@luisleonelleon

Ricardo Bacallao lleva su isla a todas partes. Es un cineasta que habla de su país, desde la mirada de los que están lejos, y desde su experiencia, pues vive en carne propia esa distancia, que para cualquier otro ciudadano del mundo no sería tan larga ni tan fría, casi congelada, como lo ha sido por casi seis décadas, el exilio cubano.

Cine y exilios

Cuba, aun viviendo lejos, sigue latiendo en sus días, y en su cine. Es la mayor de sus pasiones, su forma de vivir, entender y compartir el mundo.

“Desde pequeño me sentí atraído por la magia del séptimo arte, luego por crear historias, y al ir madurando, desarrollé la necesidad de contar otras historias que no encontraba en el cine y la televisión de mi país, sobre todo en temas raciales y sociopolíticos. Y por ese camino he seguido en mis exilios, en Alemania, España y Estados Unidos, que también forman parte de mis películas”, dijo Ricardo Bacallao a DIARIO LAS AMÉRICAS.

El pequeño Ricky ante la gran pantalla

Hallar ese momento definitorio en que un cineasta decide serlo, resulta a veces una ilusión o una trampa de la memoria, o quizás un ejercicio de marketing. Pero con Bacallao tal vez sea más fácil ubicar ese lugar y ese momento, pues la casa donde creció colindaba con el cine del barrio. Nunca olvida el sentimiento de llegar de la escuela y entrar a aquél cine habanero que se transformó en el patio de su casa. El portero, un simpático señor capaz de tomarse una taza de café por cada tanda, era amigo de su familia, y gracias a eso el pequeño Ricky disfrutó en la gran pantalla gratis cuantos filmes quiso, lo mismo en una especial soledad, con películas sólo para él, que a cine repleto, o jugando a los escondidos con sus amigos en medio de las proyecciones. Recuperar ese paraíso perdido de su niñez, posiblemente influyó en el cineasta en que se convirtió.

Aunque aprendió otras artes, como la escultura, lo que quería estudiar era cine. “Mi primera clase de semiótica fue definitiva. No sé si el profesor quería impresionarnos hablando de antropología, arte y filosofía al mismo tiempo, pero esa sensación de estar en el momento y lugar indicado no la he vuelto a sentir. He tenido otras pero no como aquella primera vez”, recordó Bacallao, graduado de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte en la Habana. Y añadió:

“Una escuela bastante teórica, de práctica casi nada, pero que me dio una base de la que me siento agradecido, diferente a la escuela americana, en Tisch, New York University (NYU), la primera o la segunda en EEUU, donde mis compañeros del master no tenían idea de análisis semiótico y cosas por el estilo. Practican bien aquello de menos conversación y más acción, que al final funciona bien”.

Soñar despierto

Hacer cine en su país fue prácticamente imposible: “Soñar despierto, ingenuidad total. Quise hacer un largometraje para graduarme en el 2001. Había llegado a Cuba un danés, primo de Lars Von Trier, con todos los equipos. Le gustó mi guion y quiso apoyarme. Después de un par de meses de ensayos con los actores, a punto de empezar el rodaje, la escuela determinó no darme el permiso de filmación. Pregunté la razón y me dijeron que los extranjeros. No estaba claro para el establishment el porqué de su apoyo a mi historia, y yo les preguntaba ingenuamente ‘¿por qué no?’ Hubiéramos tenido una película cubana del movimiento Dogma. Pero no me dejaron”.

Escapar de la isla

Como a muchos cubanos, a Bacallao no le quedó más remedio que escapar de la isla: “Hacer cine fuera de Cuba ha sido la libertad de creación casi sin límites. Sólo nos puede entender en su exacta medida quien haya vivido en un sistema totalitario”.

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El escritor Amir Valle, exiliado en Alemania, es uno de los protagonistas del filme.
El escritor Amir Valle, exiliado en Alemania, es uno de los protagonistas del filme.

Realizó un master en Producción Cinematográfica en la sede de NYU en Singapur. Y ha rodado la mayoría de sus obras entre New York y Berlín:

“En Singapur me sentía vigilado y me acordaba de Cuba cuando tenía que pedir incontables permisos para filmar. Me encanta New York pero es más fácil hacer cine en Berlín. Encuentras más apoyo y el nivel de vida es mejor. En EEUU tienes que crear una estrategia de financiación y a la par trabajar en otras cosas para pagar la renta y comer. Pero en ambos sitios, puedes tocarle la puerta a quien desees para intentar hacer cine”, destacó.

Cubanos en el filo del Muro de Berlín

Luego de 11 años de ausencia Bacallao regresó a Berlín y comprobó que nadie había hecho un documental sobre los cubanos que viven allí, lo había intentado sin éxito en su primera estancia, lo hizo realidad en Cubans at the Edge of the Berlin Wall (Cubanos en el filo del Muro de Berlín), estrenado en Alemania el 22 noviembre.

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<p>La artista cubana Teresa Casanueva (i) es entrevistada por el realizador Ricardo Bacallao para el documental Cubans at the Edge of the Berlin Wall.</p><p></p>

La artista cubana Teresa Casanueva (i) es entrevistada por el realizador Ricardo Bacallao para el documental Cubans at the Edge of the Berlin Wall.

“Me propuse hacer cuatro documentales en uno. Cada personaje me muestra su experiencia y proceso de adaptación. No quiero juzgar, sólo mostrar. Quise ser metonímico. Cualquier cubano que viva en exterior se verá reflejado en alguno de los personajes”.

Teresa Casanueva y Ricardo Moreno, residen desde hace más de 30 años en la capital alemana. El prolífico escritor Amir Valle, luego de que Cuba le inhabilitó su pasaporte, se convirtió en su vecino desde hace casi una década. Y el traductor Jorge Luis Vázquez cuenta cómo el régimen intentó reclutarlo como espía. Contactó a funcionarios americanos e intentó huir a Alemania del Oeste, pero fue capturado por la Stasi (Seguridad del Estado de Alemania comunista) y devuelto a la isla. Cumplió prisión domiciliar, logró regresar a la Alemania unificada y trabaja en el museo en que se convirtió la prisión de la Stasi, donde estuvo preso.

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El cubano Jorge Luis Vázquez muestra su perfil de 400 páginas en la prisión de la Stasi.
El cubano Jorge Luis Vázquez muestra su perfil de 400 páginas en la prisión de la Stasi.

En el filme, el músico Ricardo Moreno, cámara fotográfica en mano, acentúa momentos con su flash como un leitmotiv. La edición inteligentemente fragmentada, del propio Bacallao, mantiene en alerta al espectador ante las cuatro historias que al final hacen una.

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El músico Ricardo Moreno toma una de las fotos que forman parte de la película frente a los restos del Muro de Berlín.
El músico Ricardo Moreno toma una de las fotos que forman parte de la película frente a los restos del Muro de Berlín.

Más que un documental, Cubanos en el filo del Muro de Berlín es una metáfora de los cubanos fuera de la isla. Tema que bien conoce este creador que ha logrado hacer cine lejos de su país.

En su filmografía cuenta con interesantes piezas como Short Radiography of Hip Hop in Cuba y The Maji-Maji Readings, ambos sobre el tema racial. En Mondongo cubano un león del Circo Nacional acaba en una casa en pleno “periodo especial”. The Uncle's Request relata la cacería de un verdugo de la dictadura por una de sus víctimas en Manhattan. Y Bahía de Cochinos, nuestra perspectiva indaga en la historia no oficial de la Brigada 2506 que a través de una fallida invasión intentó liberar a los cubanos del castrismo en 1961. Y como incansable contador de historias, carga una carpeta de guiones que pretende llevar a la pantalla.

Ha concluido dos documentales de su serie Música Cubana en Berlín, uno sobre Diógenes Nodarse, percusionista y director de varias bandas, y otro dedicado a Justo Pérez, flautista que se fue a estudiar música clásica a un conservatorio de lujo en Berlín a finales de los ’70, donde vive desde entonces.

Cuba en la distancia

Desde el 2003 Bacallao ha vivido en Alemania, España, Singapur y EEUU. Ser un cubano, entre los dos millones que se calculan desperdigados por el mundo, es una cicatriz, o una herida, de la que no ha podido salvarse, o tal vez sí, a través de su cine: “Con Cubanos en el filo del Muro de Berlín busqué responderme preguntas que me han acompañado. Y si bien no tengo todas las respuestas, he encontrado patrones de conducta repetidos en comunidades cubanas en el exterior: la falta de unión y solidaridad por causas ajenas, una desconfianza marcada, y otros temas que me preocupan. Además de sentirme comprometido con rescatar historias de cubanos que vivimos lejos de Cuba”.

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