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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Cuando Camila Acosta nació en Cuba, en 1993, ya la simiente del periodismo independiente se había sembrado en Cuba porque pasadas varias décadas del sistema que Fidel Castro instauró, ejercer como reportero y reflejar la verdad de las cosas te convertía de golpe en enemigo. Esa arriesgada misión, en el contexto de una sociedad regida por el totalitarismo, la asumieron bajo el castrismo algunos de los profesionales que habían trabajado antes para medios oficiales, la consecuencia, convertirse en blanco de una fuerte represión. Muchos cumplieron cárcel, otros se vieron obligados al exilio.

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En estos tiempo en que Camila Acosta, egresada de la facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, decidió echar a andar su propio camino como reportera, lo único que ha cambiado en Cuba y que en cierta medida favorece su ejercicio, es el acceso a la tecnología y la ventana al mundo que constituye el uso de internet para hacer visible, no solo su trabajo, si no también el acoso constante del que es objeto en un país donde lo mejor de la juventud tiene pocas opciones: silenciar sus aspiraciones e ideas y vivir de lo que “inventa” incluida la prostitución, esperar que un familiar le envíe alguna “ayuda” del extranjero; desistir y hacer planes para emigrar, o tomar el camino del enfrentamiento y exponerse. Esta última es la opción que eligió Camila y por ella, paga las consecuencias.

Acosta vive en un barrio igual que otro cualquiera de La Habana. Calles y aceras destrozadas, reguetón a todo volumen y esa percepción de que el tiempo está detenido. Entrevistar a un periodista tiene sus ventajas. Las respuestas son concretas, apenas hay que editar. La conversación fluye fácil. Los colegas siempre sueltan frases al vuelo que encajan para un titular.

-¿Qué edad tienes, cómo empezó todo?

Voy a cumplir 29 años. Nací en junio de 1993 en la antigua Isla de Pinos, rebautizada por el régimen como Isla de la Juventud, con la categoría de municipio especial. Mi mamá, oriunda de La Habana, trabaja como económica en una cafetería estatal. Mi papá, natural de Matanzas, es campesino. Desde hace varios años tiene unas tierras en usufructo. Ambos, de niños, fueron a vivir a la Isla [de Pinos]. Yo vine para La Habana con quince años, a estudiar en la Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin. Me gradué de la Lenin en 2011 y ese mismo año comienzo a estudiar periodismo.

En ese tiempo, debías tener más de 98 como promedio académico general para acceder a una prueba de aptitud. Después de superar esa prueba tenías que aprobar el examen de ingreso a la universidad. En los dos primeros años, la Facultad de Periodismo estaba dividida entre una sede en la Calle G o Avenida de los Presidentes, y otra en el edificio de la revista Bohemia, en las avenidas Boyeros y San Pedro. Ya cuando estaba en tercer o cuarto año, a todos los estudiantes de periodismo los trasladaron para un edificio anexo que construyeron en la revista Bohemia.

Elaine Díaz, experiodista oficial que posteriormente fundara Periodismo de Barrio y hoy reside en Estados Unidos, fue profesora mía. En mi curso estaban Yoe Suárez, Ismario Rodríguez y Darcy Borrero que luego fueron periodistas independientes. También Armando Franco, el director de la revista universitaria Alma Mater, recientemente expulsado, y Yunior Smith, presentador del noticiero de televisión que hace unos meses emigró. En 2016, cuando me gradué, me ubicaron en el Canal Habana, que era televisivo. Trabajaba haciendo reportajes en un programa que se llamaba Habana Noticiario. Estuve allí desde septiembre de 2016 hasta febrero o marzo de 2018.

-¿Cómo llegas al periodismo independiente?

Estando en el Canal Habana en una ocasión colaboré con Periodismo de Barrio y esporádicamente con la publicación independiente El Toque. En esa época conocí a Ángel Santiesteban, mi pareja actual, escritor, disidente y exprisionero político. A través de él empecé a vincularme con la oposición.

Cuando comencé mi relación con Santiesteban recuerdo que me sacaron del cubículo de edición y me citaron a la oficina de Marta Julia, una de las directivas. Ella me dejó a solas con un joven, vestido de civil, que no se presenta como oficial del departamento de Seguridad del Estado, pero era evidente. Me hizo muchísimas preguntas. Fue una amenaza velada, un mensaje: "sabemos en lo que andas", me dijo. En ese proceso de desintoxicación, tras tantos años de adoctrinamiento, me ayudó mucho la apertura a internet en la Isla. En el Canal Habana había internet, pero era muy restringido, controlado y con páginas bloqueadas.

Ya en esa fecha se habían abiertos salas de navegación, parques wifi y era más fácil acceder a la información y contrastarla. En 2019 empecé a ayudar a Santiesteban y al periodista y poeta Jorge Olivera en la reorganización del club de escritores y artistas independientes de Cuba, además de participar en varias actividades. La Seguridad del Estado comenzó a acosarme. Olivera habló con Hugo Landa, director de CubaNet, y en agosto de ese año comencé a colaborar en su página web, con notas informativas, entrevistas y reportajes.

Suponemos que el hostigamiento de la Seguridad del Estado fue brutal

Sí, fue una escalada. 2019 fue un año tremendo para mí. Marcó un viraje. Comencé a conocer la cara dictatorial. Había participado en una conferencia por las víctimas del totalitarismo en Argentina y en Colombia estuve en el Festival de Cine por los Derechos Humanos donde Cuba era el país invitado. Después me invitaron a un programa del departamento de Estado de Estados Unidos sobre derechos humanos.

Al regreso, me estaban esperando agentes de la Seguridad del Estado en el aeropuerto. Eso fue en octubre o noviembre de 2019. Desde entonces estoy 'regulada', me prohibieron viajar al extranjero. Solo llevaba tres meses como periodista independiente cuando se recrudeció el acoso: desde la descalificación personal en sitios digitales de la Seguridad hasta detenciones arbitrarias. Cuando los Reyes de España visitaron Cuba, por la celebración del 500 aniversario de La Habana, la vigilancia sobre mi persona fue las veinticuatro horas.

Empezaron las citaciones, visitas de agentes de la seguridad, intimidación a mis padres, arrestos domiciliarios ilegales, multas y detenciones. Comenzaron a presionar a las personas que me alquilaban en sus casas para que me sacaran. Tenía que mudarme de madrugada para que no me siguieran. Me sacaron de siete u ocho viviendas que habíamos alquilado Ángel y yo. Fui detenida una veintena de ocasiones. Una auténtica cacería solo por pensar diferente y reclamar cambios democráticos para mi país.

-Este 20 de mayo se conmemoran 120 años de la fundación de nuestra República. ¿Qué esperas de una Cuba futura?

En mi etapa de estudiante, incluso estando en la universidad, no conocía casi nada de acerca de la República. Como parte del adoctrinamiento implementado en la educación, todo lo que existía antes de 1959 era el caos, Cuba era lo peor y fue el proceso revolucionario lo que vino a salvar al país de ese caos. Ya vinculada al periodismo independiente he podido informarme más de lo que fue la República, todas sus transformaciones, su evolución y el progreso que alcanzó.

Me he percatado que el caos en Cuba lo trajeron el comunismo y Fidel Castro desde enero de 1959. Por supuesto, la dictadura de Batista tronchó un proceso republicano, pero en 1957-58 la Isla tenía uno de los estándares económicos y sociales más altos del continente americano. Aspiro a una Cuba donde las personas no sean hostigadas ni perseguidas por su manera de pensar y que todos tengamos los mismos derechos a la participación política. Apuesto por la democracia.

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