sábado 8  de  agosto 2026
CRISIS MIGRATORIA

Lluvia, frío y barro agudizan la miseria de los refugiados

Los inmigrantes deben afrontar, además de bajas temperaturas, la brutalidad de la Policía de fronteras 

BELGRADO.-DPA

Estuvo lloviendo todo el día. Y toda la noche. No paró hasta esta mañana. Durante semanas el termómetro había llegado a los 40 grados centígrados, pero este viernes, ante la llegada del otoño europeo, los termómetros marcaban 15 grados en Belgrado. El parque junto a la estación de autobuses de la Ciudad Baja de la capital serbia se ha convertido en un lodazal y cientos de refugiados, muchos de ellos con niños pequeños, parecen más desesperados que nunca.

La mayoría -una gran parte de Siria, pero también muchos de Afganistán y Pakistán- no estaban preparados para el descenso de las temperaturas. Muchos llevan sólo pantalones cortos, sandalias y camisas.

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Pero ahora en Belgrado, lugar de paso para los refugiados que llegan desde Turquía atravesando Grecia y Macedonia y siguen su viaje por Hungría hacia Austria y Alemania o más al norte de Europa, reinan la humedad, el barro y la suciedad por todas partes.

La llegada del otoño no frena sin embargo a los refugiados en su arriesgado viaje. El jueves 7.000 personas llegaron a Macedonia desde Grecia, todo un récord, según informaron los cooperantes, que también denuncian una situación dramática provocada por el frío y la lluvia. Pero a eso se suma la brutal actuación de la Policía de fronteras, que sólo permite el paso de pequeños grupos de refugiados.

Sin refugio

A Serbia llegaron este viernes 5.540 refugiados, dijo el jefe de Gobierno, Aleksandar Vucic. También un récord para un solo día. "Calculamos que en estos momentos 12.000 refugiados se encuentran en Serbia", señaló en Belgrado la portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Melita Sunjic.

Todos ellos esperan poder llegar en unos días a Austria, Alemania, Holanda o los países escandinavos. Desde principios de año, sólo por esa ruta, han pasado 250.000 personas, aseguró Sunjic.

En el parque de Belgrado junto a la estación de autobuses cientos de refugiados buscan en un parking público protección del frío y la lluvia. Otros han levantado pequeñas tiendas de campaña. El mejor lugar para refugiarse parece ser el tejado saliente de la estación, pero allí sólo hay sitio para unas pocas tiendas. La gente también se aglutina simplemente en el suelo embadurnado de lodo. Unos pocos han podido hacerse con una manta de la ONU para sentarse encima.

La Cruz Roja ha instalado por primera vez una tienda de campaña en medio del parque, que ofrece ropa de abrigo y a la que acuden frenéticamente los refugiados, sin que los cooperantes puedan a penas tranquilizarlos.

A un paso del colapso

Los padres empujan a sus hijos pequeños a colarse entre los huecos de las rejas para conseguir la ayuda. La situación amenaza con desbordarse e incluso los voluntarios han tenido que llamar a la Policía. Y después de sólo una hora se han agotado las reservas de ropa.

Ante la situación vivida este viernes, muchos se preguntan qué ocurrirá cuando lleguen las verdaderas lluvias del otoño y cuando las temperaturas caigan por debajo de los cero grados, como todos los años.

En Macedonia y Serbia hay planes para habilitar albergues fijos, pero los dos países son pobres y tienen poca experiencia en la organización de este tipo de acciones relámpago. Además, la ayuda de la Unión Europea no es demasiado generosa.

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Organizaciones humanitarias macedonias advirtieron reiteradamente, citando a sus contactos griegos, que la cifra de refugiados podría seguir aumentando drásticamente pese a la llegada del otoño.

Mientras tanto, algunos países siguen intentando controlar la situación mediante nuevas medidas de represión. Hungría, a quien la valla de 175 kilómetros en la frontera con Serbia apenas le ha servido para contener a los refugiados y que está reforzándola rápidamente, ha enviado a 3.800 soldados a la frontera.

Y el ministro de Exteriores de Macedonia, Nikola Poposki, ya ha hablado de una valla similar en la frontera de su país con Grecia.

 

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