jueves 23  de  abril 2026
Punto de vista

Cuba: Sobre espías y delatores

Comprender la naturaleza del aparato de inteligencia cubano no es un ejercicio histórico, sino una necesidad estratégica

Por PEDRO CORZO

Sumario: El régimen castrista ha construido, desde sus orígenes, un aparato de espionaje, control social e infiltración que trasciende sus fronteras. Su capacidad para reclutar, influenciar y operar en entornos internacionales sigue representando un riesgo significativo, particularmente para Estados Unidos.

Por qué esto importa

Comprender la naturaleza del aparato de inteligencia cubano no es un ejercicio histórico, sino una necesidad estratégica. Sus métodos de infiltración, propaganda y reclutamiento continúan activos, afectando ámbitos como la seguridad nacional, los intercambios académicos y la percepción internacional del régimen.

Mientras los dirigentes de las sociedades democráticas trabajan para el beneficio de sus pueblos o procuran neutralizar las amenazas de sus enemigos sistémicos, existen gobiernos como el de Cuba, que oprimen a sus gobernados, mientras disfrutan espiar y desestabilizar a sus vecinos.

El totalitarismo castrista se forjó en la represión a los ciudadanos y en la subversión hacia sus vecinos. Esta labor de desestabilización se realizó simultáneamente con una penetración constante en organismos internacionales, como las Naciones Unidas, donde, hasta el presente, cuenta con un número de cómplices que le han otorgado inmunidad frente a todas sus tropelías, tema para otro comentario.

Orígenes del aparato de espionaje y control interno

Antes del triunfo de la insurrección, en 1959, los hermanos Castro instrumentaron un rudimentario servicio de espionaje que perfeccionaron con el tiempo y que, según conocedores de esas prácticas, llegó a ser muy eficiente.

El castrismo, incapaz de producir riquezas, pero muy competente en la gestación de espías, delatores y esbirros, se dedicó a espiar las actividades de las fuerzas de Fulgencio Batista, mientras desarrollaba una función similar entre sus propios partidarios y aliados, como fueron las otras organizaciones que combatían al régimen.

Tras el triunfo de la insurrección, en 1960 crearon los Comités de Defensa de la Revolución. Un aparato de vigilancia y represión sumamente útil para la persecución de los opositores, muchos de los cuales terminaron fusilados o en prisión.

Fatalmente, lo he comentado en más de una oportunidad, la habilidad destructora de los Castro ha sido siempre subestimada por sus enemigos, lo que confirma una tesis de mi recordado amigo Rodolfo Santos Lara, quien afirmaba: “siempre hay gentes dispuestas a confiar en un mentiroso”. Este juicio, en cierta medida, se aprecia cuando recordamos lo que en enero de 1959 dijera el doctor José Miró Cardona, a la sazón primer ministro del gobierno revolucionario, al doctor José Ignacio Rasco, a una pregunta de este sobre Fidel, le dijo que no se preocupara por lo que Fidel pudiera hacer, ya que él lo manejaría con la punta de los dedos. Craso error: en menos de un mes dejó el alto puesto y partió después para el exilio.

Proyección externa, infiltración y riesgos actuales

Esta reflexión es consecuencia de una reciente publicación que expone la preocupación del Buró Federal de Investigaciones, FBI, sobre la capacidad del régimen castrista de formar un peligroso servicio de espionaje con el objetivo de infiltrar al gobierno de Estados Unidos.

Es pertinente que la agencia federal haga ese llamado, porque el castrismo, como el cocodrilo, es particularmente agresivo y ataca, porque su naturaleza le impulsa a hacerlo. El sistema castrista está forjado en la propuesta guevarista de “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

Para el castrismo, espiar y eliminar al enemigo marchan juntos. Durante años, espiaron a los pilotos de Hermanos al Rescate hasta que asesinaron a cuatro de sus integrantes, como lo demostró la tristemente famosa Red Avispa, sin pasar por alto el espionaje de altos funcionarios del gobierno federal como fueron la espía Ana Belén Montes y el también agente Víctor Manuel Rocha, sujetos que causaron grandes daños a la seguridad nacional de este país.

Sin embargo, hay un sector que al parecer demanda una mayor atención según señala el intelectual cubano exiliado Jorge Luis Lanza, quien afirma que los intercambios académicos entre Estados Unidos y Cuba son una zona de peligro para la seguridad estadounidense.

Afirma Lanza que “esos intercambios académicos han sido usados por la maquinaria de inteligencia y propaganda cubana para espiar y reclutar potenciales agentes de influencia y ejercer esquemas de propaganda contra los EE. UU. y en beneficio del régimen”.

El totalitarismo castrista tiene más de una ONG dedicada a la tarea de reclutamiento y captación como el ministerio de Cultura, la UNEAC, la Casa de las Américas, destacándose entre todas el Instituto de Amistad con los Pueblos, ICAP, una entidad que durante años ha estado dedicada en la detección de resentidos dispuestos a traicionar a su país, así que podría ser provechosa una investigación detallada de los intercambios académicos y de cómo el totalitarismo cubano usa las invitaciones de la Academia y organizaciones estadounidenses para infiltrar a sus agentes o influenciar ideológicamente en los participantes.

El castrismo es peligroso. No lo subestimen.

Tres puntos clave

  • El régimen castrista ha desarrollado, desde sus orígenes, un aparato sofisticado de espionaje, control social e infiltración tanto interna como externa.
  • Casos históricos y recientes demuestran su capacidad para penetrar instituciones estadounidenses y ejecutar operaciones de inteligencia de alto impacto.
  • Los intercambios académicos y culturales representan un vector vulnerable que podría ser utilizado para el reclutamiento y la influencia ideológica.

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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