viernes 2  de  diciembre 2022
AMÉRICA LATINA

Cuba: Celebración del régimen tras referendo, apagón total

Huracán Ian deja oscuras a Cuba y agrava crisis económica y críticas de la población a la dictadura

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA 1 de octubre de 2022 - 18:51

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA. - El día después que los vientos furiosos del ciclón Ian se alejaban de Cuba, Remigio, dueño de una finca de viandas y hortalizas en la provincia Artemisa, 60 kilómetros al oeste de La Habana, recorría la granja para inspeccionar las cosechas.

Vestido con un desteñido pantalón verde olivo y botas altas de gomas, Remigio miraba desconsolado los destrozos ocasionados por el huracán. “Arrancó de raíz las matas de plátanos y destruyó los semilleros de tomates y acelgas. De la siembra de malangas se puede salvar muy poco”.

Las rachas de vientos superiores a 135 km por horas desprendieron el techo del cobertizo donde guardaba los aperos de labranza, volcó los bidones de combustible y el asiento de su añejo tractor de la era soviética, fue a parar a casi cien metros de su finca. Remigio considera que los daños del huracán Ian van a incidir en la mesa de los cubanos.

“Con el déficit de fertilizantes y combustibles que existe, será muy difícil iniciar una siembre de ciclo corto. Dentro de unos días, el precio de la malanga, plátano y tomate se va a disparar. Y la producción de viandas, frutas y hortalizas seguirá cayendo en picada”, afirma el campesino. Actualmente, en las tarimas de los agromercados habaneros una libra de tomate se vende a más de 200 pesos, un aguacate en 30 y una libra de malanga supera los 100 pesos.

Según un informe de la prensa oficial sobres los daños preliminares en Artemisa, se constataron afectaciones considerables en el cultivo del plátano: de un total de 1.800 hectáreas, al menos 1.500 se están pudriendo en el suelo. En el municipio de Alquizar, el 60 por ciento de los semilleros de tomate y col se perdieron. También se perdió la cosecha de tabaco. Aunque el ojo del huracán Ian pasó a más de cien kilómetros de Artemisa, las bandas frontales de lluvias y vientos de tormenta tropical obstruyeron la vieja Carretera Central, derribaron alrededor de cien postes eléctricos, dañaron 42 escuelas y en cientos de viviendas colapsaron las paredes o perdieron su cubierta.

El epicentro

En la provincia Pinar del Río, epicentro del ciclón en Cuba, las pérdidas fueron cuantiosas. Ian arrasó con el 80 por ciento de la cosecha del tabaco y arroz. Destruyó más de 250 casas de curar tabaco de exportación y los daños en viviendas, granjas y empresas estatales aún no se han podido cuantificar con exactitud. Lo que hasta el momento está confirmado es el fallecimiento de dos personas: en el municipio San Luis, Damaris Calunga de 45 años, murió aplastada por una de las paredes de su casa, que no quiso abandonar para cuidar sus pertenencias. De la otra persona solo se sabe que era un hombre, pero no se pudieron precisar detalles. Algunos medios dicen que vivía en San Juan y Martínez y habría muerto electrocutado al tratar de desconectar una turbina, otros que el deceso ocurrió en Consolación del Sur y le habría caído la cubierta de una vivienda.

Un jefe de cuadrilla de la Empresa Eléctrica comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS que "restaurar el servicio eléctrico en Pinar del Río podría demorar de siete a doce días por más de un mes en algunos poblados recónditos”. El abastecimiento de agua potable en Pinar del Río ya presentaba graves problemas antes de la llegada del huracán, con un ciclo de distribución entre doce y veinte días. “Eso es en la ciudad. En algunos municipios pinareños, el agua llega cada treinta o cuarenta días. Y una pipa de agua cuesta cinco o seis mil pesos por la izquierda”, cuenta un residente del municipio San Luis.

En La Habana, en particular en los municipios costeros, Ian derribó cientos de árboles, postes eléctricos y provocó derrumbes parciales o completos en varias viviendas. Pero por toda la ciudad, las colas para comprar pan, antes y después del ciclón, son inmensas.

Negligencia total

Yoandry, estibador de un almacén de víveres, se queja por la falta de preparación de las autoridades para enfrentar un huracán categoría tres. “Llevaban semanas gastando dinero y recursos publicitando el Código de las Familias y se desentendieron de limpiar las alcantarillas, cortar las ramas de los árboles y venderle a la población comida, velas, linternas y tablones para proteger ventanas. No encuentras un clavo ni una puntilla en una tienda. La gente que se evacuó lo hizo en casa de parientes y vecinos. Cada vez más la Defensa Civil se desentiende de los más necesitados cuando llega un fenómeno natural”.

En la mañana del lunes 26 de septiembre los habaneros se quedaron sin electricidad. “Hubo zonas donde cortaron la energía eléctrica desde las ocho de la mañana cuando aún el ciclón no había llegado a Isla de Pinos. Estaba pronosticado que el apagón fuera hasta las cuatro o cinco de la mañana del martes 27 de septiembre, pero a las 7.15 pm del lunes 26, ocurrió una compleja avería, provocada por el desastroso estado técnico del sistema electro energético, y el país entero se quedó sin electricidad”, explica Joel, especialista de la Empresa Eléctrica.

En las provincias del centro y el oriente de la isla que no sufrieron los embates del huracán Ian, también han sufrido apagones de más de veinticuatro horas. “Ese fue el regalo de Díaz-Canel al pueblo después de ganar el referendo del Código de las Familias: un apagón masivo”, dice Richard, residente en la provincia de Holguín. Desde Guantánamo, Luisa comenta que es “un abuso lo que tiene el gobierno con el pueblo. Sin comida, medicinas y apagones de catorce horas desde el mes de abril. Por falta de fluido eléctrico, no puedo lavar en la lavadora ni hacer arroz en la arrocera”.

Mientras gran parte del país está a oscuras y los mercados siguen desabastecidos, el peso, moneda nacional, se devalúa a velocidad alucinante. “En tres semanas el dólar pasó de cotizarse de uno por 145 pesos a uno por 200 pesos. Es probable que para fin de año ronde los 300 pesos. Estamos al borde de la hiperinflación. Somos la segunda nación del mundo después de Zimbawe en términos inflacionarios. Lo peor es que las autoridades hacen poco o nada para impedirlo. Su última medida para frenar la inflación fue como echar gasolina al fuego”, acota Gustavo, economista.

Hundimiento

El hundimiento del modelo castrista es evidente. La caída en la producción agrícola es de un 50 por ciento comparado con hace cuatro años. La ganadería, industria pesquera, porcina y avícola presentan un descenso mayor en el deporte, educación, salud pública y cultura el retroceso cualitativo es dramático. “La mediocridad es aterradora. Se van los mejores peloteros, artistas y profesionales. Lo que está quedando en Cuba es el fondo del saco”, expresa un profesor universitario.

El deterioro en la atención sanitaria es aterrador. En medio del apagón masivo en La Habana, la hija de un vecino fue llevada con un fuerte dolor abdominal al hospital Miguel Enrique, ubicado en la barriada de Luyanó, municipio Diez de Octubre. "No había electricidad en el hospital, pues los generadores están rotos. El doctor la auscultó con la linterna de su teléfono móvil. No tenían ningún calmante que darle”.

Para Deisy, maestra, la revolución de Fidel Castro es una mala palabra. “Te hablan todos los días de revolución y continuidad. ¿Qué cosa es revolución, que un grupo llegue al poder sin escuchar a nadie, sin rendir cuentas ni respetar las libertades? Han destruido al país. Las estadísticas anteriores a 1959 lo corroboran. Revolucionarios son los hombres o mujeres que con sus inventos y creaciones traen beneficios a la humanidad. Estos incapaces que nos gobiernan no pueden llamarse revolucionarios. Son todo lo contrario”.

La impopularidad de Díaz-Canel entre los cubanos es notable. El mandatario ha desaprobado la mayoría de las gestiones públicas, desde reactivar la economía y mejorar la calidad de vida hasta el manejo de la crisis energética y la producción de alimentos.

Después de 48 horas sin electricidad, Giselle, madre de un bebé, alterada, grita en la puerta de su casa: “Si Díaz-Canel tuviera vergüenza, debiera renunciar en pleno con todos sus ministros y largarse a Rusiajes o cualquier otro lugar. Mientras más lejos mejor”.

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