando ver a una Cuba que se levantaría de las ruinas donde prevalezca la justicia. No sabe mi querida y admirada Migdalia lo cerca que está de que sus sueños se materialicen.

La profesión legal tiene una particularidad y es la satisfacción de poder aplicar la justicia. Ese día en la Torre de la Libertad entre el júbilo esperanzador de estar tan cerca de verla materializarse, recordé a la madre del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, quien murió en prisión en 1972 durante una prolongada huelga de hambre. Su madre Clara Abraham de Boitel dormía en las afueras de la prisión para tener el consuelo de estar cerca de su hijo. Ni siquiera le avisaron cuando murió, tampoco le entregaron el cadáver.

El 20 de mayo en la Torre de la Libertad, en pleno corazón del exilio cubano, resonaron las palabras de Pedro Luis Boitel: “Los hombres no abandonan la lucha cuando la causa es justa.” Sin haber conocido a Boitel, cuánto lo honraron ese día quienes no se dieron el lujo de olvidar.

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