El multimillonario Donald Trump está generando algo así como un torbellino mediático desde que el 16 de junio, hace tan sólo un mes, atacara a los mexicanos e inmigrantes en su lanzamiento de campaña para presidente por el partido republicano. Lo preocupante es que sus polémicas, prejuiciosas o absurdas declaraciones, como muchos políticos y críticos califican, están levantando su imagen en vez de ensuciarla.
Un fenómeno que, casualmente o no, se parece a otros lamentables que hemos visto y vemos en nuestra América Latina, infectada por gobiernos populistas. Fenómenos como el de Hugo Chávez que logró alzarse con el poder a fuerza de discursos que exacerbaban el sentimiento nacionalista y despotricaban groseramente contra todo el que se cruzara en su camino. Otros ejemplos los vemos en Ecuador, Bolivia, Nicaragua… y también en Europa.
Que las últimas encuestan ubiquen al aspirante Donald Trump a la par o por encima de Jeb Bush, liderando el ranking de intención de voto para las internas republicanas, cuando en sus comienzos a duras penas llegaba al 1%, no es un hecho menor. Si la tendencia de afinidad por el señor Trump persiste y crece, todo indica que los republicanos se sienten identificados con el sentimiento antiinmigrante y nacionalista del magnate.
Como estadounidenses e inmigrantes deberíamos estar alertas a esta realidad, pues si miramos atrás, los locos de la historia del mundo siempre han dicho verdades, y muchos de ellos han conseguido llegar más lejos de lo que muchos creían.