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@DesdeLaHabana

LA HABANA - La santera roza los 70 años. Sus ademanes son parsimoniosos. En el cuello, un ramillete de collares de distintos colores. Detrás de una mesa, en una habitación pequeña y sin apenas ventilación, donde sobresale un altar con deidades africanas, vasijas y platos con sobras de comida, consulta a una joven pareja.

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Mientras los caracoles giran encima de un tablero de madera ennegrecida, Yoselín, 26 años, graduada de Historia del Arte, observa con atención a la mujer vestida de blanco que masca un mocho [pedazo] de tabaco y le dará una respuesta sobre su futuro. Ella y su novio fueron a consultarse con la religiosa para conocer cómo serán sus vidas en los próximos años. La santera fue directa: “Mi’jos, ustedes no tienen futuro en Cuba”.

Les aconsejó no marcharse del país por el mar, no comer nada en la calle y hacerse una limpieza para protegerse de los envidiosos. El 11 de julio los dos salieron a la calle a protestar, como otros miles en el resto de la isla. Fueron testigos de la brutal ‘violencia revolucionaria’ de tropas antimotines y militares vestidos de civil, repartiendo golpes con tonfas y garrotes de madera a los que pensaban diferente. La pareja navegó con suerte. No fueron detenidos.

Pero Yoselín piensa que se venció el plazo. “La respuesta del gobierno fue reprimir. Y solo escuchar a sus partidarios. Mentir acerca de que no hubo violencia y seguir con el teatro de reparar aceras y casas en algunos barrios. Pretenden desconocer que la raíz de las protestas ciudadanas es que la gente quiere libertad y vivir en democracia. El gobierno sigue empecinado en continuar con el disparatado sistema político y económico. La única salida es emigrar. El próximo estallido social lo veo por televisión en Miami”, dice Yoselín.

Ocaso de la dictadura

La dictadura cubana está en su ocaso. Probablemente lo sepan. Intentan ganar tiempo aplicando parches en la economía de comando que rige el país hace 62 años. Aplican la política del palo y la zanahoria. Aumentan las leyes coercitivas para frenar la libertad de expresión y penalizar la disidencia política. E intentan apaciguar al pueblo, con la entrega de tres bolsas de arroz y dos kilogramos de frijoles chinos. Aparentan que abren la economía y liberalizan las fuerzas productivas en la agricultura. Pero es un espejismo. Se mantienen los controles absurdos a los negocios privados y campesinos particulares.

Cuba vive ahora mismo una tormenta perfecta. A las cíclicas crisis económicas, se une la impopularidad de los gobernantes, el amplio descontento social y nueve meses de una pandemia que ha ido en aumento. Los centros de salud están colapsados. Han muerto pacientes por carencia de oxígeno y medicamentos básicos. La nación está rota. Un segmento amplio de ciudadanos ya no confía en las cifras de contagiados y fallecidos diariamente ofrecidas por las autoridades.

El régimen recuperó el control social a golpe de represión y miedo. La prensa oficial vende humo. Describen una Cuba funcional, maravillosa y alegre que nada más existe en el noticiero de televisión. La reacción de muchas personas, sobre todo jóvenes, ha sido huir. Emigrar a cualquier parte.

Creyó en el espejismo

Llamémosle Hugo, joven profesional que trabajó en República Dominicana. Con los ahorros, regresó a Cuba luego del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014. La doctrina Obama lo sedujo. Era la etapa donde muchos cubanos ilusionados pensaban que cinco millones de turistas estadounidenses visitarían cada año La Habana y que en la Isla se abrirían sucursales de comida rápida de USA.

Pero a la vuelta de tres años el panorama político, económico y social cambió para mal. Comenzó el desabastecimiento de alimentos, medicinas y artículos de aseo, entre otras muchas cosas. Para comprar un kilogramo de pollo o dos barras de pan de corteza dura tenías que hacer una cola de cuatro horas bajo el sol.

Hugo, decidió regresar a Dominicana. Era tanta la urgencia que viajó a Madrid para desde la capital española comprar un billete a Santo Domingo. No quería perder tiempo. Su plan consiste en establecerse en República Dominicana y posteriormente sacar de Cuba a su esposa y el resto de la familia.

Emigrar a cualquier parte

Debido al coronavirus y la disminución de los vuelos a la Isla, los pasajes aéreos han triplicado sus precios. Si quieres viajar a un país del Caribe muchas veces tienes que ir y regresar de Europa, gastando una gran cantidad de dinero. Las aerolíneas asentadas en La Habana han comenzado a cobrar los billetes exclusivamente en divisas.

El destino ideal de un futuro emigrante cubano es Estados Unidos. Por razones que van desde lo cultural y sociológico a lo económico y familiar. Los más de dos millones de compatriotas asentados en Estados Unidos, el 20 por ciento de la población cubana, es un argumento de fuerza mayor.

Los presuntos ataques acústicos que entre 2016 y 2018 afectaron la salud de una veintena de diplomáticos norteamericanos, provocaron el cierre del Consulado de Estados Unidos en La Habana y la paralización de los acuerdos migratorios aprobados por Bill Clinton y Fidel Castro en el otoño de 1994, que posibilitaban anualmente visas a 20.000 cubanos para que emigren de manera legal, ordenada y segura hacía los Estados Unidos.

Con la derogación en enero de 2017 de la política de "pies secos, pies mojados" y la anulación del visado a profesionales de la salud un año antes, se eliminó el privilegio migratorio con que contaban los cubanos. Se mantiene la Ley de Ajuste, pero solo aplica cuando los cubanos se encuentran en territorio estadounidense.

Aunque esos inconvenientes no han impedido que los cubanos sigan yéndose de su patria, sí ha frenado una oleada migratoria. Durante el año fiscal del 1 de octubre de 2015 al 30 de septiembre de 2016, a la frontera sur de Estados Unidos llegaron 46.635 cubanos, después de auténticos maratones terrestres, atravesando hasta seis países de América del Sur y Centroamérica. En 2018, solo 7.079; en 2019, 11.645; en 2020, 13.410 y en lo que va de 2021, la cifra era 22.723.

Las cifras no ilustran la realidad

Para Carlos, sociólogo, la “disminución de la emigración no ha sido porque la economía y las condiciones de vida hayan mejorado. La causa es la insularidad de Cuba, que impide emigrar con facilidad y el escaso poder del pasaporte cubano que no permite la entrada de nuestros compatriotas a numerosos países. Pero los deseos de emigrar no solo se mantienen, incluso han aumentado. Después del 11J mucha gente cree que las cosas no van a cambiar y la única solución es preparar las maletas e irse”.

Daniel, especialista médico, así lo piensa. “Si los americanos vuelven a activar el plan de refugiados para los profesionales de la salud de Cuba, te aseguro que encuba: un año se van ocho o diez mil galenos”. Entre los más jóvenes los deseos de emigrar también aumentan. En un aula de 28 alumnos en un preuniversitario habanero, 24, si tuvieran la posibilidad, quisieran marcharse de la tierra donde nacieron, entre ellos mi hija.

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