domingo 15  de  marzo 2026
CINE

Mission: Impossible - Dead Reckoning Part One: los miedos del mundo moderno

Después de 5 años sin ver a Ethan Hunt y sus amigos en la pantalla grande llega a nuestras salas de cine Mission: Impossible - Dead Reckoning Part One
Diario las Américas | LUIS BOND
Por LUIS BOND

El cine de espías es un subgénero que, al igual que el noir, se ha convertido en una rara avis en nuestros días. Con sus conspiraciones internacionales, agencias secretas, villanos excéntricos y tecnología de punta, este tipo de historias se balancean entre potenciales amenazas reales y un pacto bastante laxo con la audiencia alrededor de la verosimilitud del universo que plantean. Gracias a esto compramos el código de la existencia de virus letales, bombas nucleares y guerras mundiales que solo pueden ser detenidos por un héroe que, en las sombras, evita una catástrofe a pocos segundos de que suceda. Es en este linaje donde nos conseguimos con personajes icónicos como James Bond, Jason Bourne, Jack Reacher, Jack Ryan y Ethan Hunt, siendo este último quien marca la diferencia con sus homólogos al tener cierta autonomía al elegir misiones que se catalogan como imposibles y trabajar en equipo (cambiando el tropo del agente secreto solitario que solo recibe ayuda, casi fortuita, de personajes puntuales en su travesía).

Basada en la mítica serie televisiva de los años 60 creada por Bruce Geller, Mission: Imposible le dio un twist al mundo del espionaje cuando saltó a la pantalla grande. Emulando la propuesta del “Monster of the week”, cada una de las entregas de esta saga es completamente diferente a las anteriores tanto en tono y como en puesta en escena. Su debut en el cine fue en 1996 bajo la batuta del maestro Brian de Palma (Scarface, The Untouchables, Carrie) que articuló una especie de thriller lleno de intrigas y tensión al mejor estilo puro del género. Su secuela, en 2000, fue dirigida por el maravilloso John Woo (Hard Boiled, Face/Off, A Better Tomorrow), quien se enfocó en construir secuencias de acción increíbles utilizando como excusa algunos momentos absurdos de la misión. El tercer capítulo, en 2006, pasó a manos de J.J. Abrams (Star Trek, Star Wars: Episode VII, Super 8) que potenció el tono de aventura de la franquicia y puso el acento en la tecnología que casi roza la ciencia ficción. La cuarta entrega, en 2011, estuvo a cargo de Brad Bird (The Incredibles, Ratatouille, Tomorrowland) quien se encargó de sumar a la franquicia un toque de comedia y situaciones enrevesadas. Es así como en 2015 Mission: Impossible fue adoptada por Christopher McQuarrie (The Way of the Gun, Jack Reacher), quien asumió el rol de director, guionista y productor. Dicha autonomía (con la venia de Tom Cruise, claro está), le permitió decantar lo mejor de las aportaciones de cada uno de sus predecesores, dando con el tono idóneo e impronta que definiría el resto de las secuelas: una mezcla perfecta entre espionaje, acción, aventura, thriller político, con un toque de comedia y un ligero coqueteo con el sci-fi.

El éxito de la formula de McQuarrie fue tal que terminó asumiendo la autoría de los siguientes largometrajes de Mission: Impossible, depurando su técnica como realizador en cada una y construyendo una sinergía espectacular con Tom Cruise (al mejor estilo de Martin Scorsese y Robert De Niro, Ridley Scott y Russell Crowe, Tim Burton y Johnny Depp, etc). Es así como después de 5 años sin ver a Ethan Hunt y sus amigos en la pantalla grande llega a nuestras salas de cine Mission: Impossible — Dead Reckoning Part One (Misión: Imposible Sentencia Mortal Parte Uno), el primer largometraje de esta serie que estará dividido en dos entregas (algo cada vez más común en la gran pantalla, pero bastante atípico en una franquicia donde cada misión es autocontenida en sí misma).

mission-impossible-dead-reckoning-part-1 Paramount Pictures vía Luis Bond
Mission: Impossible - Dead Reckoning.

Mission: Impossible - Dead Reckoning.

Ambientada unos años después de Mission: Impossible Fallout, la historia se centra en nueva amenaza a la que debe enfrentarse Ethan Hunt (Tom Cruise) y su equipo conformado por Luther (Ving Rhames) y Benji (Simon Pegg). La vuelta de tuerca está en que, por primera vez, no se trata de terroristas, doble agentes o armas de destrucción masiva… ahora el enemigo es algo completamente etéreo y misterioso: la Entidad, una inteligencia artificial que parece haber tomado conciencia de sí misma y amenaza con poner en jaque a todo el mundo (un ligero homenaje a 2001: Space Odyssey de Kubrick). Esto servirá de excusa para que Ethan tenga que reencontrarse con algunos personajes de otras misiones como Ilsa (Rebeca Ferguson) y The White Widow (Vanessa Kirby) mientras tiene que lidiar con los conflictos que traen nuevas amenazas como Grace (Hayley Atwell), una ladrona elusiva y sin pasado, o Paris (Pom Klementieff), una especie de mercenaria monosílaba que intenta matar todo lo que se le atraviesa. En paralelo a todo esto, nuestro héroe se irá tropezando de vez en cuando con Gabriel (Esai Morales), el principal representante de la Entidad y uno de los artífices de la parte oscura más oscura de la historia de orígenes de Ethan.

Escrito por Christopher McQuarrie (The Usual Suspects, Edge of Tomorrow, Top Gun Maverick y las 2 películas anteriores de la saga Mission: Impossible) y Erik Jendresen (Band of Brothers, Ithaca), el guion lucha por limitar los diálogos expositivos que suelen caracterizar al género de espionaje para dedicarle más tiempo a las escenas de acción que siempre son narradas desde varios puntos de vista (Ethan, Grace, Ilsa, Gabriel, Benji, etc). Este juego de perspectivas entre diferentes personajes y conflictos que suceden en paralelo dentro de una misma misión permite imprimirle un dinamismo especial a esta entrega, pudiendo tener en una secuencia subtramas con registros muy disímiles (como comedia física, peleas cuerpo a cuerpo, persecuciones de autos, suspenso y thriller político) sin se solapen unas a otras. El resultado es una experiencia inmersiva que, por si fuera poco, tiene la compleja labor de sostenerse por sí misma y dejar suficientes interrogantes para una secuela (sin que esto vaya en detrimento del funcionamiento de la historia). La solución a este dilema se logra de forma bastante clara para el espectador: la primera parte se enfoca en la misión con Ethan intentando recuperar una misteriosa llave, presentando nuevos y viejos personajes, mientras que su secuela se enfocará en responder las preguntas alrededor de la extraña Entidad y su conexión con el pasado de nuestro héroe.

Sin dejar de tener en cuenta todas las convenciones del género (como antagonistas histriónicos, mujeres hermosas y letales, planes de dominación mundial, tecnología futurista y secuencias de acción trepidante), McQuarrie y Jendresen dejaron colar en el guión un par de críticas —sumamente pertinentes— sobre nuestra dependencia tecnológica y el peligro que nos trae desde ya. Casi como unos iconoclastas, plantean a la Entidad como si fuese una especie de Dios (omnipresente, omnisciente, omnipotente e inasible) que, más allá de superar con su inteligencia a cualquiera, pareciera conocer el destino de todos y manipular a los personajes para que hagan su voluntad. Para reforzar esta idea, no es casual que el emisario de esta Entidad se llame Gabriel —como el arcángel— y que sea él quien anuncie la voluntad de su amo etéreo y vaticine los tiempos que están por venir. Tampoco es fortuito que el único dispositivo que permita tener acceso a la Entidad sea una llave doble (como las de San Pedro, una para abrir el cielo y otra el infierno, expresando la dualidad en la utilización de la tecnología) y que juntas formen una cruz (símbolo por excelencia del Mesías). Una llave/cruz pequeña, pero sumamente pesada, que deberá cargar Ethan Hunt junto con las consecuencias de haber aceptado esta misión y poner en peligro a sus seres más queridos.

Como todas sus antecesoras (y con un presupuesto de casi $300.000.000) esta séptima entrega de Mission: Impossible vuelve a subir la barra en términos de dirección y puesta en escena subiendo al Olimpo de las mejores películas de acción del 2023. Parte de su maestría reside en compartir escenarios y momentos con sus homólogas de este año (como la persecución en Italia y la explosión del puente que vimos en Fast X o un tiroteo en el desierto y una fiesta estilizada llena de luces en un lugar antiguo al mejor estilo John Wick: Chapter 4), pero marcando la diferencia con ellas al poner el acento en las acrobacias increíbles que hace Cruise (donde se juega la vida con la puesta en escena) y que se ven potenciadas gracias a la pericia de McQuarrie con su cámara y la facilidad que tiene para construir esa tensión que nos pone al borde del asiento. Por supuesto, no todo es hacer que Tom Cruise se luzca. Su director construye un sistema de imágenes apoyado en juegos de espejos, máscaras, dobles e ilusiones ópticas que se funden con actos de prestidigitación donde una pequeña llave pasa de mano en mano y, con ella, nuestra atención. Con la rapidez de un carterista, McQuarrie nos hace dudar de todo lo que vemos y lleva nuestra atención de un lugar a otro con su juego de perspectivas y conflictos donde la imagen nos interesa más que cualquier diálogo de fondo.

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Una de las grandes sorpresas de esta entrega es la cinematografía de Fraser Taggart (parte de la segunda unidad de cámara en largometrajes como Edge of Tomorrow, Rogue One: A Star Wars Story, Doctor Strange) que nos demuestra su pericia con la puesta en escena de cada una de las secuencias de acción donde su versatilidad le permite lucirse en espacios sumamente disímiles. Por si fuera poco, cuando el ritmo de la historia baja sus velocidades, Taggart sigue haciendo de las suyas transmitiéndonos una sensación de incomodidad en todas las conversaciones que tenemos en Mission: Impossible — Dead Reckoning Part One (utilizando composiciones atípicas como dejar a los personajes en el borde del cuadro con aire detrás de ellos o acentuado con una angulación holandesa), haciendo que hasta los momentos lentos y de exposición dentro de la trama nos mantengan visualmente cautivos. Esta extrañeza se potencia con el montaje de Eddie Hamilton (Top Gun: Maverick, Kingsman: The Secret Service, Kick-Ass 2 y las 2 entregas anteriores de la saga) que utiliza jump cuts adrede para que salten a la vista haciéndonos sentir que “algo va mal”. Al mismo tiempo, el editor se luce articulando grandes bloques de secuencias de acción de muchísimos minutos donde pasamos de un personaje a otro, contrayendo tensión y soltándola para hacer que las 2 horas y 40 minutos de duración del largometraje pasen volando. Por último, la banda sonora de Lorne Balfe (Tetris, Ambulance, Black Widow, Bad Boys for Life y la entrega anterior de la saga) está perennemente imprimiéndole un feeling épico a cada momento, acentuando el tono de todo lo que sucede con variaciones del mismo tema icónico de Mission: Impossible.

Como lo vemos en su póster, el cast de Mission: Impossible — Dead Reckoning Part One es perfecto. Tom Cruise sigue brillando como Ethan Hunt y el tiempo no le pasa (no solo por sus facciones, sino por su increíble rendimiento físico). Acá, vuelve a subir la barra con saltos imposibles en moto, paracaídas y peleas de todo tipo. Dejando a un lado al héroe de la saga, quien se roba el show en esta entrega es Hayley Atwell (a quien conocemos por hacer de Peggy Carter en Marvel), una mezcla perfecta entre trickster, cómic relief, chica sexy y mortal que desde su primer encuentro con Ethan destila una química maravillosa. Esai Morales funciona como villano, pero no destaca tanto como uno pudiese esperar (tal vez en la próxima entrega lo veremos en todo su esplendor). Pom Klementieff se aleja por completo de la dulce Mantis de Guardians of the Galaxy y se transforma en una suerte de secuaz mortífera que protagoniza las mejores secuencias de pelea de toda la película, en lo personal, fue para mi una grata sorpresa verla en este registro. Vanessa Kirby se luce como la entrega anterior y nos regala una caracterización un poco diferente (si se quiere, más histriónica) pero que calza perfecto con el conjunto. Por último, Rebeca Ferguson, Ving Rhames y Simon Pegg son maravillosos cada vez que aparecen, pero el guion los deja a un lado para centrarse más en los nuevos personajes (yendo en detrimento de su desarrollo y subutilizándolos en algunos momentos).

En un mundo donde estamos hiperconectados y cada vez más dependientes de la tecnología, Mission: Imposible —Dead Reckoning Part One nos advierte de los peligros la inteligencia artificial (una herramienta que ha aumentado sus capacidades de forma exponencial en los últimos años y que cada vez va ganando más y más fuerza en nuestras vidas). Como si fuese un cuento sacado de las pesadillas de Isaac Asimov y Phillip K. Dick, pareciera que la “singularidad” está más cerca de lo que pensamos y las aventuras de Ethan Hunt —casi como guiño a un capítulo de Black Mirror—, nos permiten vislumbrar cómo pudiese ser, en un futuro no muy lejano, una gran crisis mundial. Una crítica velada a los tiempos que corren y un lección que no podemos olvidar: si vivimos en un mundo donde todo es digital, solo las interacciones que tenemos en vivo y directo son reales, que sean ellas y no el algoritmo de una máquina las que guíen nuestras acciones.

Lo mejor: las secuencias de acción alucinantes y con una puesta en escena ingeniosa (que permiten que Tom Cruise se luzca como nunca). Su guión y la pertinencia que tiene con los temores del colectivo en la actualidad. La dinámica con Hayley Atwell es maravillosa.

Lo malo: tener que esperar 1 año para la secuela con tantas interrogantes en el aire. Con todos los conflictos que están pasando, el guión no se da el espacio para decantar algunos momentos que necesitaban bajar un poco el ritmo de la acción.

Crítica por: Luis Bond // @luisbond009

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