jueves 12  de  marzo 2026
EL JARRÓN CHINO

Adiós, Matías Capote

Desde que conocí a Matías se convirtió en una inspiración para mí por su forma de vivir el periodismo. Compartía con él la fascinación por las historias detrás de los presos, aunque fueran autores de los más despiadados crímenes

Por MANUEL AGUILERA

En medio de unos días de reencuentros familiares y de amistades en Madrid, el jueves recibí una llamada que me rompió el alma. Matías Antolín, amigo, periodista, compañero de batallas, falleció el jueves. Lo encontró su hermana, solo, inmerso en el silencio eterno, es su casa de Collado Villalba, donde se había refugiado después del fallecimiento –también prematuro de su querida Ingrid. 

Desde que conocí a Matías se convirtió en una inspiración para mí por su forma de vivir el periodismo. Compartía con él la fascinación por las historias detrás de los presos, aunque fueran autores de los más despiadados crímenes. 

Su primera amistad carcelaria la fraguó con Rafi Escobedo, condenado por el asesinato de los marqueses de Urquijo, cometido en el mes de agosto de 1980. La labia y la insistencia de Matías convencían a cualquiera. Era un trabajo lento, minucioso y efectivo. Al final, Rafi, que aprovechó la oscuridad de la noche para entrar en la casa de sus exsuegros para descerrajarles dos tiros, cayó rendido a la seducción del periodista. A él le contó todo acerca de su crimen “por amor”. Escobedo creyó que eliminando a los padres de su exmujer, conseguiría recuperarla. Pobre infeliz, lo  único que encontró fue la muerte en una oscura celda, ahorcado con un pedazo de sábana y con el cuerpo lleno de cianuro.

Hasta sus últimos días, Rafi tuvo el cariño y la confidencia de Matías, que se convirtió en su albacea testamentaria. Me contaba en una de nuestras interminables comidas en las que como él decía –“no pasábamos sed”- el momento en que salió de la cárcel del Dueso en Santoña (Cantabria) con la jaula en la que vivían los dos pajaritos compañeros en la soledad del preso. 

Así era él, todo corazón e instinto por una buena historia. Una vez le dije, “Matías, tu eres el Truman Capote español”. El americano lo hizo una vez con su novela  “A sangre fría”, en la que reconstruyó el brutal asesinato de la familia Klutter en Kansas en 1959, a manos de dos convictos en libertad condicional.  Capote se adentró en la memoria del asesino como Matías hizo con Escobedo.  

Pero Matías no se quedó ahí, quiso descubrir lo que impulsa a un terrorista a cometer sus devastadores acciones y lo contó en su libro “Agur ETA” después de decenas de cartas y conversaciones con Juan Manuel Soares Gamboa, exmiembro del comando Madrid, implicado en más de 20 asesinatos. 

Matías Antolín ayudó a Soares Gamboa a recuperar la humanidad. En varios encuentros que tuvimos, le insistía al terrorista arrepentido que me explicara sus atentados y a Soares le costaba desenterrar ese pasado infame. Pero era la terapia que mi amigo le aplicaba para no permitirle olvidar el daño causado. 

Se me humedecen los ojos pensando que no te volveré a ver, que no volveremos a aplacar nuestra sed juntos, que no me presentarás a tus musas, jóvenes periodistas a las que querías ayudar a triunfar en lo nuestro.

Te quiero Matiucas. Sé que estás en el Cielo, aunque tú preferirías el infierno para acercarte a la historia de algún malo para escribir sobre él.

 

 

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar